La entrada en operación del parque solar El Escobal, en el Tolima, marca un nuevo hito significativo en la Transición Energética Justa -TEJ- colombiana. No se trata solo de un nuevo proyecto fotovoltaico ni de una cifra más que se suma al inventario nacional de megavatios instalados, sino de un ejercicio que potencia el uso de las fuentes de energía renovable y deja un mensaje claro: la Transición Energética comienza a materializarse en sectores productivos tradicionalmente intensivos en energía y emisiones.
El parque solar El Escobal es una instalación fotovoltaica con una capacidad instalada cercana a los 19,9 MW, desarrollada por la empresa energética Celsia para abastecer de energía renovable a la planta de cemento Caracolito de Cemex, ubicada en el departamento del Tolima. El proyecto está concebido bajo un esquema de autoconsumo industrial, lo que permite cubrir una parte relevante de la demanda eléctrica de la operación cementera, mejorar su eficiencia energética y reducir de manera sostenida su huella de carbono, consolidándose como un referente de integración de energías limpias en procesos productivos.
Que una planta industrial de gran escala incorpore energía solar como parte estructural de su consumo energético representa una ruptura con el modelo energético tradicional, históricamente dependiente de fuentes fósiles o de la volatilidad del sistema interconectado. Este tipo de iniciativas confirma que la energía renovable ha dejado de ser un complemento para convertirse en una decisión estratégica de competitividad, eficiencia y sostenibilidad empresarial. La Transición Energética, en este caso, no se presenta como una imposición normativa, sino como una oportunidad tangible.
Desde una mirada territorial, el caso del Tolima resulta especialmente interesante; durante décadas, el departamento ha sido reconocido por su vocación agrícola y su aporte a la seguridad alimentaria del país. Hoy, sin abandonar ese rol, comienza a posicionarse como un nodo emergente de generación de energía limpia; esta diversificación productiva no solo fortalece la economía regional, sino que abre la puerta a una nueva narrativa de desarrollo, donde el territorio no es únicamente proveedor de materias primas, sino actor clave en la transformación energética nacional.
El Escobal no es el punto de llegada, pero sí un buen punto de partida. Es una muestra de que cuando la voluntad empresarial, las condiciones territoriales y la visión de futuro se alinean, la transición energética deja de ser promesa y se convierte en acción. El desafío ahora es que ese sol que hoy mueve la industria también ilumine a los territorios y a las comunidades que esperan ser parte activa del nuevo modelo energético del país.



