Este 16 de febrero, la JEP decidió expulsar a Mauricio Santoyo por no contar la verdad sobre crímenes de lesa humanidad. Se necesitaba saber la verdad sobre crímenes cometidos durante su tiempo de servicio en el Gaula de Medellín. Así que su caso será trasladado a la justicia ordinaria.
Hay que recordar que, de todos los hombres cercanos a Uribe, Santoyo fue el primero que cayó. El 14 de diciembre de 2012 fue condenado a 13 años de cárcel por sus vínculos con paramilitares y narcos. Entre los años 2002 y 2005, el general retirado Mauricio Santoyo fue jefe de seguridad de Uribe. Es decir, recién arrancaba la Seguridad Democrática. En un tribunal superior, en Virginia, Santoyo reconoció haber dado apoyo material y recursos a las AUC.
Desde Bogotá, Uribe, que se alistaba en 2012 para ser senador, le dio la espalda a uno de sus hombres más fieles. Simplemente se quejó de lo que él llamó un abuso de confianza por parte de Santoyo. Una de las labores que cumplía el general era entregarles a grupos como la Oficina de Envigado, datos sobre policías corruptos para hacerlos ingresar en la nómina de esta banda. La táctica de los infiltrados es seguida desde los años de Pablo Escobar. Desde ese momento, Santoyo se transformó en un eficiente informante para la justicia norteamericana.
Los testimonios que hundieron a Santoyo fueron los de Mancuso, Macaco y el Tuso Sierra. Hay que recordar que, en 2011, Santoyo se entregó en Bogotá y fue extraditado a los Estados Unidos. La operación de Santoyo correspondía en llevar a oficiales afines al proyecto paramilitar a zonas claves donde se hacía control.
Es posible que, desde los años noventa, cuando Santoyo ya trabajaba en el Gaula de Medellín, desde esa época tuviera contactos con grupos paramilitares. El primero que lo echó al agua fue Juan Carlos ‘el Tuso’ Sierra en el año 2010. Este narco afirmó que el exoficial era cercano a las AUC y a la Oficina de Envigado. Incluso se habló de que estaba implicado en dos desapariciones. Específicamente fue sobre las desapariciones de Claudia Monsalve y Ángel Quintero. Ellos habían desaparecido el 6 de octubre del año 2000. El compromiso que tenía Santoyo era contar verdad pena y cumplir con las víctimas.
Hay que recordar que Santoyo y Uribe se conocen desde que este último era gobernador de Antioquia. En algún momento, el presidente quiso negar que él había nombrado a Santoyo cuando queda claro que ambos se conocen desde que él era gobernador de Antioquia. El 29 de abril del 2019 fue deportado desde Estados Unidos a Colombia. Inmediatamente fue puesto preso por el caso de las desapariciones mencionadas de los defensores de derechos humanos Claudia Monsalve y Ángel Quintero. Pero Santoyo jamás dio información que pudiera ser considerada relevante.
El general Santoyo era ampliamente conocido por las personas que sintonizaban los consejos comunitarios del presidente Uribe.
Tan solo basta con recordar lo que se decía en el entorno de Uribe sobre el general Santoyo hasta el año 2010, para entender que era considerado poco menos que un héroe. Hijo de un humilde panelero boyacense, Santoyo era la clásica historia del que arranca desde abajo y se gana todo con las uñas bien limpias. Sus hermanos también fueron policías. A su hermano Julio lo mandaron en 1990 a Medellín. La misión que tenía era perseguir a Pablo Escobar. Lo hizo bien, el capo cayó en 1993. Su hermano Julio le allanó a Mauricio el camino para que aterrizara en el Gaula de Medellín en 1996, justo cuando el gobernador de Antioquia era Álvaro Uribe Vélez. Se convirtió en el oficial más eficiente para rescatar secuestrados. En Medellín no solo liberó secuestrados. Empezó a tejer una compleja red con narcos como alias Rogelio quien, a finales del siglo XX, era el mandamás de la Oficina de Envigado. Este narco, Rogelio, fue el que, después de haberse entregado a la justicia en el año 2012, terminaría por salpicar a Santoyo contando todo lo que sabía.
Sus métodos no eran los más éticos. Fue un experto en las chuzadas ilegales que aprovechó, además, para perseguir a defensores de derechos humanos. La Procuraduría pudo probar que interceptó, entre los años 1998 y 2001, 1808 líneas telefónicas.
Eso no fue ningún impedimento para que Uribe lo promoviera y lo tratara como alguna vez hizo con Rito Alejo del Río, también condenado por sus alianzas con grupos paramilitares, como un prócer. Uribe siempre estuvo ahí para salvar a Santoyo. Lo salvó cuando la Procuraduría lo destituyó por el escándalo de las chuzadas lanzándole un insólito salvavidas gracias a una decisión del Consejo de Estado. Incluso convenció al congreso para que ascendiera a Santoyo a general en 2008. Lo quería tanto Uribe, le reconocía tanto su labor que, en su autobiografía, titulada No hay causa perdida el nombre del general Santoyo aparece en los agradecimientos. Era leal a Uribe, lo único que le importaba al expresidente.



