La represa que podría calmar la sed de la Guajira no funciona: el elefante blanco más grande del país

A pesar que en La Guajira todavía los niños se mueren de sed, en este lugar del país hay una represa que tiene una capacidad de 200 millones de metros cúbicos. Hay que dejar en claro algo: no sirve para absolutamente nada. Es considerado el más grande y el más inmoral de los elefantes blancos del país. Se llama la represa El Cercado  que está sobre el rio Ranchería y su costo se elevó hasta los 576 mil millones de pesos.

Los más de 700 mil millones de pesos destinados a la obra contrastan con la precariedad de los acueductos locales, las deficiencias en infraestructura rural y la falta de acceso a agua potable en comunidades indígenas. Esta desconexión entre la inversión y el impacto social revela que el éxito del proyecto ha sido medido en términos presupuestales, no en la garantía efectiva de derechos. La represa opera como un monumento a la desproporción: una infraestructura monumental que no responde a las necesidades básicas del territorio que dice servir.

En el informe que presentaremos a continuación se descubrirán quienes son los presuntos implicados, ¿En qué se ha fallado? ¿Es sólo corrupción o también inoperancia? La represa, cuyas obras empezaron a construirse en el 2005, terminaron en el 2010. Los diseños iniciales contemplaban el abastecimiento de la presa, a acueductos en 9 municipios de La Guajira; no obstante, la ADR respondió a Pares en abril de 2025 que únicamente estaba conectado el acueducto de Fonseca y próximamente el acueducto de San Juan del Cesar. Además, la entidad reconoció que actualmente la construcción no genera energía hidroeléctrica, pese a que este también era uno de los propósitos del proyecto. Todo es un desastre mayúsculo, desolador.

Aunque la obra no funciona siguen destinándosele recursos porque quedó estipulado que había que hacerle una especie de mantenimiento.

Los cuestionamientos y dificultades alrededor del proyecto no son un asunto reciente. Las primeras obras asociadas a la construcción del embalse, dejaron en evidencia los presuntos errores de planeación y diseños, pues al parecer, en el año 2006, la Unión Temporal La Guajira, que para ese entonces había asumido las labores de contratista, no habría cumplido con el plan de manejo ambiental, en tanto que realizó el lavado del túnel de desvío, y en medio del proceso contaminó el agua con productos químicos y estructuras de hierro, generando la muerte de más de 3 mil peces. En 2010 nuevamente se presentaron irregularidades, esta vez debido al fenómeno del niño que obligó a anticipar el llenado del embalse, que si bien se estimaba realizar progresivamente a lo largo de 2 años, en realidad se hizo abruptamente en 4 meses.

Decía Eduardo Galeano que no existía peor crimen que el de robarle a los pobres, a los que no tenían nada. En el presente informe queda constatada esta infamia. Como fundación cumplimos con gritar, advertir, señalar, que hicieron una chambonada con lo que podía ser la solución para un problema histórico que tiene la Guajira: su paisaje, su geografía. La tecnología podría atenuarlo pero no. La corrupción y la desidia decidieron bajarle ese pulgar.

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