El día después de Pipe Tuluá: quién manda ahora en el Valle del Cauca

La extradición del líder de La Inmaculada, alias ‘Pipe Tuluá’, a los Estados Unidos por delitos de narcotráfico, reactivó la conversación sobre la situación de seguridad en el Valle del Cauca, en la que la organización originaria del centro del departamento ha venido ganando protagonismo. Si bien las acusaciones de narcotráfico han sido negadas por ‘Pipe Tuluá’ y sus abogados, desde la Fundación Pares hemos identificado algunas partes del entramado criminal del Valle del Cauca del que La Inmaculada hace parte, que lo relaciona con ex-capos del narcotráfico de vieja data, e incluso con disidencias de las FARC.

La consolidación criminal de la Inmaculada

La organización La Inmaculada, también autodenominada como La Oficina de Tuluá, se ha convertido en la estructura criminal más importante y peligrosa del centro del Valle del Cauca en los últimos años. Ha ganado una alta capacidad de control en el municipio de Tuluá a través de actividades como el microtráfico y la extorsión, y ha recurrido constantemente a mecanismos como los atentados y los ‘planes pistola’ para intimidar y generar zozobra, principalmente a políticos, jueces, funcionarios públicos y periodistas que denuncien su accionar o estén en contra de sus intereses, incrementando los niveles de violencia en el municipio. Incluso, fuentes en el municipio aseguran que han logrado cooptar a funcionarios dentro de instituciones públicas para favorecer sus actividades. (Pares, 2025)

Además, es una organización caracterizada por utilizar las cárceles del país como sus principales centros de operación, desde donde se coordina el tráfico de drogas, las extorsiones y los atentados, para lo cual ha recurrido a amenazas y atentados en contra de funcionaros del INPEC que denuncien o no colaboren con sus actividades. Para esto, alias ‘Pipe Tuluá’ habría conformado el grupo MAGO (Muerte a Guardianes Opresores), principal responsable de múltiples atentados a funcionarios de centros penitenciarios, incluidos directivos, en los últimos años (El Tiempo, 2026).

La Inmaculada y las redes criminales del Valle

Además de tener un control hegemónico en las actividades delincuenciales de Tuluá, y extender su influencia a otras partes del país a través del grupo MAGO, La Inmaculada haría parte de una red de estructuras dedicadas principalmente al narcotráfico en el Valle del Cauca, denominada ‘La Gran Alianza’.

La aparición del nombre de ‘Gran Alianza’ tiene como su principal raíz el regreso al país de varios ex-capos del narcotráfico extraditados, principalmente del antiguo Cartel del Norte del Valle y del grupo paramilitar Los Rastrojos, tras cumplir condenas en los Estados Unidos. Este regreso comenzó a generar alertas, sobre su presunta participación nuevamente en actividades ilícitas, con la intención de recuperar los negocios y bienes que perdieron en su ausencia (El País, 2024).

A partir de esto, se generaron alertas sobre una reorganización de Los Rastrojos, por medio de herederos de sus antiguos líderes como alias ‘Diego Rastrojo’ y alias ‘Jabón’, como es el caso de los hermanos Javier y Luis Calle Serna, conocidos como ‘Los Comba’, que volvieron hacia 2020 (Infobae, 2021), Jair Sánchez alias ‘Mueble Fino’, quien tras su regreso al país volvió a ser capturado por incurrir nuevamente en delitos y hacer parte de ‘la Gran Alianza’ (El Espectador, 2021),  y Juan Carlos Rivera alias ‘06’ que habría vuelto de su extradición a la ciudad de Cali.

Más recientemente, el nombre de ‘Gran Alianza’ ha tomado protagonismo, tras el secuestro del niño Lyan Hortúa, lo cual habría sido una represalia por parte de alias ‘Diego Rastrojo’ —quien actualmente se encuentra recluido en Estados Unidos— hacia la familia de un antiguo capo del Cartel del Norte del Valle con el que tenía conflictos. Para esto, ‘Diego Rastrojo’ habría coordinado con varias organizaciones y líderes de narcotráfico en el Valle, e incluso se habla de que negociaron con la disidencia de las FARC Jaime Martínez -que controla parte del sur del Valle- para poder llevar a cabo el secuestro (El Colombiano, 2025).

Dentro de las organizaciones que harían parte de la ‘Gran Alianza’ estaría también La Inmaculada, pues su líder ‘Pipe Tuluá’ estuvo al servicio de Wilber Varela alias ‘Jabón’, así como alias ‘Mueble Fino’ y otros narcos y testaferros de los antiguos Rastrojos que han ido quedando en libertad, y serían hoy los encargados de su reorganización (El Espectador, 2025). También se ha señalado que La Inmaculada funcionaría como una oficina de cobro de la ‘Gran Alianza’ cuyo principal cabecilla es alias ‘Fenix’, con el apoyo de ‘Diego Rastrojo’ desde la cárcel de Estados Unidos (El Tiempo, 2026)

Si bien La Inmaculada ha protagonizado innumerables hechos de violencia, desde el centro del Valle a otras ciudades del país, la denominada ‘Gran Alianza’ estaría inmersa en varios conflictos con otros grupos y líderes del narcotráfico por el control de las actividades ilegales. Por ejemplo, alias ‘Martín Bala’ y alias ‘Chinga Pipe’, quienes también harían parte de la ‘Gran Alianza’ mantiene una guerra con la banda R-15 de alias ‘Boliqueso’ y alias ‘Dinax’ por el control de la cárcel de Villahermosa en Cali, desde donde se coordina el microtráfico de la ciudad (El tiempo, 2026). En este conflicto también participaría Jorge Eliécer Domínguez alias ‘Palustre’, también heredero de ‘Los Comba’, que volvió de su extradición, y mantiene un conflicto con ‘Chinga Pipe’, por lo que se podría pensar en que es aliado de alias ‘Boliqueso’

Gráfico 1. Presuntos miembros de ‘La Gran Alianza’ en el Valle del Cauca
Elaboración: Fundación Pares con base en fuentes de prensa

Posibles escenarios tras la extradición de ‘Pipe Tuluá’

Teniendo presente este contexto, la extradición de Pipe Tuluá puede llegar a tener repercusiones en las distintas dimensiones en los que se ha venido organizando la actividad delictiva de La Inmaculada. Para efectos de claridad, se presentan tres niveles que se verían impactadas tras su extradición.

  1. i) Nivel interno: riesgo de fracturas y disputa por el mando de La Inmaculada

 

Al interior de la organización confluyen varios liderazgos con trayectorias, capital criminal y niveles de influencia diferenciados que podrían entrar a disputarse el liderazgo de la organización. Entre ellos, Cristian Alexis S. alias “Guaco/Juaco”, —antiguo socio de ‘Porrón’ (El Colombiano, 2015)—, Édison Marín Silva alias “Carevieja”, y Andrés Mauricio Hernández Salazar alias “Caregallo” —ambos con trayectorias vinculadas a Los Rastrojos a comienzos de los años 2000 y recluidos desde 2014 y el primero de ellos hermano de Pipe Tuluá (La Crónica del Quindío, 2014)—, y Mauricio Marín Silva alias “Nacho” —hermano y hombre de confianza de Pipe Tuluá—.

A esto se le suman cabecillas encargados de comandar las acciones delictivas de la organización en el territorio —como El Enano, Zarco, El Muecoy El Ruso (El Tiempo, 2026)—, quienes controlan barrios completos de Tuluá y concentran directamente el desarrollo y funcionamiento de las economías ilegales. A ellos se suman mandos medios y figuras con capacidad de articulación criminal, algunas incluidas en el cartel de los más buscados del Valle del Cauca.

Esta multiplicidad de actores podría terminar por debilitar los mecanismos de organización interna y aumentan la probabilidad de disputas por el control de la organización, siendo propensa a la autonomización de actores locales y al uso de violencia selectiva como mecanismo de regulación interna.

Este escenario no implica necesariamente una ruptura de La Inmaculada, pero sí una posible transición hacia formas de gobernanza criminal más fragmentadas en las que la cohesión depende menos de una jefatura central y más del nivel de equilibrio que se logre entre algunos de los actores mencionados.

  1. II) Nivel local: hegemonía en Tuluá, con disputas pendientes

En el plano local, como se mencionó, La Inmaculada mantiene una posición hegemónica en el municipio de Tuluá, donde ejerce control sobre las economías ilegales que van desde el hasta el control sobre los precios de bienes de la canasta básica. Aunque su gobernanza está consolidada, las rencillas y disputas recientes con otras organizaciones que hacen presencia en el departamento —particularmente con el denominado Rastrojos Nueva Generación— podrían llegar a amenazar su posición.

La Defensoría del Pueblo a través de la Alerta Temprana 006-25, ha advertido sobre episodios de violencia entre ambas organizaciones desde finales de 2024 en Andalucía y Bugalagrande. Y aunque estas agresiones habrían terminado luego de un supuesto pacto de no agresión, persiste el riesgo de que estas disputas reaparezcan e incluso se trasladen a Tuluá (AT 006-25), especialmente en un contexto de incertidumbre para la organización tras la extradición de su principal cabecilla.

iii) Dimensión departamental: reconfiguración de la red criminal

A escala departamental, el caso de La Inmaculada se inscribe en una dinámica más amplia de reconfiguración del crimen organizado en el Valle del Cauca. En este escenario, se observa la aparición y fortalecimiento de nuevos grupos criminales con trayectorias de violencia prolongadas, alto interés en economías ilícitas rentables y un aparente interés por articularse de manera conjunta.

A diferencia de épocas anteriores, caracterizadas por estructuras altamente centralizadas y liderazgos visibles, el crimen organizado actual en el departamento opera cada vez más como una red de múltiples centros, sin una cabeza única que coordine o subordine a los demás actores (Álvarez y Rodriguez, 2018). Esta red, que hoy toma el nombre de ‘Gran Alianza’, se ha venido construyendo a partir de acuerdos y alianzas entre los actores mencionados.

En este contexto, La Inmaculada actúa como un nodo estratégico dentro de una red criminal en expansión (Álvarez y Rodriguez, 2018), interconectada con Cali —que, como hemos advertido, tiene un alto potencial para convertirse en el epicentro del crimen en el departamento— , el norte del Valle —donde operan organizaciones como Nueva Generación y Los Flacos, y otros antiguos narcos que han vuelto a país como ‘Martín Bala’—, Buenaventura —donde hacen presencia Shottas y Espartanos—y corredores estratégicos hacia otras regiones del país.

Vale la pena reiterar que, esta serie de alianzas y articulaciones responden a lógicas pragmáticas orientadas al control de corredores, la protección de economías ilegales y la maximización de beneficios económicos. En este sentido, los vínculos documentados por ejemplo entre estructuras criminales y Grupos Armados Organizados como el frente Jaime Martínez del EMC o el EGC en distintos puntos del departamento, reflejan un patrón de hibridación del crimen organizado, donde se difuminan las fronteras entre criminalidad común, crimen organizado y actores armados del conflicto, en donde más que una intención por someter a los otros, prima el interés compartido de cada organización.

Estas alianzas, sin embargo, son inestables y reversibles, sujetas a cambios en los equilibrios de poder y en las oportunidades económicas. Su éxito entonces radica en la capacidad de reducir costos de confrontación directa, diversificar economías ilegales y adaptarse rápidamente a la presión estatal.

De igual forma, la ausencia de una autoridad central, la coexistencia de múltiples actores con intereses divergentes y la recurrencia a la violencia como mecanismo de regulación en el escenario actual, convierten a esta red en un entramado inherentemente inestable. En este sentido, el mapa criminal del Valle del Cauca continúa caracterizándose por equilibrios precarios, en el que la extradición de uno de sus actores principales podría desencadenar en una serie de acciones que rompan con las alianzas y agudicen la violencia.

Desde esta perspectiva, la posible fragmentación interna de La Inmaculada, sumada a sus disputas locales y a la volatilidad de las alianzas departamentales, aumenta la probabilidad de iniciar nuevos periodos de violencia en varios municipios del departamento del Valle. En este escenario, el grado de pragmatismo que logren alcanzar los actores involucrados en la reconfiguración del mapa criminal —particularmente en la construcción o sostenimiento de una denominada “Gran Alianza”— se convertirá en un factor determinante para la estabilización o descomposición del entramado criminal y la reactivación de dinámicas de confrontación violenta a escala regional.

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