El fracaso del libro de José Obdulio Gaviria que buscaba atacar a los que hablaron de parapolítica

Estalló José Félix Lafaurie en vivo y en directo mientras era entrevistado por Vanessa de la Torre en Caracol. Esto fue horas después de que tanto él como su esposa María Fernanda Cabal decidieron renunciar a las filas del Centro Democrático. La inconformidad que surgió a raíz de la no escogencia de María Fernanda Cabal como la candidata del Centro Democrático en la Gran Consulta. Incluso se cuestionó la manera como se llevó a cabo esa encuesta que dio como ganadora, de manera sorpresiva, a Paloma Valencia.

Lafaurie señaló a un hombre, José Obdulio Gaviria, como el culpable de esta decisión. Afirmó que lleva veinte años aconsejando mal al expresidente Uribe, fue el hombre que promovió a Juan Manuel Santos como ministro de defensa, luego fue quien se lo metió por los ojos para que fuera candidato de su partido, entonces la U, para aspirar a la presidencia en el 2010 y quien se constituiría después en la máxima traición a esa colectividad. Además, en el 2022, su injerencia fue decisiva, según Lafaurie, para que el presidente se decantara por Óscar Iván Zuluaga de cara a la candidatura a la presidencia del 2022. La decisión del matrimonio Cabal-Lafaurie de renunciar al partido.

Los centenials no lo pueden recordar pero si hubo un hombre poderoso en Colombia ese fue José Obdulio a comienzos de este siglo. Acá hacemos un repaso de su poder.

En febrero del 2008 la investigación Parapolítica, la ruta de expansión paramilitar y los acuerdos políticos, dejaba de ser una publicación enfocada sólo en los círculos académicos. La editorial Intermedio editores le apostó a sacarla y con su respaldo venderla en las principales librerías del país. Fue un éxito. Se vendieron más de 30 mil unidades en pocos meses, algo que constituye en un país como el nuestro entrar en el club de los Best Seller. León Valencia, Laura Bonilla, Mauricio Romero, sus principales investigadores, fueron objeto de amenazas por una investigación que se convirtió en el tema de conversación durante todo ese 2008 de todas las mesas. Laura Bonilla, a sus 24 años, tuvo que salir exiliada, lo mismo que Valencia y Romero.

En ese momento Álvaro Uribe Vélez contaba con una imagen favorable que superaba los 70 puntos. El uribismo, acostumbrado al aplauso de los medios, puso en la mira el libro. Mario Uribe incluso intentó golpear a León Valencia en un juzgado, el propio presidente llamó al investigador para quejarse de lo que él consideraba una “traición” ya que, si bien jamás cultivaron una amistad, entre Valencia y el entonces presidente existían unos encuentros en donde se había respirado cordialidad. Sin embargo, la voz que más duro se alzó fue la de José Obdulio Gaviria.

Para nadie era un secreto que José Obdulio había militado en la izquierda. En su primera juventud en el seminario de la Ceja -el pueblo de Antioquia donde nació en 1952- conoció a Eduardo y Carlos Pizarro, quien fuera en 1990 asesinado en un avión mientras aspiraba a ser presidente de la República bajo las toldas del M-19, movimiento en el que había militado mientras fue una guerrilla y también como partido político. En los setenta esa semilla de izquierda cultivada durante el seminario explotó con una militancia activa. En la universidad Bolivariana, mientras estudiaba derecho, era un activo miembro de los comité de izquierda e incluso le hizo pasar un mal momento a las directivas al liderar la que se conoce, hasta hoy, como la única huelga que a tenido la institución en más de setenta años de historia. Perteneció al Partido Marxista-Comunista y ayudó, ya como abogado, a sacar de la cárcel a varios líderes campesinos. Incluso en sus correrías marxistas conoció a quien sería su líder político.

Según La Silla Vacía a comienzos de la década del ochenta ingresó a Firmes, un movimiento apéndice de Alternativa, la revista liderada por Gabriel García Márquez y Enrique Santos Calderón, que vendía suscripciones como arroz en esos agitados años. Uno de los miembros de Firmes, el ex senador y profesor de la Universidad Nacional Gerardo Molina, le presentaría a Uribe Vélez. Nunca sería el mismo.

Fue su asesor ideológico mientras Uribe realizaba su controvertido paso por la gobernación de Antioquia. Fue el creador del uribismo como corriente política que no tiene mucho que ver con los sueños que siempre ha profesado la izquierda. Desde el 2003, aunque no tenía un cargo oficial, todos sabían que era el gran asesor del presidente. Por eso fue el primero en saltar ante la publicación de la Fundación Nuevo Arco Iris.

Instigado por su ideólogo, Álvaro Uribe reaccionó al libro de la Parapolítica atacando a Gustavo Petro, quien con sus denuncias en el Senado ayudó a destapar el fenómeno, incluso presentó pruebas suficientes como para terminar enlodando y acabando con su carrera como senador a Mario Uribe, primo del mandatario, y a León Valencia, director de la Fundación que lideró el proyecto. Ambos militaron en guerrillas, el primero en el M-19 y el segundo en el ELN. Uribe les pedía a ambos que revelara quienes habían sido sus cómplices en la política mientras estaban en la insurgencia durante los años setenta y ochenta. La pregunta terminó convertida en un boomerang contra Uribe. Valencia, en diálogo con Caracol Radio, recordó que José Obdulio Gaviria militaba de manera clandestina con un grupo de la guerrilla del EPL. Como abogado, en esos años, Gaviria ayudó a sacar de la cárcel a varios miembros de esa organización. Petro, mientras tanto, recordó el paso de José Obdulio en el movimiento “Firmes” en donde actuaban varios miembros del M-19.

León Valencia redondearía la respuesta: “José Obdulio era miliciano clandestino del PCML-EPL, al tiempo que actuaba como abogado”.  La sigla PCML-EPL era utilizada para identificar al Partido Comunista Marxista Leninista – Ejército Popular de Liberación, que después adoptaría el nombre Esperanza, Paz y Libertad.

Petro señaló a José Obdulio como cómplice del M-19: “él recolectaba firmas para la creación del partido de izquierda, junto con importantes cuadros del M-19, entre los cuales estaban José Buriticá, Isaías Cristancho y Marcos Avirama, que eran directivos del movimiento guerrillero. Como muchos jóvenes de la época tenía ímpetu revolucionario, pero tal vez prefirió aliarse con sus familiares”. El actual presidente de la República acaso recordaba el parentesco del ex senador con Pablo Escobar Gaviria del cual fue su primo hermano.

Si bien el contraataque de Uribe y José Obdulio terminó en autogol, éste último no se quedaría con los brazos cruzados. En septiembre del 2008 fue uno de los ensayistas que compone el libro Parapolítica, mentiras y verdades, publicado por el Centro de Pensamiento Primero Colombia. Basta ver el temario para entender que se trató de un ataque directo contra la fundación Nuevo Arco Iris. El ensayo de José Obdulio se llama Arco iris, el regreso a Toquemada y ataca los métodos de investigación que se usaron en el libro. El segundo capítulo es un tratado de Libardo Botero titulado El sistema “investigativo” de la Fundación Nuevo Arco Iris. Incluso uno de los últimos capítulos, escrito por César Mauricio Velásquez, titulado La extradición de líderes de autodefensa, pretende justificar la decisión de Álvaro Uribe tomada en el 2008, de solicitar la extradición de los 15 principales comandantes de las AUC:

-Vicente Castaño Gil

-Hernán Giraldo Serna, alias Taladro o el Patrón

-Salvatore Mancuso, alias Mono o Santander Losada

-Miguel Ángel Mejía Múnera, alias El Loco

-Diego Fernando Murillo Bejarano, alias Don Berna

-Rodrigo Tovar Pupo, alias Jorge 40

-Heiner Arias Gómez alias Julián

-Nodier Giraldo Giraldo alias El Cabezón

-Edwin Mauricio Gómez Luna, alias el Pobre Mello

-Victor Manuel Mejía Munera, alias Pablo Mejía

-Martín Peñaranda Osorio, alias el Burro

Francisco Javier Zuluaga Lindo, alias Gordo Lindo

-Juan Carlos Muñoz Gutierrez, alias Caliche

-Juan Carlos Sierra Ramírez, alias el Tuso

En el artículo se habla que Uribe, a finales del 2006, ya había advertido a los comandantes de que en caso tal de que continuaran delinquiendo, una vez se sometieran a la justicia y a las condiciones de los acuerdos, la única solución posible sería la extradición a los Estados Unidos. Éste fue un intento desesperado para explicar las razones por las que, justo cuando estaban dispuestos a contar su verdad y la relación que tenían con políticos y empresarios poderosos de Colombia, fueron sacados del país.

Sin embargo el escrito de José Obdulio Gaviria lo que más llama nuestra atención. El entonces asesor presidencial asegura que “escritores de la Fundación Arco Iris han publicado un libelo difamatorio contra Uribe. Denigran de quien se propuso, por fin, liberarnos de la peste del terrorismo en todas sus expresiones”. El capítulo es una respuesta al trabajo de Claudia López, quien hizo una investigación exhaustiva de cómo los paramilitares se infiltraron en la política antioqueña. A ella es a quien llama la Torquemada del Siglo XXI, aludiendo al líder de la inquisición española en el siglo XV. Algunos meses después en un artículo de el diario El Tiempo José Obdulio se explaya aún más sobre la percepción que tiene de Claudia López: “con pedantería de ‘académica’ recién togada”, pidió revivir la inquisición y dio por sentado que “si ella o sus compañeros de la organización de desmovilizados del Eln, Corporación Nuevo Arco Iris, señalaban a alguien como hereje ante las autoridades; si ‘relajaban el brazo secular’ a algún desviado de la fe verdadera; no quedaba más que hacer –a tales autoridades– que aceitar el potro, coser los sambenitos, secar leña para las hogueras y animar la turba a acompañar el auto de fe, a oler con fruición la traidora carne chamuscada y a despedir el espíritu cismático en su tránsito hacia el fuego eterno”.

En todo su escrito el asesor presidencial intenta desligitimar a los investigadores tildándolos de extremistas y recordando el pasado de algunos en organizaciones de izquierda o guerrillas. Gaviria aprovecha este espacio en el libro para recalcar lo que para él tiene el poder de una sentencia de divina: Álvaro Uribe pacificó al país, lo volvió un territorio de ensueño, donde el único riesgo es que te quieras quedar, como rezaba una de las campañas durante los años de la Seguridad Democrática, que buscaban vender al país como si se tratara de una marca. Se recuerda los años difíciles en los que las FARC arrinconó a los gobiernos de Samper y Pastrana, con tomas tan sangrientas como las de la ciudad de Mitú o la base de las Delicias. Se mofa del fallido proceso de paz del gobierno Pastrana con las FARC. El último de los capítulos del libro es una especie de juicio a la Corte Suprema de Justicia, sobre todo a magistrados como Iván Velásquez, quienes impidieron que la reformas del gobierno Uribe, que buscaban perpetuarlo en el poder, naufragaran.

A José Obdulio la herida nunca le cerró. Años después, en el 2012, le dedicó una columna a Valencia en donde se queja de las repetidas investigaciones desde la Fundación Nuevo Arco Iris contra Álvaro Uribe Vélez “pertenece a una cuadrilla cuya obsesión es desprestigiar la doctrina de la Seguridad Democrática y a su creador, el presidente Uribe. Él se convirtió en el terror de los terroristas, porque su doctrina resultó infalible y su acción, incontrovertible”.

El libro que en algún momento dirigió Gaviria y que pretendió ser la respuesta a la obra de Nuevo Arco Iris que cumple 20 años, apenas es recordado por algunos estudiosos. A la distancia de los años su discurso luce completamente anacrónico.

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