Como era previsible, el empalme entre el gobierno entrante y el saliente ha estado lleno de espinas. Las posiciones parecen irreconciliables y las acusaciones van de un lado a otro. Personalidades cercanas al presidente electo, como Carlos Alonso Lucio, no han bajado de criminal a Petro, quien ha llegado incluso a afirmar que no reconocerá la victoria de Abelardo de la Espriella y que el único presidente verdadero será Iván Cepeda. Sin embargo, la estrategia del fraude no llega a sostenerse.
En un acto de rebeldía, el ganador de las elecciones, celebradas en su segunda vuelta el pasado 21 de junio, afirmó que tiene toda la voluntad de posesionarse no frente al edificio del Congreso de la República, sino frente a una guarnición militar. Fiel a su credo de apoyo a la fuerza pública, Abelardo entra a su gobierno con la firme intención de reestablecer el honor manchado de los militares, supuestamente humillados por Gustavo Petro. Uno de los que más ha insistido con esto es el vicepresidente José Manuel Restrepo, quien ha dicho esto: “Va a ser en una guarnición militar y va a ser una demostración, sobre todo, muy importante, de reconocimiento a los actores de la fuerza pública”.
Mientras tanto, el presidente actual fue enfático desde su cuenta de X: no habrá posesión en una base militar. Así lo afirmó: “La ley dice cuál es la sede del Congreso de la República, donde deben debatirse las leyes del pueblo y no de las mafias o de los extranjeros; en los cuarteles no se hacen leyes, se hacen acciones de seguridad y defensa del pueblo y su vida”.
El pulso entre ambos líderes está en su punto de ebullición máximo. La narrativa del Pacto es no reconocer los resultados, algo que podría ser muy peligroso desde el punto de vista institucional. La democracia está por encima de cualquier partido político y es necesario el reconocimiento de la victoria para poder hacer una oposición que todo país necesita para el equilibrio del poder, sobre todo después de una elección tan reñida en la que el bando ganador no pudo ni siquiera sacar el 50 % de los votos. Las próximas semanas serán determinantes para el futuro inmediato del país.



