Conversaciones de medianoche entre León Valencia y Joe Broderick
Las ideas, en la noche, me asaltan como fantasmas. A veces, para sacármelos de encima, en vez de meditar, me pongo a escribir. De pronto es que la mejor forma de meditación es la de escribir. Así que agarré el celular y empecé a escribirle este mensaje a mi amigo, Joe Broderick, el gran biógrafo de Camilo Torres quien todavía nos acompaña. Este fue mi mensaje a Joe:
En la capilla de la Universidad Nacional se está construyendo un lugar especial para recibir los restos óseos del padre Camilo Torres Restrepo y la prensa ha empezado a informar y a comentar tímidamente el acontecimiento a sesenta años de su muerte. Estoy seguro de que en los siglos venideros se recordará a este sacerdote, que en un tiempo donde se consideraba noble levantarse en armas para intentar una revolución social, sacrificó su vida en el altar de esa lucha. Después de la independencia del yugo español y de sus héroes, Camilo Torres es el único héroe que ha dado Colombia. Eso no lo borra el grave desvío que ha tenido la guerrilla que fundó ni el viraje que ha dado la historia de nuestro país ahora ansioso por salir de las violencias y encontrar la reconciliación. Se dirá que hubo otros héroes y diré que hubo hombres y mujeres muy grandes en el siglo veinte entre ellos Gaitán, Galán, María Cano, monseñor Gerardo Valencia Cano, pero la condición de héroe está ligada a un desafío consciente a la muerte en la batalla por una gran causa.
Un tiempo después, Joe Broderick, quien duerme mejor, de ahí su longevidad, me escribió estas líneas que me parecen fundamentales para resolver esta pregunta:
¿Qué hizo Camilo para que sea visto como un héroe?
Esta es la voz de Joe:
Curiosamente se volvió héroe porque cometió un error. Mejor dicho, dos errores. Creo que todo el mundo está de acuerdo en decir que meterse al monte con la guerrilla del ELN en octubre de 1965 fue un error. Al menos un error político, ya que estaba abandonando un movimiento político que él había creado y que no llevaba ni tres meses, estaba apenas en su primera infancia. La ida de Camilo era una deserción. Tal vez no estaba equivocado en pensar que la única forma válida de confrontar eficazmente a las clases gobernantes en Colombia era por medio de la lucha armada. Pero es obvio que se equivocó catastróficamente en cuanto al momento de tomar las armas.
Su otro error fue haber insistido en participar en la emboscada de Patio Cemento sin tener suficiente preparación militar. Según entiendo, ni Fabio Vásquez ni Víctor Medina Morón, ni los demás líderes del ELN en ese momento, estuvieron de acuerdo con que Camilo fuera al combate de Patio Cemento. Entendían que su presencia entre ellos era un poderoso elemento político de un valor inconmensurable. No debían arriesgar su perdida, exponiéndolo a una confrontación con el ejército, una acción para la que no estaba preparado. Pero Camilo impuso su autoridad moral. Quería ser un guerrillero más, sin privilegios. Admirable, sin duda. Pero en las circunstancias, un error.
Esos dos errores lo llevaron a la gloria como héroe, mártir y santo.
Si no se hubiera ido al monte, ¿qué habría hecho? Seguramente habría seguido en la vida política, luchando por el socialismo por las vías legales, probablemente con la intención, la esperanza, de llegar a lograr un momento prerrevolucionario donde existieran las condiciones para una insurrección, un levantamiento popular general, con una seria posibilidad de éxito. Tal vez habría llegado a ser congresista. Hasta senador. Podría haber llegado a la presidencia de la república. Gustavo Petro nos ha mostrado que eso es posible. O tal vez se habría quedado dentro de la Iglesia como un cura de izquierda, luchando al lado de curas rebeldes como René García y sus colegas del grupo Golconda en los años sesenta. Habría hecho bien. Pero no sería un héroe.
El héroe, por definición, tiene que morir joven. Y ojalá fracasado. Como Lord Byron. Si uno perdura en la lucha y llega a viejo, no puede ser héroe. Manuel Pérez Martínez, el Cura Pérez, no es un héroe. No para la gente en general, aunque lo sea para los elenos. Para los demás es un villano. ¿No habría pasado lo mismo con Camilo si no lo hubieran matado con el primer tiro en su único combate? Fidel no es un héroe, pero El Che sí lo es. Digo, lo es para muchos, aunque no para mí. Le han dado el título de “guerrillero heroico”, olvidando que – después de llevar a todos sus compañeros a la muerte en una aventura quijotesca sin posibilidad de triunfo – salió del monte agitando un pañuelo blanco, pidiendo clemencia, afirmando que como era el famoso Che Guevara, entonces valía más vivo que muerto. Camilo al menos murió combatiendo.
Y hablando de los héroes. No sé bien para qué sirven. Reconozco, sin embargo, que Camilo les sirvió al ELN. Les sirvió para muchos años, pero por haber muerto. Y por haber muerto alzado en armas contra la oligarquía y bajo el fuego de su ejército represivo. Y también por haber muerto en la mitad de una década cuando los jóvenes estaban marchando por las calles del mundo en protesta contra la bomba, contra la guerra de Vietnam, contra las mentiras de los gobernantes y las injusticias del sistema capitalista. Sí, por un rato el cadáver de Camilo les sirvió a los elenos como bandera. Pero ya no. Se han desviado demasiado del camino.
Pero bien, ¿qué pasa? Aquí estamos celebrando el héroe, nuestro único héroe, en los sesenta años de su sacrificio inútil. Está bien que lo hagamos. Pero me pregunto: ¿Qué diría él de nosotros y de nuestros aplausos? Bueno, al menos agradecería el no haberlo olvidado. Uno difícilmente espera ser recordado tanto tiempo después de muerto.



