Maquinarias u opinión. La apuesta de Vargas Lleras

Editora Ariel Ávila, Columnistas, OPINIÓN

Por: Ariel Ávila, subdirector de la Fundación Paz y Reconciliación -Pares

Siempre se ha dicho que para ganar una elección presidencial se necesitan tres cosas: maquinarias, es decir, aparato político; mucho dinero y voto de opinión. Por maquinarias, en Colombia, se entienden dos cosas; la infraestructura logística y presencial de los partidos políticos a nivel local y regional y también se entiende el apoyo de los políticos o caciques regionales clientelistas, la mayoría de ellos corruptos, a los candidatos presidenciales.

En todo caso, luego de los múltiples escándalos de corrupción, entre ellos Odebrecht, el cartel de la hemofilia, el Sida o los carruseles de estudiantes fantasmas, todos ellos mecanismos diseñados para desfalcar dineros del Estado, se presentó una situación atípica para Colombia. Un gran sector de la sociedad comenzó a despreciar todo lo que ejemplifica la corrupción, el clientelismo y lo que muchos llaman el político tradicional. Además, con una sociedad de postconflicto, el país si bien sigue atrapado en la agenda de seguridad, también es cierto que se ha comenzado a abrir una ventana democrática, que va más allá del discurso del miedo.

Las campañas de Iván Duque y Vargas Lleras, ambos de derecha, se disputan uno a uno el apoyo de estos políticos clientelistas y corruptos. Duque puntea en las encuestas con una preferencia electoral que va del 35% al 39% y Vargas va cuarto con números que rondan entre el 6% y 11%. Así, por ejemplo, la campaña de Duque recibió el apoyo de la estructura política de Kiko Gómez, el exgobernador del norteño departamento de La Guajira, quien fue condenado por múltiples homicidios. Se le investiga por relaciones con narcotraficantes y durante su administración miles de niños indígenas murieron de hambre y sed y miles de millones se perdieron en las redes de corrupción. Igualmente, Vargas Lleras logró arrebatarle a Duque el apoyo de los Ñoños. El concepto de ñoños, se utiliza para definir un grupo de políticos corruptos, la mayoría presos, que utilizaron los recursos del Estado para enriquecerse y apoderarse de varios municipios y un departamento del país.

Por el otro lado, las candidaturas de Fajardo y Petro, el primero de centro y el segundo de izquierda, basan sus principales apoyos en el voto de opinión y muy poca maquinaria y con problemas financieros en sus campañas. Sin embargo, Petro va segundo en las encuestas con un porcentaje de votos que va del 25% al 31% de las preferencias electorales. Mientras que Fajardo va tercero con un promedio de entre 13% y 17% puntos porcentuales. Este último ha venido ganando, en promedio, dos puntos por semana en el último mes.

Las campañas de Duque y Vargas han sido atacadas por sus respaldos políticos y les ha costado mucho en el voto de opinión. Pero la estrategia comunicativa ha sido eficaz en cuanto a dibujar a Petro principalmente y en menor medida a Fajardo como candidatos “castrochavistas”. Es decir, intentan ganar voto de opinión sacando a votar a la población con miedo. Algo que se ve a lo largo de Centro y Sur América. Pero aun así, no han logrado detener las críticas de un sector de la sociedad y ya se da por hecho que habrá segunda vuelta o balotaje.

De hecho, la campaña de Vargas Lleras le apuesta a movilizar toda su maquinaria el día de las elecciones y pasar de los 10 u 11 puntos en las encuestas a un resultado del 27% de los votos, superando así a Petro o Fajardo. Es decir, aspira a que la maquinaria le ponga por los menos tres millones de votos.

El pasado 11 de marzo, en las elecciones al Congreso de la República, votaron poco más de un millón de colombianos más de los esperados. Muchos de ellos salieron a votar en contra de la corrupción. Esta vez, parece que la disputa será igualmente entre si salen más votos de opinión o las maquinarias, con ríos de dinero, logran aceitarse o voltear las encuestas. Duque aspira a ganar en primera vuelta con más del 50% de los votos y evitar el balotaje; y Vargas pretende quedar segundo. Veremos al final qué tanto funcionan sus aparatos políticos.

 

Publicado en El País