Con la carrera electoral en auge, las diferentes fuerzas políticas del país se organizan para buscar el “solio de Bolívar” y la mayor representatividad al interior del poder legislativo. El juego por el poder y la disputa por el escenario político se intensifica y apenas se empiezan a delinear los cuadros de lo que será la campaña de 2026.
Por ahora no hay “rostros” o nombres definitivos, puesto que todas las fuerzas políticas están sometidas a lo que se ha denominado la dictadura de que “cualquiera puede ser presidente”. Y es que, en un hecho sin precedentes, más de 50 personas han manifestado su intención de aspirar a la primera magistratura del país, independientemente de su preparación o de su alineación con las corrientes políticas tradicionales.
La decisión del Pacto Histórico en 2022, que resultó en la elección de figuras como Boreales y Zuletas al congreso, ha llevado a un debate sobre la renovación de la clase política y la creencia de que personas ajenas a la política tradicional pueden incursionar en este ámbito.
La situación política actual se caracteriza por un panorama inusual, en el que un número significativo de personas considera viable postularse a la presidencia. Es por eso que hoy tenemos decenas de candidatos, entre los cuales existe un debate sobre la idoneidad y experiencia necesarias para asumir las responsabilidades del cargo que actualmente ocupa Gustavo Petro.
En medio de este escenario diverso y de la conformación del congreso (que incluye tanto a representantes tradicionales como a figuras de influencia digital y nuevos actores políticos de 2022) comenzó la carrera presidencial con un tono marcado por la polarización proveniente de las redes sociales, con un enfrentamiento constante entre distintos sectores y con discursos políticos que reactivan y dan relevancia a figuras que ya tenían una trayectoria previa, pero que mantienen presencia en el debate público.
—¿Quién es el “gallo” de la izquierda para mantener el proyecto del cambio?
Como es lógico, el primer movimiento que se debe analizar es el de quienes actualmente detentan el poder. Se acerca el final del gobierno del presidente Gustavo Petro y los balances de su gestión son objeto de evaluación divergente entre distintos sectores políticos.
El resultado electoral de 2022 alteró el panorama político tradicional colombiano, con la elección del primer presidente de orientación izquierdista y progresista en llegar al Palacio de Nariño. Este resultado modificó la dinámica de los partidos tradicionales, que experimentaron una reconfiguración de su influencia y que implementaron estrategias para mantener su presencia institucional.
Es por esto por lo que se estableció la iniciativa denominada “acuerdo nacional”, que buscaba integrar a los partidos tradicionales con el primer gobierno de izquierda en la historia de Colombia. Sin embargo, este acuerdo no logró consolidarse y la dinámica política retornó a un modelo de negociaciones fragmentadas y acuerdos particulares con sectores específicos de los partidos políticos tradicionales.
Coordinado por operadores políticos con amplia trayectoria como Roy Barreras y Armando Benedetti, la administración experimentó una evolución en su enfoque y el proyecto inicial de cambio se adaptó a las dinámicas de la política establecida que caracteriza al sistema político colombiano.
Cabe señalar que, si bien el gobierno cuenta con cuadros provenientes de estructuras políticas tradicionales, su base electoral se compone de movimientos sociales, colectivos y sectores progresistas del país. Partiendo de esta composición, comenzaron a surgir los primeros nombres al interior del Pacto Histórico, figuras reconocidas de la izquierda tradicional, con cercanía al presidente Petro y con trayectoria en procesos sociales y bases de apoyo.
Entre ellos, el primero en manifestar sus aspiraciones fue Gustavo Bolívar, quien fuera cercano colaborador de Petro en el Congreso de 2018 y figura prominente en la campaña de 2022. Bolívar renunció al Congreso para candidatearse a la Alcaldía de Bogotá (donde no alcanzó los resultados esperados), posteriormente asumió la dirección de Prosperidad Social y actualmente se perfila como precandidato con el respaldo de Petro.
A la postulación de Bolívar se sumaron otras figuras del progresismo, entre ellas, la exministra de Salud, Carolina Corcho, quien inició actividades proselitistas en encuentros privados desde hace aproximadamente seis meses, logrando consolidar apoyos en varios sectores del progresismo tradicional.
Posteriormente, surgió el nombre de Susana Muhammad, una de las ministras de mayor reconocimiento público durante el gobierno de Petro y quien ha formado parte histórica de los sectores progresistas en Colombia. Muhammad es considerada una candidata con experiencia en la administración pública y cuenta con una trayectoria política relevante para el cargo al que aspira.
Otra figura que ha manifestado sus aspiraciones es Gloria Flórez, senadora y presidenta de Colombia Humana. Con una larga trayectoria en el progresismo, Flórez ha centrado su discurso en la búsqueda de la unidad, un tema que ha sido recurrentemente señalado como uno de los principales desafíos para las fuerzas de izquierda en el país.
Paralelamente, en medio de los movimientos políticos recientes, apareció la figura de Daniel Quintero, exalcalde de Medellín, cuya gestión ha estado marcada por múltiples investigaciones y quien se ha identificado públicamente con el movimiento progresista. Su participación en la campaña de 2022 fue notable, contribuyendo a la elección de figuras como Alex Flórez al senado. No obstante, su adhesión al movimiento ha generado interrogantes en algunos sectores políticos, lo que algunos analistas han interpretado como un giro estratégico.
Quintero ha ganado visibilidad en las encuestas, con un crecimiento más acelerado que otros precandidatos y con un aparente respaldo del presidente Petro. Sin embargo, su gestión municipal continúa bajo escrutinio debido a las investigaciones en curso, las cuales él atribuye a su confrontación con sectores políticos y económicos tradicionales de Antioquia. Cabe mencionar que procesos judiciales avanzan contra varios funcionarios de su administración por presuntas irregularidades durante su periodo al frente de la Alcaldía de Medellín, según han determinado las autoridades judiciales competentes.
El último en sumarse a la contienda fue Iván Cepeda, senador del Polo Democrático, reconocido por su trabajo legislativo y con una trayectoria relevante dentro del espectro político nacional. Fue durante un evento en la ciudad de Pasto, el pasado 22 de agosto, cuando anunció su aspiración a la precandidatura presidencial dentro de la coalición del Pacto Histórico. Su anuncio ha introducido un nuevo elemento en el panorama interno del progresismo, movimiento que en las últimas semanas ha mantenido intensas discusiones y negociaciones entre sus diferentes precandidatos.
Como lo habíamos explicado anteriormente en este análisis, las diferencias existentes entre los precandidatos no radican tanto en el aspecto ideológico (en el que todos se reclaman a sí mismos como herederos del programa de gobierno de Gustavo Petro), sino en la construcción programática de campaña y en los sectores políticos que cada precandidato representa en las bases sociales y políticas del Pacto Histórico.
Con la llegada de Iván Cepeda, parte de este escenario se ha transformado. Aunque existe un acuerdo tácito entre los precandidatos de aún no bajarse de la consulta para elegir a un candidato dentro del Pacto Histórico, fechada para el 26 de octubre, es posible y probable que antes de la inscripción de precandidaturas ante la Registraduría, el 26 de septiembre, algunos de los precandidatos con poca incidencia en las encuestas decidan desistir y lanzarse en las listas a Senado o Cámara que, dentro de la colectividad, se están construyendo.
En ese sentido, la precandidatura de Cepeda arrancó con viento en popa, en parte, tanto por el impulso que la figura de Cepeda ha tenido con el fallo condenatorio contra Álvaro Uribe Vélez, en su proceso penal por fraude procesal y soborno a testigos, en la que el hoy senador es víctima y en la que ha ganado prevalencia con el fallo, así como también estaría capitalizando el apoyo de un buen sector de la izquierda tradicional y del progresismo que no se sentía identificado con ninguno de los otros precandidatos de la consulta.
En ese sentido, a Iván Cepeda le estaría pasando algo similar al fenómeno de Francia Márquez en la consulta presidencial del Pacto Histórico de marzo de 2022, en la que capitalizó el voto de la izquierda que, aunque eventualmente apoyaría la campaña de Gustavo Petro a la presidencia en 2022, era crítico con el entonces candidato. En este caso, el peso que ha tenido en las encuestas y el flujo público que posee tras el juicio contra Álvaro Uribe también lo han vuelto atractivo para detener al otro precandidato que ha tomado fuerza dentro de la carrera por la candidatura del progresismo: Daniel Quintero.
Con la llegada de Cepeda, Quintero ha sabido aprovechar su capacidad de movimiento en redes sociales y su carisma para ocupar los espacios que precandidatos como Gustavo Bolívar han dejado abiertos. En ese sentido, Quintero ha explotado un discurso abiertamente populista, pero muy cercano a la gente, simple y directo, que le ha permitido el acercamiento de un sector de los influenciadores cercanos al gobierno (y que mueven bastante audiencia) y al progresismo más activista, que ve en Quintero a una figura con un discurso fuerte y lealtad probada al gobierno Petro.
Esto, a pesar de que Quintero ha sido una figura cuestionada por los procesos legales que tiene en su contra por presuntos actos de corrupción durante su gestión como alcalde de Medellín. En ese sentido, Quintero ha denunciado ataques internos y falta de garantías y democracia interna dentro del Pacto Histórico, lo que llevó a que amenazara con salirse de la consulta y generar un cisma interno dentro del bloque. Tras ello, el presidente Petro le conminó a quedarse y, en una reunión de su bancada la semana anterior, pidió que se le permitiera participar.
Las simpatías del presidente Petro no se han ocultado por el candidato. Tal como lo comentábamos en este análisis, el presidente estaría decantado por cualquier precandidato que bloqueara la posibilidad de que Gustavo Bolívar o Carolina Corcho se quedaran con la candidatura. Aunque Iván Cepeda afirmó, según El Espectador, que había tenido también la bendición del presidente, ya desde su discurso ha empezado a marcar una línea independiente, al afirmar también para ese diario que es el candidato del programa de gobierno del cambio, mas no del presidente Petro.
—¿Y el frente amplio?
Ahora bien, el candidato que resulte del pacto deberá integrarse a lo que se ha denominado “el Frente Amplio”, espacio donde convergerían otros sectores de izquierda y liberales progresistas con el objetivo de conformar una plataforma única que se presente como alternativa a los partidos tradicionales y a las fuerzas políticas conservadoras del país.
Este “Frente Amplio” está siendo impulsado por una figura conocida de la política colombiana, Roy Barreras, quien aspirará por su partido Fuerza de la Paz e invita a sumarse a otras fuerzas políticas como Camilo Romero (en representación del Partido Verde), Clara López y el movimiento Unitarios, además del candidato que eventualmente surja del Pacto Histórico.
La iniciativa busca consolidar una candidatura única que pueda enfrentar electoralmente al uribismo, a la derecha y a los partidos tradicionales, con el propósito de mantener al menos parte de los fundamentos del proyecto de cambio impulsado en el actual gobierno.
Por ahora, este frente amplio existe principalmente como propuesta conceptual, pero no ha evidenciado avances significativos en la construcción de la estructura organizativa necesaria para su funcionamiento y materialización concreta.
—El campo de disputa está ahora en el Consejo Nacional Electoral
No obstante, todo lo que se ha pensado frente a la consulta y a la elección de las listas abiertas dentro del Pacto Histórico está volando en el aire, debido a que el Consejo Nacional Electoral aún no ha decidido de fondo sobre dos temas fundamentales para permitir que estas iniciativas se concreten.
Por un lado, el CNE aún no ha tomado una decisión sobre la escisión del movimiento “Progresistas” del partido MAIS. Esta escisión, liderada por la senadora María José Pizarro ha estado trabada desde finales de 2024, cuando el partido le dio vía libre a la separación. No obstante, la decisión del Consejo Nacional Electoral se decantó inicialmente por negar la escisión apelando a un concepto jurídico que no se tuvo en cuenta durante la escisión de otros partidos, como Dignidad y Compromiso, y que señala la imposibilidad de que los partidos se transformen en su interior cuando se ha iniciado proceso sancionatorio en contra de los mismos.
En el caso del partido MAIS, existen varias investigaciones en curso relacionados con incumplimientos en la presentación oportuna de gastos de campaña electoral y otros aspectos normativos electorales.
Si el CNE apoyara la ponencia del magistrado Alfonso Campo, María José Pizarro no podría lanzarse como precandidata dentro del Pacto Histórico, puesto que su movimiento no tendría posibilidad de fundirse con el bloque de partidos, y tendría que lanzarse por cuenta propia a la presidencia para evitar caer en doble militancia.
Del mismo modo, el Consejo Nacional Electoral determinó el pasado 8 de septiembre permitir la fusión entre el Polo Democrático, la Unión Patriótica y el Partido Comunista (junto con la Minga Indígena y Social, sin personería jurídica) para la conformación del Pacto Histórico. No obstante, el fallo impedirá que la Colombia Humana, partido del presidente Petro, ingrese a dicha colectividad.
La consecuencia inicial de esta decisión es que la Colombia Humana deberá lanzar sus propias listas al Congreso, diferentes a las listas que el Pacto Histórico puede construir. Del mismo modo, los precandidatos presidenciales avalados por la Colombia Humana no podrán participar de la consulta del Pacto del 26 de octubre. Contando con que el CNE iba a dar un fallo favorable a la unidad entre los 4 partidos, muchos de los precandidatos presidenciales y a las legislativas se han estado moviendo en una zona gris en las que esperaban que el aval viniera por el nuevo movimiento.
Aunque ya los precandidatos del Pacto y el mismo partido indicaron que tomarán medidas jurídicas para reversar la decisión del CNE, lo que sí es verdad es que el bloque tiene el tiempo en contra. Las elecciones primarias son el 26 de octubre. Si el CNE no toma una decisión de fondo o se mantiene en la misma decisión, del partido de unidad nacerían, por lo menos, 3 partidos más pequeños, cuyo reto fundamental será buscar los votos para mantener la bancada con la que el bloque llegó a ser una de las principales fuerzas políticas de Colombia en 2022.



