Viaje al frente del Eln que destrabó la negociación



Después de un viaje de tres horas en lancha y una larga caminata entre maleza, boinas y fusiles, en algún lugar de la selva profunda del Chocó aparece una de las células del amplio Frente de Guerra Occidental del Ejército de Liberación Nacional (Eln). Es el frente que mantiene cautivo a Odín Sánchez. Se rumora que ha sido la manzana de la discordia para encarar los diálogos de paz con el gobierno de Juan Manuel Santos. Mientras el país era notificado la semana anterior de la apertura de esa negociación en Ecuador, escucho sus reflexiones sobre esa noticia y otros asuntos de la guerra y la paz.

De entrada, el Frente de Guerra Occidental de la insurgencia del Eln manifiesta que no es traba de ninguna negociación de paz y, a través de uno de sus comandantes, Uriel, expresa protocolario: “Lo primero que queremos aclarar es que no hay división en el Eln. El establecimiento es feliz difundiendo este rumor y los medios le hacen eco, pero no es cierto. El Eln es una sola fuerza centralizada. Ese centralismo democrático permite que se pueda pensar diferente y tenemos derecho al disenso en posiciones, pero no significa que tengamos divisiones internas”.

El comandante Uriel es un hombre relativamente joven, de faz seria, que se muestra escéptico cuando señala con sus manos la realidad circundante: “Ustedes lo han visto: el Chocó es una región olvidada, a nadie le importa, por eso es que este frente desconfía de la voluntad real de paz del Gobierno. Las razones para continuar la guerra son las mismas que nos dieron origen hace 52 años: falta de oportunidades, inequidad, despojo de tierras, inestabilidad laboral, falsos positivos, asesinato de líderes. No vemos por qué