2025, la resurrección del cine colombiano

Que Un poeta, una película tan persona, tan dura, lograra meter en salas de cine a 300 mil personas eso es mucho para un país en donde Abelardo de la Espriella tiene serias posibilidades de ser presidente. Primero, la obra maestra de Simón Mesa pegó y duro en Cannes. Que un afiche tenga el sello de ese festival no es garantía para atraer a espectadores, al contrario, a muchos espanta. Pero es tan fresca, tan maravillosa, tan vibrante esta película, que enamora. Algunos espectadores, despistados, entraron a la sala de cine dejándose llevar por las categorías. Es que aparecía como “Comedia” y muchos esperaban El paseo 8 y la película de Simón Mesa, aunque resuma en sarcasmo, es un ejercicio de introspección, como todo cine de autor, realizado por actores naturales en donde decide burlarse de los poetas oficiales y en especial del Festival de Poesía de Medellín. Es una película en donde el Poeta, encarnado por Ubeimar Rios, va siendo desplazado en la narración por su hija y su discípula, la película termina convirtiéndose en un acontecimiento coral. El nivel de goce se mezcla con el de sufrimiento. Un poeta es un pedazo de vida, cine real, cine directo. Cuando la fui a ver escuché las risas y también los sollozos, el público había conectado. Se puede hacer algo endemoniadamente bueno que tenga además arraigo en las bases populares. La buena noticia es que Simón Mesa no tiene cuarenta años.

Del otro lado está Iván Gaona, nacido en Guepsa, Santander, el hijo del profesor del pueblo va camino a convertirse en uno de los grandes autores de nuestro cine. Adió al amigo es un cine sublime, un western filmado en el paisaje santandereano que no tiene nada que envidiarle al cañón del colorado o al desierto de Almeria. Con música de Edson Velandia y una distribución que no le hace justicia a esta maravilla, Adiós al amigo, a pesar de todo, fue un suceso gracias a las buenas críticas, a lo que llaman el Voz a Voz.

Sobre final de año otra película dura, a veces sin concesiones, fue Noviembre, quien sobrevivió al saboteo de la familia Gaona quien interrumpió lo que parecía ser un exitoso paso por cines. Gracias a Prime Video podemos verla entera en plataformas. Una película que se desarrolla sólo en los baños del Palacio de Justicia en donde estuvieron como rehenes del M-19 los 11 magistrados de la Corte Suprema que terminaron siendo asesinados en oscuras circunstancias. Un reto estilístico que terminó convertido en todo un desafío histórico.

Y ahí surgieron películas, documentales, mediometrajes que captaron la atención del público aunque no en los niveles que alguna vez tuvo. Desde las encendidas críticas de Luis Alberto Álvarez en los años setenta se está propugnando por el inicio de una cinematografía nuestra, completamente real, propia, de la que nos sintamos orgullosos. En la década pasada Ciro Guerra lo logró con tres filmes maravillosos. Las denuncias en su contra terminaron sacándolo del juego. Víctor Gaviria -a quien Simón Mesa le hace un oportuno homenaje- está también out debido a que no consigue quien pueda financiar sus películas. Y detrás vienen toda una serie de directores, de guionistas, con ganas de contar historias diferentes pero, en el cine colombiano, no hay cama pa’tanta gente. Ojalá que estos logros estéticos y algunos de taquilla en este 2025 sirvan para reactivar una industria que, aunque no da plata, si da prestigio.

Noticias al Minuto

* Las opiniones, análisis, interpretaciones y posturas expresadas en los informes, artículos y contenidos publicados en este espacio son responsabilidad exclusiva de sus autores e investigadores.

La Fundación Paz y Reconciliación (PARES) no necesariamente comparte, adopta ni se compromete institucionalmente con dichas posiciones.

Estos contenidos se presentan en el marco del ejercicio de investigación, reflexión académica y debate público, con el propósito de aportar a la comprensión de las realidades sociales y políticas del país.

Picture of Redacción Pares

Redacción Pares