Charly y Mercedes: un amor tan lindo como el pan

Ella lo conoció cuando él tenía cinco años. En ese momento, finales de los años cincuenta, Mercedes Sosa era una de las nuevas figuras del folclor argentino. Una mujer con una voz tan poderosa como una manifestación. Cuando decía sus estrofas las palabras las decía el pueblo. Sobre Charly decían que era el nuevo Mozart. Como Borges, García venía de una familia bien de Belgrano y los profesores de música fueron enfáticos: el niño tenía oído perfecto.

Todo lo que se esperaba de él sucedió, aunque la muerte de su hermano y las enfermedades mentales empezaban a arrinconarlo. Con Sui Generis explotó, se inventó grupos que cambiaron la historia del rock argentino como Serú Girán o La máquina de hacer pájaros. En Colombia era extremadamente popular, no por sus más bellas canciones, sino por No me dejan salir que fue un éxito global. Mercedes y Charly se vuelven a encontrar a mediados de los noventa. Él vivía una de sus crisis más profundas. Su proyecto, El hijo de la lágrima, era lo suficientemente genial como para no ser entendida por nadie. Y sin público no hay música. Ella venía sufriendo las depresiones constantes que le quedaron desde la muerte de Pocho Mazziteli, en 1978, la persecución de la dictadura que terminó con su exilio y las tristezas de la soledad. Es que esa melancolía honda que se siente en cada una de sus canciones la sentía. Mercedes sentía, no fingía y sufría.

Por eso, en 1996, los dos estaban en un momento de crisis hasta que se encontraron y se amaron. El proyecto era que ella cantara las canciones más bonitas de él. Mercedes venía trabajando con rockeros desde 1982, cuando cantó junto a León Gieco Solo le pido a Dios y luego conoció a Fito, y Fito le llevaba las canciones de los rockeros argentinos. A ella eso del rock no es que le gustara mucho. A ella le gustaban las canciones bonitas y el rock argentino está lleno de eso. Así que se nutrió. Fue pan, fue más.

A Mercedes le decían que Charly no era un buen negocio. Era mercancía dañada. No cumplía con nadie y sus conciertos, desde el Unplugged de MTV, venían siendo un desastre. Pero Mercedes dijo: “Yo lo conozco desde niño”, él la abrazo y no se soltaron. Hicieron uno de los discos más importantes de la música en español; se llama Alta fidelidad. Allí pudimos escucharla cantando Inconsciente colectivo o Cuchillos. Fue un éxito en ventas e hicieron conciertos juntos, uno de ellos muy polémico: el Cosquín 1997. Charly nunca llegó tarde, y ella sonreía, pero después se separaron, él tuvo episodios un poco extraños, como lanzarse del noveno piso de un edificio y ella sufría con su soledad y sus problemas físicos. Pero cada vez que podían se encontraban, subían a un escenario y cantaban. Y, por un momento, dejaban a un lado su tristeza.

Y nosotros también.

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Iván Gallo

Es guionista de dos películas estrenadas en circuito nacional y autor de libros, historiador, escritor y periodista, fue durante ocho años editor de Las 2 orillas. Jefe de redes en la revista Semana, sus artículos han sido publicados en El Tiempo, El Espectador, el Mundo de Madrid y Courriere international de París.