En la comuna siete de la ciudadela Juan Atalaya, en la periferia de Cúcuta, donde el calor supera fácilmente los 40 grados y el polvo se levanta con cada paso, funciona un espacio que se convirtió en refugio y esperanza para cientos de mujeres. En medio de calles destapadas, viviendas levantadas con esfuerzo y una ciudad que muchas veces mira hacia otro lado, se encuentra La casa refugio: Una segunda oportunidad, ubicada en el barrio Camilo Daza, en un sector conocido como La Malla.
La Malla, que comprende los barrios Camilo Daza, La Ermita y Buenos Aires, es un territorio reconocido como sujeto de reparación colectiva por la Unidad para las Víctimas, marcado por una historia profunda de violencia. Durante los años del control paramilitar, sus habitantes vivieron el miedo cotidiano, las reglas impuestas, la estigmatización de la juventud y la fractura del tejido social. Hoy, aunque los actores armados ya no son los mismos, el control territorial sigue disputándose a través de bandas delincuenciales que hacen presencia en la zona y que buscan seducir a jóvenes y mujeres con falsas promesas, reproduciendo dinámicas de exclusión y riesgo.
En medio de este contexto nació La casa refugio: Una segunda oportunidad, una iniciativa comunitaria que encontró en la formación y el encuentro colectivo una manera de resistir al abandono y a la violencia. Desde 2017, cuando comenzaron los primeros encuentros comunitarios, este espacio acompañó a por lo menos cinco mil mujeres, muchas de ellas habitantes de la periferia urbana, madres cabeza de hogar, migrantes venezolanas o sobrevivientes de distintas formas de violencia.
Para Jazmín Pinzón, lideresa del proceso, la casa refugio es mucho más que un proyecto social: es un lugar donde las mujeres pueden llegar sin miedo, sentarse, hablar y ser escuchadas. Bajo el sol intenso que marca los ritmos del barrio y en un entorno donde la vida cotidiana no es fácil, la casa se convierte en un punto de encuentro donde la palabra circula libremente y el cuidado colectivo se vuelve una forma de resistencia silenciosa pero poderosa.
“Este espacio nació para que las mujeres supieran que no están solas. Aquí pueden llegar sin miedo, contar lo que les pasa y encontrar respaldo. La casa refugio es un lugar para sanar, aprender y volver a creer en nosotras mismas, incluso en medio de tantas dificultades”, indica Pinzón. Desde esa convicción, la casa refugio fue tomando forma como un espacio de protección y contención en un territorio marcado por múltiples violencias. Allí, en medio de un contexto adverso, la casa se consolida como un refugio real donde el acompañamiento, la confianza y la organización comunitaria se convierten en herramientas para recuperar la dignidad y fortalecer la autonomía femenina.
Con el paso del tiempo, Una segunda oportunidad dejó de ser únicamente un espacio de formación para transformarse en un escenario de protección integral. En un territorio atravesado por la violencia basada en género (VBG) y la débil presencia institucional, la casa refugio funciona como un lugar seguro donde las mujeres reciben orientación, acompañamiento y respaldo. La sororidad, la escucha activa y el apoyo comunitario se convierten en mecanismos de protección que permiten identificar riesgos, romper silencios y recuperar la confianza perdida.
Además de brindar protección, el espacio impulsa procesos de autonomía económica y soberanía popular como una estrategia para reducir la vulnerabilidad que lideran las mujeres frente a la violencia económica que se vive en la capital de Norte de Santander. Uno de estos procesos es Moda y respeto por la naturaleza, una marca de jabones artesanales que combina creatividad, sostenibilidad y emprendimiento social.
Para María Molina, representante de la iniciativa, estos proyectos no solo generan ingresos, sino que dignifican el trabajo de las mujeres y fortalecen su independencia en un territorio donde las opciones suelen ser escasas. “Emprender aquí no es solo una forma de ganarnos la vida, es una manera de recuperar la dignidad. Cada jabón que hacemos demuestra que las mujeres podemos sostenernos, cuidar el territorio y construir futuro, incluso en un contexto donde las oportunidades casi no existen”, añade doña María.
Estos procesos de economía popular se convierten, además, en una barrera frente a las dinámicas de exclusión que, históricamente, afectan el territorio. Al fortalecer la autonomía económica de las mujeres, la casa refugio no solo genera ingresos, sino que aporta a la construcción de tejido social y a la defensa de proyectos de vida dignos en un contexto marcado por la precariedad y la falta de oportunidades.
En una zona donde el polvo se mezcla con el calor y donde las bandas delincuenciales siguen disputándose el control del territorio, La casa refugio: Una segunda oportunidad representa una alternativa concreta frente a las violencias que se presentan contra las mujeres. A través de la formación, el acompañamiento y la creación de redes comunitarias, el proceso abre otras rutas posibles para mujeres y jóvenes que buscan quedarse, resistir y construir futuro sin violencia.
Como proceso comunitario, la casa refugio cumple un papel clave en el reconocimiento y la activación de rutas de protección. Las mujeres que llegan al espacio aprenden a identificar situaciones de riesgo, conocen sus derechos y encuentran acompañamiento oportuno frente a las violencias. Más allá de la atención inmediata, la casa se consolida como una red de confianza que rompe el aislamiento y demuestra que la protección también se construye desde la comunidad, incluso en los territorios más golpeados.
Bajo el sol inclemente en la ciudadela Juan Atalaya, en medio del polvo y la memoria del conflicto, las mujeres de Una segunda oportunidad demuestran que la paz no se decreta. La paz se construye todos los días, en los espacios seguros, en las manos que crean, en las redes que cuidan y en la decisión colectiva de defender la vida. En el sector La Malla, donde el pasado pesa y el presente desafía, estas mujeres siguen caminando, convencidas de que siempre es posible volver a empezar.
Referencias
- Pinzón, J. (2026). Entrevista personal sobre el proceso comunitario “La casa refugio: Una segunda oportunidad” en la comuna siete de Cúcuta [Entrevista]. Fundación Paz y Reconciliación (Pares).
- Molina, M. (2026). Entrevista personal sobre el emprendimiento “Moda y respeto por la naturaleza” y autonomía económica de las mujeres [Entrevista]. Fundación Paz y Reconciliación (Pares).



