Las torturas que recibió Carlos Duplat, creador de los Victorinos, durante el gobierno de Julio César Turbay

Es muy recordada la serie Cuando quiero llorar no lloro en Colombia. Se emitían los domingos a las nueve de la noche y los niños la veíamos a escondidas porque tenía escenas de sexo y violencia que, hoy en día, con lo conservadora que se ha vuelto nuestra televisión, no se volvieron a ver. El creador de esta adaptación de la novela de Miguel Otero Silva fue Carlos Duplat. En ese momento, 1991, el grupo al que había pertenecido este dramaturgo cucuteño, el M-19, había entregado las armas. Carlos, un conversador genial, aunque de bajo perfil, nunca contó las torturas que sufrió durante el gobierno de Julio César Turbay Ayala.

Duplat fue uno de los cerebros de la Operación Ballena Azul, el golpe con el que el M-19 le robó más de 7.000 armas al ejército en el Cantón Norte, durante el 31 de diciembre de 1978. Con ellas se pensaba hacer la revolución.

 Un día después, la orden que le habían dado a Duplat y a los que habían participado en el golpe era huir de Bogotá. La ruta de escape que tenía que seguir Duplat era el Orinoco. Carlos esperó más de lo debido en Bogotá. Una tarde una amiga lo llamó y le pidió que fuera a su apartamento. Allí lo esperaban dos hombres del ejército.

Lo montaron a una camioneta, le pusieron un costal en la cabeza, lo esposaron, lo patearon, lo escupieron durante cuatro días seguidos. La crueldad era tal que nunca lo bajaron de la camioneta. Lo tenían ahí, llevándolo muy lentamente hasta Melgar. Luego lo metieron en lo que se conocía como “Las cuevas de Sacramonte”, un lugar terrorífico adecuado por el gobierno Turbay para torturar a todo lo que ellos consideraran subversivos.

El M-19 no era una guerrilla rural sino urbana y la mayoría de sus integrantes eran intelectuales que cada vez se sumergieron más y más, algunos hasta ahogarse, en eso tan absurdo que es la lucha armada. Carlos fue uno de esos jóvenes. Julio César Turbay, tal vez el primer presidente de extrema derecha que tuvo el país, y abuelo del inmolado precandidato presidencial asesinado el año pasado, Miguel Uribe Turbay, creó el Estatuto de Seguridad para combatir la insurgencia de la manera más cruel y despiadada.

En una entrevista que le hizo la revista Kien y Ke en el año 2011 a Carlos Duplat, el director detalla la tortura que recibió:

“Me ataron los brazos y me los halaron hacía los lados, después me golpearon la cara, el estómago, los testículos, como si fuera un saco de boxeo. Se colgaron de mis piernas hasta que me desgarraron los músculos. Todo en medio de insultos y burlas. Nunca me dejaron desmayar, porque cuando me veían muy extenuado me dejaban descansar. Luego empezaban de nuevo, así por horas. Posteriormente, me llevaron al salto del Tequendama y amenazaron con lanzarme al abismo. No sé cómo sobreviví porque sufro de vértigo. Los brazos los volví a sentir solo tras varios días. No podía caminar bien y los testículos me duraron inflamados dos semanas. Solo 18 días después me llevaron oficialmente ante un fiscal y, por eso, mi testimonio fue publicado en la revista Alternativa–. Duplat recuerda sin querer las torturas a las que fue sometido antes de hablar”.

Carlos realmente nunca superó este incidente. En su juventud vivió todo lo que su generación pudo disfrutar, el grito de libertad de Mayo del 68 lo sorprendió en París en donde tiró piedra al lado de Jean-Luc Godard, regresó al país, hizo teatro y algunas de las telenovelas más maravillosas que se vieron a finales de los ochenta y comienzos de los noventa, como la comedia N.N, al lado de Germán Escallón y Amar y Vivir. Sobre Cuando quiero llorar no lloro es mejor dedicarle un capítulo entero.

Para las nuevas generaciones, el rostro de Carlos les debe resultar conocido porque actuó en una de las nuevas versiones de Betty la fea que se han estrenado en Prime, su personaje se llama Francisco Santamaría.

El robo de las armas al Cantón Norte, dirigido por Bateman, iba a ser un golpe espectacular, con el poder de publicidad que caracterizaba al M-19, pero el plan de huida no funcionó y terminó con las armas recuperadas por el ejército y con artistas maravillosos como Carlos Duplat siendo torturados y casi asesinados por el gobierno cruel de Turbay Ayala. Ahí todo salió mal.

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