¿Marco Rubio ya no ve como una amenaza a Gustavo Petro?

Siendo senador republicando Marco Rubio jamás ocultó su animadversión por la izquierda colombiana. Hijo de inmigrantes cubanos, su anticomunismo se forjó en el horno de Miami. Los acercamientos con Álvaro Uribe se dieron en 2013 y, desde entonces, se ha mantenido una conversación fluida con la derecha colombiana. Desde que Petro se posesionó como presidente, el 7 de agosto de 2022, Marco Rubio, junto con otro sector de cubanos-americanos, como María Elvira Salazar, se transformaron en verdaderos palos en la rueda para lo que se autodenominó como “el gobierno del cambio”.

Si bien Trump cada vez que habla de Colombia aclara que se trata del país y no de la universidad, así de grande es su desconocimiento sobre Latinoamérica, Rubio es el que ha mantenido viva la conversación constante en la Casa Blanca sobre este país y este continente. El 3 de enero de 2025 Trump ordenó una operación quirúrgica contra Caracas, que permitió la captura y posterior extradición de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flórez a Nueva York, donde son juzgados por cargos relacionados con narcotráfico. Lo que sorprendió fue que, ese mismo 3 de enero, horas después de haber dado el golpe, Donald Trump anunciara que María Corina Machado, quien parecía la elegida de Estados Unidos para liderar la transición a la democracia, no estaba en capacidad de asumir esa responsabilidad. El gobierno Trump afirmó que esa transición la lideraría Delcy Rodríguez, alguien de la entraña chavista y la cúpula que acompañaba a Maduro seguía intocable.

Los días pasaron y, un mes después, Trump anunció la reanudación de vuelos comerciales a Caracas además de delegar una nueva jefe de negocios en la capital venezolana, lo que sería una especie de reapertura de la Embajada de Estados Unidos en ese país. Mientras tanto, la semana pasada, Marco Rubio se presentó ante el Congreso y, en su papel como secretario de Estado, informó detalles de la operación militar en Venezuela y confirmó lo que Trump ya había dicho, que la relación con Delcy Rodríguez es más que fructífera, además, dio un ejemplo de cómo, a pesar de las diferencias, podrían mantener una operación cordial con Gustavo Petro. Afirmó que eso “era democracia”.

Se llegó a creer que, por el tono usado por el presidente colombiano y por el secretario de Estado, las relaciones entre ambos estaban ya en un punto irreconciliable. Pero no fue así. Rubio estará junto a Trump en la reunión que sostendrán hoy sobre el mediodía, y cada vez se nota más afable y dispuesto al diálogo con el presidente colombiano. A pesar de representar a los cubanos de la Florida, el ala más radical del anticomunismo mundial, Rubio tiene certezas de que el presidente colombiano no es socialista y que, además, está atacando el narcotráfico con determinación. Las cifras de incautaciones y de destrucción de laboratorios así lo confirman. Regresar a la fumigación aérea sobre cultivos de coca fue tomado como buena noticia para Washington. Se sabe que la comunicación es directa con Uribe y algunos candidatos de derecha, pero Rubio sabrá aguantar estos seis meses que le quedan a Petro como presidente, sin tener algún sobresalto. Las relaciones están recompuestas.

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