Ser líder no es delito

Por: Walter Aldana. Columnista Pares.


Cuando de niño, mi padre Ángel María, me llevaba a las reuniones de futuros pobladores del barrio Policarpa en Bogotá, lo veía hablar y me sentía orgulloso, solo comparable con Kalimán o Arandú, las novelas que me leían mis hermanos José Ángel o Arcadio.


Y el gran hombre enfundado en una chaqueta de cuero negra fue mi ídolo, era ni más ni menos mi guía, mi referente de palabra y rectitud en el actuar, cuando en el colegio me colocaron por tarea hacer una poesía, ahí, él, imponente, con su sabiduría practica desescolarizada pero profunda: “ estamos terminando año, ya vienen las elecciones, estamos aguantando hambre nosotros los proletario…”.


En esa época ser líder o lideresa social no era un oficio peligroso, nunca cuando él salía quedamos en casa pensando que no lo podrían desaparecer, pegar un tiro de granada del Esmad en una vista, o buscar que una sección de la “justicia” en Santa Marta le solicitara a un juez en Popayán para librar una boleta de captura contra un hombre que está en otra ciudad, como le ocurrió a Robert Daza.

Lo anterior es clara muestra del montaje judicial.


Y cuento la historia con mi padre por que Robert y él tienen parecido, los dos por ejemplo hacían sus oficios con total responsabilidad el uno en el almacén donde laboraba y Robert en su parcela, en su tierra.