Abelardo de la Espriella siempre se ha caracterizado por la capacidad que ha tenido para venderse. Mucho más que un abogado, Abelardo se ha vendido como un producto. Es una especie de estrella televisiva, que tiene en su catálogo rones, vinos, perfumes, gorras, zapatos. Ha publicado discos e incluso puede sorprender en cualquier momento con sus memorias.
Ser abogado en Colombia significa tener un verbo encendido capaz de torcer narrativas, acomodarlas a su manera, lucir imbatible y mostrarse profundamente capaz de lograr imposible. Las contradicciones son muchas. A comienzos de la década del diez intentó venderse como un neoantiuribista. Habló de la necesidad de lograr la paz con las FARC. Luego, decidió defender al hombre que le llevaba las cuentas a Nicolás Maduro y que lo volvió muy rico, Alex Saab. Acá encontramos otra paradoja extraña, oscura, mientras lo hacía publicaba en 2017 un llamado al asesinato de Nicolás Maduro en su columna en El Heraldo e incluso lo replicaba en el programa de Jaime Bayly. Pregonaba su estilo de vida a los cuatro vientos. Se burlaba de los que escuchaban vallenatos, a pesar de que había sido corista de un disco de uno de los vallenateros más famosos del país; de los que tomaban aguardiente, se transformó en una especie de embajador del McCallan’s; se ufanaba de decir que a él la changua, uno de los alimentos esenciales en la dieta de un obrero colombiano, era un potaje carcelario, lo mismo dijo de el ajiaco y hablaba con desdén del empleo ese de ser presidente “Si yo soy un rey para qué quiero ser presidente”. Además, con la plata que tiene, ya se puede dar varios lujos, uno de ellos el de retirarse a descansar en lugares paradisiacos del mundo, como el sur de Italia.
Pero, de un momento a otro, Abelardo se tentó. Quiso ser presidente y, contrario a lo que los mejores analistas del país afirmaban, empezó a tener ambiente favorable. Caló su discurso extremo en donde afirmaba que lo que había que hacer era “destripar a la izquierda”. Usó incluso unas frases que podrían interpretarse como una burla a la fórmula vicepresidencial de Paloma Valencia por su condición sexual. Regresaron viejos fantasmas como David Murcia Guzmán. Una entrevista realizada en una pequeña garita en la cárcel de la Tramacúa que dio el famoso captador de dinero a Daniel Coronell, puso en duda ciertas cosas de Abelardo. Acusaciones muy duras, como, por ejemplo, el de haberle supuestamente tumbado más de 760 millones para conseguir el lobby suficiente en el congreso y promover una ley que favorecería el transporte de dinero en efectivo que le serviría a DMG, al igual que darle un espaldarazo al uso de las tarjetas débito que sacaría la captadora. Incluso en un programa de televisión que en 2008 lideraba Néstor Morales en televisión y que tenía el formato de un juicio, afirmó que tenía su tarjeta en sus manos y que se iría al centro comercial que había montado DMG en las afueras de Bogotá. En los últimos días también se habló de algunos detalles que podrían evidenciar falta de delicadeza para con su cliente: aceptarle a DMG 5000 millones de pesos, sabiendo que jamás lo iba a defender, ya que, a los pocos días del pago, Abelardo lo habría abandonado en la estacada.
Pero viene un problema peor para el abogado. El CNE, que precisamente no se ha caracterizado por el apoyo al gobierno Petro, lanzó una solicitud pidiéndole al autodenominado Tigre que busca revocar la inscripción de la candidatura presidencial tras una denuncia que advierte sobre la presunta falsedad de firmas para avalar su aspiración. La solicitud de revocatoria fue presentada por el ciudadano Marceliano Julio Fonseca Bolívar, quien señaló que el candidato habría inscrito su aspiración con “documentos falsos y firmas de apoyos que no son del puño y letra de los ciudadanos”, lo que según argumenta configuraría una vulneración al principio de buena fe.
El candidato tendrá cinco días hábiles para presentar las pruebas que certifiquen la veracidad de estas firmas. Se le podría venir la noche a quien parece ser el segundo candidato con mayor favorabilidad de pasar a la segunda vuelta presidencial.



