La triste decadencia de la Casa de Poesía Silva

En enero me retiré unos días a terminar un libro en una casa de más de cuatrocientos años en La Candelaria. Bajaba a desayunar cerca de la plaza, entraba a ver los cuerpos humanos flagelados de Luis Caballero y por azar llegué a una calle llamada María Mercedes Carranza. En realidad, es la carrera 3 con calle 12 C. Al final de esa calle empinada, frente a un parqueadero, está la casa donde se mató José Asunción Silva. Por las fiestas de fin de año, había estado cerrada desde el 26 de diciembre hasta el 18 de enero. Sin embargo, aunque era 22, seguía cerrada. Grabé un video donde quedó plasmada mi frustración.

Hay un silencio intenso adentro de la casa, como si hasta los fantasmas se hubieran callado sus gritos. Al ver la programación, encuentro que aún se imparten algunos cursos de poesía. Pienso que hay que ser muy burócrata y no saber mucho de poesía si se imparten cursos para hacer versos. ¿Eso se puede aprender? Después de bucear por los problemas que ha tenido la casa en los últimos años, encuentro un artículo de Harold Alvarado Tenorio que anuncia, con su estilo único, apocalíptico, el fin de la casa.

La casa fue rescatada por María Mercedes Carranza en 1985, cuando era un inquilinato que estaba a la venta, en donde vivía otro poeta glorioso: Aurelio Arturo. Poco o nada importaba que ahí se hubiera muerto el poeta más hermoso del mundo. Pongo ante ustedes la portentosa voz de Alvarado Tenorio para que describa cómo fue la inauguración de la casa de poesía:

Como si se tratara de un palacete y no de una casa de inquilinato, el restablecedor colocó en las habitaciones y los corredores lámparas y arañas decimonónicas, y en las puertas y ventanas los herrajes, cerraduras y pomas originales compradas a desorbitantes precios en las anticuarias bogotanas de Chapinero, haciendo que los bastidores dieran la apariencia de la arquitectura republicana, con vidrios de colores fabricados por artesanos del barrio Egipto. Un inmenso salón fue habilitado con tres de los cuartos de habitación del costado oriental del primer patio para poner allí los libros de Eduardo Carranza, comprados generosamente por la Corporación La Candelaria y el  Banco de la República, mientras en el segundo patio se levantó un precioso comedor público administrado por Juan Francisco Samper, hermano de quien sería el presidente más corrupto de la historia del país, elegido con los caudales de los hermanos Rodríguez Orejuela como quedó confirmado en una carta dirigida al entonces presidente Pastrana Arango, desde la cárcel de La Picota, mientras esperaban ser extraditados a los Estados Unidos.

La casa vivió momentos delirantes; uno de ellos fue cuando, en un episodio de locura, el divino Gómez Jattin no reconoció a uno de los pocos hombres que pudo ayudarle, Milciades Arévalo, y lo golpeó en plena calle. El poeta del corazón de mango del Sinú también supo arrinconar a María Mercedes Carranza en otro episodio de terror. Allí investigó durante años Fernando Vallejo, para dejar lista la mejor biografía que se ha escrito sobre Silva.

Pero hoy sus puertas están cerradas. Según Alvarado Tenorio, la casa ha venido siendo saqueada después del suicidio de Carranza, quien la llevó de manera impecable. Según un informe parcial del Instituto Distrital de Cultura y Turismo de Bogotá, la Fundación Casa de Poesía Silva recibió, entre los años 1998 y 2005 la bicoca de $3.870.096. 355.oo., tres mil ochocientos setenta millones noventa y seis mil trescientos cincuenta y cinco pesos. Datos de sólo seis años, cuando “menos” dinero recibió de parte del distrito capital. No hay informes del dinero recibido entre 1986 hasta 1998, otros doce años. Y faltan los del Ministerio de Cultura y los que nunca sabremos, de la empresa privada, que en últimas fue también dinero público. El año pasado, 2019, un informe de la alcaldía bogotana sostenía haber donado a Casa Silva unos 1000 millones de pesos, sin contar los costos del comodato de la casa misma.

El actual director de la casa es Pedro Alejo Gómez, a quien vienen pidiéndole su salida desde 2021, cuando tres exempleados de la casa lo denunciaron por deberle a cada uno 100 millones de pesos. A uno de ellos le pidió que le prestara sus cesantías para asegurar el funcionamiento de la casa. Le prometió pagarle un millón de pesos mensuales de intereses. No le pagó eso ni nada. No sé si se saldaron esas deudas, pero son muchas las personas que tienen objeciones a que Alejo Gómez, hijo del de La otra raya del tigre, pueda ser el director idóneo para la casa de poesía más importante de América.

Espero ir otro día, ojalá que sus puertas estén abiertas. Quiero darle un beso al fantasma de Elvira.

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Iván Gallo

Es guionista de dos películas estrenadas en circuito nacional y autor de libros, historiador, escritor y periodista, fue durante ocho años editor de Las 2 orillas. Jefe de redes en la revista Semana, sus artículos han sido publicados en El Tiempo, El Espectador, el Mundo de Madrid y Courriere international de París.