Humboldt, el primer hombre que habló del cambio climático

Cuando se celebró el centenario del nacimiento de Alexander von Humboldt hubo celebraciones en todas partes del mundo. Hoy apenas se recuerda su nombre. El vacío es casi absoluto en países como Estados Unidos, en donde su legado apenas permanece. En su momento no había nadie más importante que Humboldt. Eran tiempos en donde la sociedad valoraba a científicos, escritores, artistas y no a futbolistas o influencers. A diferencia de Darwin o Einstein, el alemán no creó una ley de la física, su mérito como científico fue darnos su visión de la naturaleza. Por eso, biógrafos suyos como Andrea Wulf, afirman que fue El hombre que creó la naturaleza.

A finales del siglo XVIII, llegó a Suramérica. En ese momento, Napoleón demolía los reinos de Europa y ponía contra la pared a los españoles. Ya había fuertes rumores de que los criollos se rebelarían contra la corona. Rebeldes como Francisco Miranda estaban dispuestos a hacerlo. Ese era el clima que vio Humboldt mientras recorría el Orinoco, se internaba en las infinitas llanuras de la Orinoquía, cruzaba lo que después sería Colombia y llegaba a Turbaco, en plena costa Pacífica y luego subiría impetuoso al que era, en ese momento, considerado como la montaña más alta del mundo: el Chimborazo. El mundo era tan nuevo que las cosas no tenían nombre, parafraseando a Gabriel García Márquez en sus Cien años de soledad. Allí pudo ver por primera vez un volcán activo y tuvo más información sobre los orígenes de la tierra observando esa lava roja y humeante.

En lo que hoy se conoce como el Lago de Maracaibo, Humboldt se dio cuenta de la terrible devastación que había dejado la invasión española a su paso. Alrededor del lago ya no existían el bosque que alguna vez controló los niveles de sus aguas. Por eso empezaban a ocurrir las inundaciones, las sequías, por eso los abruptos cambios de clima. Es que en esa época a pocas personas les importaba devastar bosques. Incluso campeaban algunas descabelladas teorías seudocientíficas que afirmaban que el clima era mejor si el viento no tenía interferencia de los grandes bosques. Así se sacrificaron bosques enteros de secuoyas, robles, almendros.

Después de regresar por su hazaña en los Andes, Humboldt fue tratado como un héroe en Europa. En París conoció a un joven Simón Bolívar, quien acababa de perder a su esposa en Venezuela. El científico le advirtió al futuro Libertador que las condiciones estaban dadas para que se diera una gran revolución en Latinoamérica. Además, le parecía una vergüenza el poco interés que tenían los españoles por conocer la riqueza científica de sus colonias. Bolívar, después de ese encuentro, se reunió con su maestro, Simón Rodríguez, y afirmó que él sería el hombre que quitaría el yugo español a su continente. Por otro lado, Humboldt no se sintió demasiado impresionado por el joven venezolano. Después la historia le haría cerrar la boca.

Nunca se calmó, su sed de conocimiento jamás se agotó. A los sesenta años se internó en Rusia y descubrió diamantes y minerales en los Urales. Indirectamente ayudó a la industrialización rusa. Pero esto fue muy a su pesar. Lo que más le importaba a Humboldt no era conquista la naturaleza sino, como los antiguos griegos, comprenderla.

Nunca tuvo demasiado dinero. Estaba anclado a los caprichos de los reyes. Vio con amargura cómo Napoleón y el propio Bolívar, después de haber acumulado tanto poder, se convirtieron en dictadores. Por culpa de eso, regresó la monarquía en algunas partes de Europa y vivió lo suficiente para ver cómo arrancaba una nueva etapa de oscurantismo. A sus sesenta años emprendió otra de sus odiseas intelectuales, consignar en un libro todos los conocimientos del universo. Este libro se llamaría Kosmos y contendría todos sus saberes. El nivel de las ilustraciones y el nivel de detalle lo hicieron un objeto carísimo de hacer. Humboldt lo pagó todo de su propio bolsillo. Esto explica por qué durante los 89 años que vivió, siempre tuvo problemas económicos.

Fue gracias a su interés, a su necesidad de cuidar a la especie humana, de iluminarnos, que dejó un legado más importante que cualquier descubrimiento o ley de la física. Hay que cuidar nuestra casa, nuestro planeta. Advertir del cambio climático hace dos siglos y medio es estar demasiado adelantado a su época. Además, vale decirlo, fue el primer gran conferencista, sus charlas equivalían a un gran concierto de hoy en día. Supo influenciar a millares de jóvenes.

El legado de Humboldt hay que preservarlo. En él residen los secretos de permanecer vivos, de que sobrevivamos a nosotros mismos.

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Iván Gallo

Es guionista de dos películas estrenadas en circuito nacional y autor de libros, historiador, escritor y periodista, fue durante ocho años editor de Las 2 orillas. Jefe de redes en la revista Semana, sus artículos han sido publicados en El Tiempo, El Espectador, el Mundo de Madrid y Courriere international de París.