El Gobierno nacional anuncia, desde Francia, la entrada de Colombia como miembro pleno de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), más que un acto diplomático es un reconocimiento y apuesta por la hoja de ruta de la Transición Energética en el país.
Pero ¿y de dónde sale esto? La AIE existe desde 1974 y es una agencia adjunta a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), y se encarga de las garantías de seguridad energética a nivel mundial; Colombia entra a ser parte como el país número 33, en donde tendrá puesto para el análisis y la coordinación de políticas de energías a nivel global.
Pero ¿y qué significa? ¿Qué debemos hacer? Por un lado, implica que Colombia tendrá que mantener unos estándares técnicos sostenibles en Transición a energías renovables, pero además, debe seguir trabajando en la diversificación de la matriz de producción, la seguridad de abastecimiento y por supuesto políticas regulatorias coherentes. Es decir, estaremos siendo observados, evaluados y auditados con criterios internacionales.
Pero ¿y qué ganamos con ello? Colombia entrará a una red de global con países como Alemania, Canadá, España, Japón, Suecia, Finlandia, República Checa, Francia, Estados Unidos, Reino Unido y México; entre otros con análisis, información y asesoramiento del sistema energético mundial. Además, esto implicaría oportunidades de inversión en proyectos de energías renovables y colaboración técnica entre pares miembros. Y obviamente ahora Colombia estará en la toma de decisiones estratégicas sobre seguridad energética y el cumplimiento de compromisos universales frente al cambio climático.
Esto tiene un reconocimiento geopolítico en la región, pues México es uno de los pocos países latinoamericanos que hacen parte; Chile, Costa Rica y Brasil están en proceso de adhesion. Esto reconoce a Colombia como un país con estándares internacionales de calidad en temas de Transición Energética. Colombia en este ultimo Gobierno ha tenido avances significativos en procesos de estabilidad energética, ahora más del 16 % de la matriz eléctrica es energía limpia, sobre todo por energía solar. Esto ha demostrado que en Colombia la Transición Energética ha sido un proceso con responsabilidad técnica, planificada y estable; para esto desde el Ministerio de Minas y Energía y sus adscritas, junto con el Departamento Nacional de Planeacion (DNP), UPME, ANH y la Cancillería trabajaron articuladamente en la definición de manuales, protocolos y estrategias como la creación de la Comisión Intersectorial para la Gestión de Emergencias de Hidrocarburos, el Programa de Restricción de la Demanda (PRD) y un Manual de Emergencias Energéticas con indicadores de gestión sobre eventuales crisis mundiales.
Bueno, pero recordemos que… estamos en un contexto mundial de conflictos geopolíticos basados en lo minero-energético. Actualmente hay tensiones por temas de gas en Europa, petróleo en Oriente Medio; se están reconfigurando cadenas de suministro y la seguridad pasa a ser el centro de debate en la conflictividad socio ambiental. Y en Colombia, hemos mapeado más de 172 conflictividades socio ambientales en medio de la Transición Energética, y hablamos aún de más de 400.000 familias que no tienen acceso a la luz en departamentos de Vichada, Amazonas y Chocó, por nombrar algunos.
Si bien es un gran adelanto y reconocimiento para este Gobierno y la cartera del Ministerio de Minas, por todo el trabajo en temas de Transición, regulación, democratización y acceso de la energía; pone a Colombia en un estándar de trabajo a nivel macro, cuando tenemos análisis fuertes que dar sobre temas de explotación de minerales, velocidad de estas transiciones y sobre todo, el tema que siempre ha sido centro de las conflictividades, el relacionamiento con el territorio desde las confianzas, que aún siguen rotas.
Así que estar en las grandes ligas está bien, pero el verdadero logro está en la exigencia, responsabilidad y resultados medibles en la transformación del país a nivel de energías.



