Hoy pasaron dos cosas importantes con el Cártel Jalisco Nueva Generación y ninguna de las dos es la «caída» de El Mencho. Escribimos «caída» entrecomillada porque esto está pasando ahora mismo y —siendo 15:52 del 22 de febrero— en Pares México no tenemos forma de saber qué cosa exactamente sucedió con él. Lo que sí sabemos con certeza es que este golpe nos reveló dos verdades: El Cártel Jalisco Nueva Generación tácitamente admite que es una organización terrorista bajo cualquier definición (la del GAFI, la de México, la de EE.UU. y la de cualquier cualquiera); y el futuro inmediato del país —en seguridad, economía y política— depende de qué tan sólido es el gobierno corporativo de este grupo. Admitimos que tal vez estas dos «verdades» son perogrulladas y que hasta suenan al tipo de necedad que escriben muchos necios en LinkedIn, pero ya verá usted por qué no tanto y, principalmente, por qué nos importa mucho escribirlas ya mismo, inclusive mientras la noticia sigue desarrollándose.
El conflicto, tras la respuesta del cártel ante el operativo, ya escaló; en este momento es necesario prestar mucha atención a la estructura del cártel para poder tener una idea de lo que pasará en los próximos días y en las siguientes dos «verdades» para poder analizar la situación.
Lo primero: ¿qué más da si son terroristas o si lo admiten o quién les llama así? Pues importa mucho; cuando una organización es terrorista bajo las leyes de su país, pero se considera a sí misma como «libertadora», como «patriota» o como otros adjetivos que muestran que persiguen son más sus ideales y no tanto dinero o poder, entonces no siempre es políticamente ni legalmente fácil detenerla y/o hacerle justicia. A veces esto pasa solo por cuestiones de popularidad y estabilidad social, pero en ocasiones es por consideraciones más aburridas pero muy importantes, como las constituciones, los tratados internacionales y los derechos humanos. En esos casos, los gobiernos nacionales tienden a negociar, mitigar, reconciliar y reconstruir; así pasó en Ruanda, en Sudáfrica y —más recientemente— en Colombia.
Si a esto agregamos que estas organizaciones también se consideren terroristas bajo las leyes de otros países —y aquí descaradamente y sin tapujos nos referimos a Estados Unidos— entonces la situación es todavía más delicada porque las leyes de ese país permiten movilizaciones militares e invasiones en territorio extranjero únicamente con un decreto presidencial. Aquí lo que suele suceder es que el país afectado busca negociar con EE. UU. y, si la soberanía es potente, las negociaciones son diestras y los intereses de EE. UU. no se ven muy afectados, entonces se hace trabajo de «colaboración bilateral» antes de llegar a la invasión. Eso, por ejemplo, no pasó en Irak, Afganistán ni —recientemente— Venezuela. Cuando una organización se para con ambos pies en los zapatos de «terrorista», lo que suele suceder es que EE. UU. ya no solo le deja esa etiqueta, sino que le cuelga una más: «combatientes enemigos».
Ahora a lo que nos ocupa: después del operativo contra el Mencho —y ahora mismo, mientras escribimos esto— ciudades de todo el país están bajo fuego en sentido figurativo y literal; ha habido más de 20 ataques, incendios y bloqueos en estas ciudades como resultado, las calles están vacías y varios aeropuertos están detenidos. Desde mediados de 2025, la presidenta Claudia Sheinbaum y —francamente— gran parte del resto del país han estado muy ocupados en lograr que, a pesar de las varias ofertas de Trump, las tropas y drones estadounidenses no entren al territorio mexicano a atacar a los carteles que —desde hace un año— fueron oficialmente designados «terroristas» por el gobierno Trump. El hecho de que la captura de El Mencho produzca estos ataques, incendios y bloqueos, lejos de reducir la posibilidad de estos ataques, hace que sean más probables porque demuestran que la organización (i) subsiste; y (ii) resiste.
Y esto nos lleva a nuestro segundo hallazgo; si esta situación de violencia hace más probable que haya ataques estadounidenses en suelo mexicano, la pregunta obligada es ¿cuándo? En esto es donde opinamos que la respuesta depende directamente de cuál sea la respuesta a la pregunta «¿Todos en el CJNG saben qué hacer y a quién obedecer en caso de que falte el Mencho?».
Esta pregunta que parece engañosamente simple, en realidad busca entender cuán sofisticado es el gobierno corporativo del CJNG. Todas las organizaciones de cierto tamaño tienen una estructura definida y, a partir de cierto tamaño y complejidad, es muy recomendable que tengan planes de sucesión y de gestión de crisis. Un «plan de sucesión» solo es otra forma de decir que la organización tiene planes definidos en caso de que falten sus líderes; por otro lado, un «plan gestión de crisis» es una lista de acciones y responsabilidades que se tienen que cumplir si algo malo sucede.
Cuando los planes de sucesión y gestión de crisis son buenos, un suceso importante como la muerte o aprehensión de los líderes de la organización no necesariamente trae consigo pugnas internas ni caos entre los miembros de la organización. Pero es importante recordar que esto solo es cierto cuando las organizaciones siguen una lógica de negocio y de respeto a las normas; en el caso de organizaciones criminales también se vuelven importantes conceptos, como mostrar poder en lugar de debilidad, y muy especialmente, en organizaciones monolíticas que descansan casi al 100 por ciento sobre los hombros de un líder, es más probable que las reacciones ante las crisis sean viscerales (más sobre esto abajo).
Ahora, al caso del CJNG. Si la respuesta a «¿Todos en el CJNG saben qué hacer y a quién obedecer en caso de que falte el Mencho?» es «sí», tal vez los ataques con drones estadounidenses tarden más o sencillamente no lleguen; pero si la respuesta es «no», entonces lo más probable es que sucedan y sucedan pronto. Hablamos de días y no de meses. Si los miembros restantes de la organización tienen claro qué deben hacer y quién lleva el mando, es probable que estos actos violentos no escalen ni se extiendan más de unos días. Si, por el contrario, lo que sucede con el CJNG se termina pareciendo a la lucha intestina del Cártel de Sinaloa, entonces los titulares de medios nacionales e internacionales van a seguir reportando hechos violentos en nuestro país y le den a alguien con el temperamento e intereses de Donald Trump, la excusa perfecta para tomar cartas en el asunto.
Además de la posible intervención de EE.UU., si se tiene un plan de sucesión estructurado, estos ataques a la población civil serían una respuesta visceral a la eliminación de El Mencho, lo que —aunque sean sangrientos y costosos para la población civil— durarían «poco» tiempo. Si en contraste, hay un vacío en la sucesión, estos ataques se harán más comunes, más violentos y se extenderán a otros territorios, mientras este vacío de poder se «estabiliza» y se reordena la estructura del cártel.
Por último, hay una consideración importante que hemos obviado en nuestro análisis; esto no solo queda «en cabeza» del cártel, sino que también es importantísimo el papel que desempeñe el gobierno. Los siguientes pasos de los gobiernos mexicano y estadounidense nos van a dar una buena predicción del clima de las próximas semanas y sobre la propia estabilidad del vacío de poder que arriba describimos. Si la respuesta de gobierno se parece más a un desmantelamiento de redes de corrupción y criminalidad (hablamos de docenas y hasta centenas de personas detenidas y procesadas), entonces es más viable que la violencia disminuya gradualmente, pero más rápido. Si, por el contrario, la postura de gobierno es conformarse con la caída de unos cuantos líderes, es más posible que el reacomodo del poder se demore más, con los costos de paz y seguridad que ello implica.
Nunca pensamos escribir estas palabras, pero, ante esta situación, ojalá que el Cártel Jalisco Nueva Generación tenga muy buen gobierno corporativo.



