Ocho presidentes en diez años: difícil que haya estabilidad política en Perú

Hay un libro fundamental para entender lo que está pasando en Perú. Ese libro son las memorias del premio nobel de literatura Mario Vargas Llosa. En arrebato de algo parecido a la demencia, decidió dejar su cómoda vida de escritor para meterse en el fragor político. Lo enfrentaba eso que hoy en día se conoce como un “outsider”, el ingeniero Alberto Fujimori. Vargas Llosa no pudo ganar en primera vuelta, sabía que estaba liquidado, y en segunda lo arrasaron. Ese país fue la envidia de Latinoamérica en los noventa. Al menos así lo vendían. Todos querían hacer disparar su nivel adquisitivo, vivir esa supuesta opulencia de Perú. Como desarticuló al grupo guerrillero Sendero Luminoso, nombraron a Fujimori como el gran gurú de la seguridad latinoamericana. Luego se sabría de sus torcidos, de sus crímenes, que lo dejaron morir en la cárcel. Pero, el fujimorismo, lejos de morir, está vivo en la figura de su hija Keiko.

A partir de allí, todo empezó a ser diferente en un país en donde también había reinado en el siglo XX la autarquía. Pero lo que sorprende, y mucho, es la inestabilidad que ha tenido este país en los últimos diez años. Diez años en donde se ha visto de todo, hasta el escalofriante suicidio en vivo y en directo del expresidente Alan García.

Veintiséis años después de la caída de Fujimori no queda nada de un sistema democrático. Todo es poroso, incierto, endeble. Como se lee en varios análisis, últimamente solo se encuentra consenso en el Congreso cuando se decide sacar del cargo a un presidente. Es que ha aparecido la figura de “incapacidad moral del presidente” y por eso es que se ha puesto una especie de guillotina frente a la Casa de Pizarro, y allí las cabezas se han amontonado.

Hace menos de cinco meses José Jeri había reemplazado a Dina Boluarte, quien también había tenido que reemplazar al destituido Pedro Castillo. Con ellos, van ocho presidentes en diez años. El pasado 17 de febrero, la votación que sacó a Jeri de la Casa de Pizarro fue 75-24. El Congreso, que fue cerrado en los años de Fujimori, parece tener listo un mazo vengador contra los presidentes.

Los argumentos esgrimidos contra Jeri son los siguientes: “inconducta funcional” y “falta de idoneidad”, él se defendió: “Yo no he cometido ningún delito. Tengo la plena suficiencia moral para poder ejercer la Presidencia de la República”.

Es tan cambiante la realidad en Perú que, hasta hace unas semanas, la aprobación de Jeri estaba en el 60 por ciento. Unos cuantos días bastaron para que esta cayera al 37 por ciento en febrero. La Fiscalía le abrió hace poco una investigación por el presunto delito de tráfico de influencias y patrocinio ilegal de intereses después de conocerse una supuesta relación con un dudoso empresario chino.

Mientras tanto, este mismo miércoles 18 de febrero en Perú, se nombrará a otro presidente. ¿Cuánto tiempo durará en el poder?

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