Quedan 250 mil sobrevivientes de los campos de exterminios nazis. En sus relatos cuentan que había alguien más feroz que los SS: eran los Kapos, judíos empoderados por el alto mando alemán para cuidar el orden en Dachau, Auschwitz, Treblinka, Buchenwald, Majdanek y el largo y tenebroso etcétera. Ellos no dudaban un segundo en usar el látigo, la cachiporra, la manopla al ver la primera señal de desfallecimiento, de pereza o en último caso de rebeldía aunque, a decir verdad, estaban tan agotados los prisioneros que lo único que pensaban era en subsisitr. Los kapos creían que su actitud ladina les ganaría el favor del Reich y que se terminarían salvando de la cámara de gas, de los hornos crematorios. Eso no sucedió. El plan de Hitler, diseñado por Hitler, Heydrich y Eichmann era exterminarlos a todos.



