El pasado viernes 31 de octubre, César Gaviria se reunió con el expresidente Uribe en la finca de este en Rionegro. El objetivo central de la reunión era buscar una coalición política que los mantuviera en el juego por la presidencia a las elecciones de 2026. La reunión duró dos horas y, una vez se abrieron las puertas de la casa finca, ambos mandatarios entregaron el balance sobre la misma. Para Uribe, estas fueron sus impresiones: “Encontré al presidente Gaviria muy abierto… Queremos colaborar en la construcción de una coalición de base democrática, incluyente, desde Abelardo al doctor Fajardo”.
Gaviria también habló maravillas de quien fue su némesis política, alguien a quien alguna vez trató de mafioso, con quien intentó incluso distanciarse durante la época de la parapolítica. Lo que buscó en esta reunión el líder del Partido Liberal fue unir a los partidos en contra de Petro. Voces de la política tradicional, como Ingrid Betancourt, aplaudieron este paso de ambos exmandatarios.
Sin embargo, hubo voces discordantes. Una de ellas fue la del director de la fundación Paz y Reconciliación, quien recordó lo nefastos que habían sido ambos gobiernos para el país y, además, la necesidad de entender que en este mundo se deben cumplir ciclos, y que no hay nada peor para la política que el envejecimiento de sus líderes. Al eternizarse en un cargo no saben cómo dar un relevo. A través de la red social X, Valencia afirmó lo siguiente:
“¡Vivir para ver! Uribe y Gaviria, en el ocaso de sus vidas, unidos para impedir un segundo gobierno de las izquierdas del país. Los une el odio, el mismo que ayer los separó, odiaba Gaviria a Uribe porque decía que era aliado de las mafias que habían asesinado a Galán, su mentor; odiaba Uribe a Gaviria porque hizo parte de los que le frustraron su segunda reelección. Ahora los une la pérdida de su gran poder, del control del Estado, de la frondosa clientela, los une la posibilidad de que sus hijos no hereden su gran influencia en los destinos de un país desigual como el que más, atravesado por violencias, pero pródigo con las élites que lo han dominado. No se resignan a que otros, distintos, los reemplacen por vías democráticas, no quieren abrirles paso a nuevas generaciones, incluso en sus propios partidos…”.
Para los espectros de la política lejanos a Petro existe una gran preocupación: los resultados de la consulta del Centro Histórico, que contó con dos millones ochocientos mil votos. Por eso, Abelardo de la Espriella, sostenido en varios influencers, decidió llenar el Movistar Arena con el elenco de Sábados Felices y un motivador profesional. Lo que parece estar lejos de concretarse es una gran alianza en los de la derecha, al parecer actúan como ruedas sueltas.
El punto es que Gaviria y Uribe son lo que se ve en la foto que se tomaron en Rionegro: más de lo mismo.



