En una ciudad donde los niños crecen rodeados de miedo, fronteras invisibles y presiones constantes de las bandas delincuenciales, un grupo de jóvenes decidió cambiar la historia desde el barrio El Progreso.
Lo hicieron sin discursos grandilocuentes, pero con una apuesta concreta: el fútbol. Así nació “Cancha segura: sembrando paz y futuro” en el barrio El Progreso, una iniciativa que convierte las canchas polvorientas en espacios de protección, vida y esperanza para cerca de cuarenta y cinco niños, niñas y adolescentes de la capital nortesantandereana.
El proyecto, liderado con los y las becarios de la Escuela de Liderazgo Juvenil en Cúcuta, con el apoyo de organizaciones e instituciones locales, buscaba prevenir el uso, la utilización y el reclutamiento forzado de menores por parte de estructuras armadas ilegales mediante una escuela de formación deportiva.
La propuesta, nacida desde la base comunitaria, se convirtió rápidamente en un símbolo de resistencia pacífica en una de las zonas más golpeadas por la criminalidad urbana de Cúcuta.
El barrio El Progreso, ubicado en la comuna 1 de Cúcuta, es uno de los sectores más vulnerables de la ciudad. Allí, las dinámicas ilegales son una realidad cotidiana. Las calles, marcadas por el abandono estatal, se convirtieron en escenarios donde el riesgo acecha desde temprana edad.
En ese contexto, “Cancha segura: sembrando paz y futuro” ofrece una alternativa concreta: un espacio seguro donde el balón reemplaza al miedo, el entrenamiento sustituye al reclutador, y la convivencia desplaza a la violencia.
“Sabemos que aquí no hay más opciones para que los menores de edad puedan desarrollar sus proyectos de vida. Nosotros les ofrecemos otra ruta, un lugar donde pueden ser niños, jugar, aprender y soñar”, afirmó Brayan Gómez, uno de los jóvenes que lideró el proceso.
La iniciativa ha beneficiado directamente a 40 niñas, niños y adolescentes entre los 7 y 16 años, quienes participan en entrenamientos deportivos, talleres psicosociales, actividades comunitarias y jornadas de formación. Además, consistió en el desarrollo de dos encuentros deportivos y culturales, y la entrega de implementos deportivos que no solo dignifican el proceso, sino que reafirman la identidad y pertenencia de los participantes.
Los entrenadores y formadores no solo enseñan técnica futbolística; también acompañan, escuchan, guían. Así, la escuela se convierte en un entorno protector, afectivo y transformador.
Una de las claves del proyecto es la articulación con actores comunitarios e institucionales. Juntas de Acción Comunal, universidades, la Alcaldía de Cúcuta, la Secretaría de Posconflicto, el IMRD, la Liga de Fútbol de Norte de Santander y diversas organizaciones juveniles y culturales se han sumado al esfuerzo, consolidando una red de apoyo alrededor de los niños y sus familias.
El fútbol, en este contexto, deja de ser solo un deporte: se convierte en una herramienta de construcción de paz, de restitución del tejido social y de fortalecimiento de las capacidades comunitarias para resistir las violencias estructurales. “No se trata solo de jugar bien, sino de vivir bien. De aprender a ganar y a perder, a respetar al otro, a compartir, a tener sueños grandes. Eso también es paz”, cuenta, Heller Albino, uno de los entrenadores.
Uno de los impactos más relevantes de “Cancha segura” es la reducción del riesgo que enfrentan los y las menores de edad; lo que les permite ocupar el tiempo libre de niños y adolescentes con actividades deportivas, fortalecer sus lazos familiares y comunitarios, y brindar referentes positivos. Además, se han identificado nuevos liderazgos juveniles que emergen desde la cancha, jóvenes que han decidido seguir formándose para acompañar a sus compañeros, replicar la experiencia y proponer soluciones concretas para los retos del barrio. También se ha proyectado la formalización de la escuela ante el Instituto Municipal de Recreación y Deporte (IMRD) y la Liga de Fútbol Departamental, lo que garantizaría su sostenibilidad en el tiempo y su participación en torneos municipales y regionales.
El proyecto, financiado por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) y acompañado por la Fundación Paz y Reconciliación (PARES) ha demostrado que cuando se combina la organización juvenil, acompañamiento institucional y voluntad comunitaria, es posible revertir los ciclos de exclusión y violencia.
“Cancha segura” no es solo un proyecto, es una declaración de principios: en Cúcuta, los jóvenes están dispuestos a defender la vida, el juego y la paz, incluso desde los rincones más difíciles. Porque cada gol que se celebra en El Progreso no es solo una victoria deportiva. Es una victoria contra el miedo.
El proyecto “Cancha Segura” fue auspiciado por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) en el marco de las Escuelas de Liderazgo Juvenil en Norte de Santander que adelantó la Línea de Jóvenes en Riesgo y Participación Juvenil de la Fundación Paz y Reconciliación (PARES).



