Mujer que NO vota mujer

Dicen algunas mujeres que debemos votar por Paloma Valencia porque es la candidata mujer más fuerte, olvidando que, aun cuando la exclusión de las mujeres de los espacios de poder es histórica, no todas representarían un avance para nuestros derechos.

Claro que debemos reconocer que la subrepresentación de las mujeres en la política es alarmante. Según ONU Mujeres, al ritmo que vamos, la paridad en los más altos niveles de decisión se alcanzaría hasta dentro de 130 años. Pues hoy no alcanzamos a ser ni el 30 % de los parlamentos, ni de los cargos ministeriales en áreas estratégicas en el mundo. Igualmente, en Colombia, para el periodo legislativo 2026-2030, la representación de nosotras en el Congreso de la República apenas alcanza el 29 %, sin avances frente al periodo anterior.

Entre otras razones, estas cifras podrían explicar por qué el llamado a votar por candidatas mujeres es seductor, casi como un acto de reparación histórica. Pero ahí es donde hay que detenernos un momento, porque sí, necesitamos mujeres en los escenarios de poder y cargos de elección popular, pero que haya mujeres en esos espacios no significa que esa representación se traduzca en la defensa de las agendas de igualdad, y confundir esto puede llevarnos a legitimar proyectos políticos regresivos.

Debo insistir en que no existe una “esencia femenina” que garantice que todas las mujeres tengamos posturas a favor de la igualdad y que nos haga “buenas” por naturaleza. Hay mujeres que también existen reproduciendo discursos conservadores, defendiendo estructuras de poder excluyentes, es decir, siendo funcionales al patriarcado.

Y eso es precisamente lo que representan candidatas como Paloma, que, como hemos visto en las últimas entrevistas que ha dado en medios de comunicación, su visión de país no ha estado orientada a fortalecer los derechos de las mujeres o de las comunidades LGBTIQ+, sino a respaldar agendas que los restringen. Sus posturas guerreristas y retrógradas evidencian cómo se soporta en discursos que históricamente han sido utilizados para controlar los cuerpos, las decisiones y las vidas de las mujeres y disidencias sexuales.

Hoy estamos ante una disputa de fondo, porque Paloma cuestiona avances en derechos sexuales y reproductivos, se opone a reconocer la diversidad de familias y defiende un modelo de sociedad que restringe libertades. Y es ahí donde a quienes cuestionan al progresismo por no votar por una mujer a la presidencia les digo que lo peor que podemos hacer como feministas es votar por una mujer como ella, sólo porque es mujer.

Ahora bien, reconocer esto no significa negar la importancia de que haya más mujeres en política. Al contrario, significa que debemos elevar el nivel de exigencia, pues necesitamos que lleguen mujeres que le apuesten a la transformación de las condiciones de desigualdad que seguimos enfrentando. Y no todos los proyectos políticos han tenido el mismo compromiso con la incorporación de agendas de género. Por ejemplo, si no fuera por listas paritarias como las del Pacto Histórico, la representación femenina en el Congreso sería aún más baja.

Por eso el debate tiene que ser sobre qué tipo de proyecto de país representa cada candidatura y no puede reducirse a “mujer vs. hombre”. El feminismo no es aplaudirnos entre nosotras, el feminismo es una postura política, y como toda postura política, se construye y se disputa diariamente.

No podemos legitimar la idea de que cualquier mujer en el poder es un avance, incluso cuando sus propuestas van en contravía de los derechos conquistados. Por eso, el llamado es a votar con criterio político.

Como mujer feminista que soy les digo que, hoy no me pesa no votar por una mujer para la presidencia de Colombia, porque estoy completamente convencida que ni Paloma ni las otras candidatas nos representan.

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Ghina Castrillón Torres