La semana pasada Gustavo Petro volvió a escandalizar al país afirmando que Jesús había tenido sexo con María Magdalena. Esta provocación por lo menos tiene más de sesenta años. El escritor griego Nikos Kazantzakis la había formulado en su novela La última tentación de Cristo y su adaptación cinematográfica, dirigida por Martin Scorsese, fue aún más polémica por allá en 1989. El punto es que volvió a plantearse cuestiones como “la herejía”, que parecían haberse extinguido de las conversaciones nacionales. Por eso es bueno recordar, en este espacio, al que es considerado un verdadero hereje, el señor Fernando Vallejo.
Cuando el hombre que amaba murió, Fernando Vallejo decidió regresar a Colombia a morirse de tristeza. Sin David Antón, su estadía en México no tenía sentido. Antón había sido el diseñador de arte de las películas más gloriosas del cine de oro mexicano. Tenía casi cien años y la mitad de su vida la vivió con Fernando. Pero, después del terremoto de 2017, su apartamento en la colonia Condesa quedó destruido. Allí Antón guardaba joyas del arte que coleccionaba desde su juventud. Pero todo se perdió en ese terremoto. En unos cuantos meses, Antón se consumió en el pantano de la vejez y murió. Vallejo, con el corazón roto, regresó a la vieja casa familiar del barrio Laureles y allí está. Tengo un amigo que cada tanto va a esa casa y le timbra. El viejo sale furioso. Solo tolera la compañía de sus fantasmas.
Hay rumores sobre su salud. Dicen que ya no puede escribir, que a veces toca el piano y eso le calma la desazón suprema que lo embarga. El caso es que, en 2023, publicó su última novela, La conjura contra Porky, de ahí no se salva nadie, ni Petro. Pero el viajado más grande se lo dedicó a Iván Duque, como el título lo indica.
Herejía es todo aquello que se abjure contra Dios, su hijo, la Virgen y toda su prole. En ese sentido, Vallejo se convirtió en todo un hereje en el año 2007 cuando publicó su Puta de Babilonia, una especie de escupitajo a las hostias a partir de una investigación muy rigurosa en los archivos secretos del Vaticano. El pecado mayor de Vallejo no fue solo hablar de los gustos sodomíticos de muchos papas, sino que demuestra que no existen pruebas historiográficas de la existencia de Jesús. La única que existe es de Flavio Josefo, pero su tiempo de vida tiene un desfase de por los menos 100 años con el del supuesto Jesús. Prueba en ese libro de prosa endemoniada que el cuento del cristianismo es eso, una humareda de marihuana.
Vallejo es un maldito y solo respeta a sus perros. En Colombia solo cuando él muera vamos a conocer su grandeza. Creo que tiene cinco libros inmortales, de lo más importante que se ha escrito en este país de imitaciones de poetas, las biografías de Porfirio Barba Jacob y la de Silva, El desbarrancadero y la Puta de Babilonia, libros inclasificables, torrentes narrativos que se van tejiendo a partir de nostalgia y datos. Las peroratas más bellas que hemos conocido.
Solo Antioquia, una tierra de rezanderos, podría dar alguien tan blasfemo. Recuerden que en los años treinta dio a otro sacrílego, Porfirio Barba Jacob, el hombre que le cantó a la Dama de los cabellos ardientes. El mismo hombre al que Vallejo le supo dar ese tinte luciferino en su gran biografía, El mensajero. Pero no es esa la herejía que yo prefiero de Vallejo.
En una parte de La virgen de los sicarios, cuando el protagonista, que es el propio Fernando, tiene que matar de un tiro a un perrito que se está ahogando con sus patas partidas en un caño, recita esta herejía en la cual se resume la verdad del mundo:
“Dios no existe, y si existe es la gran gonorrea”.



