Un vago metido en escabrosas investigaciones judiciales

Por: León Valencia, director – Pares


La elección de Arturo Char como presidente del Senado indica que ni la rebelión social, ni la crisis inédita que vive al país a causa de la pandemia, empuja a la clase política a realizar cambios. Ni siquiera mínimos cambios. Mover un acuerdo. Pensar en las personas que designan para ocupar altos cargos. Son ciegos y sordos ante el llamado que les hizo la sociedad a finales del pasado año con la protesta social y la elección de alcaldes y gobernadores alternativos y ante la tormenta desatada por la Covid 19.


Ni Cambio Radical -el partido que por acuerdo debía postular el candidato- ni los demás partidos, fueron capaces de preguntarse por el momento del país y por las calidades profesionales, morales y éticas de quien debe presidir el legislativo en un momento decisivo de la vida nacional.


No hay disculpa. Hay hechos inmediatos y públicos que obligaban a sacar a Arturo Char del llavero de los candidatos a presidir el Congreso. No era necesario remontarse a la historia familiar. El señor Char está señalado por Aida Merlano de participar en la trama de corrupción que la llevó a la cárcel y también de haber participado en la burlesca fuga que protagonizó la condenada.


Por estas acusaciones, la Corte Suprema adelanta una indagación. Es un impedimento ético indiscutible. Pero si esto fuera poco, está el impedimento profesional. La organización Trabajen Vagos le registra 149 asistencias al Congreso entre los años 2014 y 2018. Un vago metido en esca