Estas elecciones se están desarrollando en un clima polarizante y tan hostil que, en junio de 2025, se atentó contra uno de los precandidatos: Miguel Uribe Turbay, quien semanas después moriría. Por eso, se tienen que rechazar con firmeza las amenazas que está recibiendo la candidata Paloma Valencia, una de las tres más opcionadas a ser la nueva presidente de Colombia, según la totalidad de las encuestas. Las imágenes que se difundieron durante el pasado fin de semana son perturbadoras y recuerdan pasados recientes del acontecer político colombiano. En ellas se ve una imagen de Paloma rodeada de una corona fúnebre y se da como un hecho que la senadora moriría este año, según esa amenaza.
Con contundencia el jefe de su partido, Álvaro Uribe, rechazó esta intimidación: “Ojo con estos bandidos cobardes, todos tenemos que cuidar a Paloma. ¿Por qué hay redes que se prestan para esto?”.
Más allá de cualquier opinión o militancia política se debe rechazar, desde la sociedad civil, cualquier intento de intimidación o de amedrantamiento hacia una campaña. La de Iván Cepeda, por ejemplo, ha tenido que soportar el señalamiento de pertenecer a un grupo armado, algo completamente infundado, además de las graves acusaciones que ha tenido que soportar la memoria de su padre, el senador Manuel Cepeda Vargas, asesinado en 1994 por orden de paramilitares y de la extrema derecha colombiana. Desde esos años Iván Cepeda, en el nombre de su padre, ha intentado buscar justicia, pero esta le ha sido esquiva.
En la red social X, Abelardo de la Espriella, quien además da sus discursos protegido por una barrera de vidrio blindado, temiendo sufrir un atentado como el que ya sufrió Miguel Uribe Turbay, rechazó estas amenazas de la siguiente forma: “Miserables cobardes: así nos quiere ver el régimen y sus socios del narcoterrorismo a quienes luchamos por la democracia, la institucionalidad y la libertad”.
Aún desde los organismos de inteligencia no existen reportes sobre el origen de estas amenazas. Hay que recordar que la justicia colombiana determinó que los autores del asesinato de Miguel Uribe Turbay fueron las disidencias de la Segunda Marquetalia, en cabeza de alias el Viejo. En el plan para desestabilizar al país, la insurgencia está usando los métodos más violentos para sacudirlos. Por eso no se debe tomar a la ligera este tipo de mensajes y es el presidente Gustavo Petro quien debe garantizar que se ejerza sin ningún tipo de restricción el derecho a hacer política en Colombia.



