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Se negocia un cese de hostilidades con el ELN

Por: Germán Valencia

Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Antioquia


Cuando terminó el primer ciclo de conversaciones entre el Gobierno Nacional y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) en Caracas, Venezuela, en diciembre pasado, no nos imaginábamos que el segundo ciclo –que se viene desarrollando desde el 13 de febrero en la sede de la Conferencia Interamericana de Seguridad Social de la Ciudad de México– iniciaría con la discusión del importante pero espinoso tema de un cese bilateral al fuego.

Este tema comenzó a posicionarse tan solo a mediados de enero, un par de semanas después del desafortunado anuncio que hizo el presidente de la República Gustavo Petro de una tregua multilateral al fuego con varios grupos armados ilegales, entre los que incluyó al ELN. Anuncio que fue desmentido días después por la agrupación armada y catalogado por ella misma como una “crisis” en las nuevas negociaciones de paz con el Estado colombiano.

Un impasse que provocó, como vemos, un aplazamiento del abordaje del fundamental punto uno de la agenda con el ELN, relacionado con la participación de la sociedad civil en los diálogos de paz. Se generó un dejar para después este componente que es, tal vez, el más importante y estratégico para la construcción de un tratado de paz que ponga fin a la guerra con la última guerrilla de Colombia y el continente americano.

Afortunadamente, la discusión sobre el cese al fuego y de las hostilidades es un tema que, sabiéndolo abordar –como se intenta hacer en esta ocasión– tiene la virtud de abrir varias ventanas de oportunidades para el proceso, con lo que se puede avanzar metodológicamente el camino que quieren las partes en este nuevo y, esperemos, definitivo encuentro: la implementación inmediata de los acuerdos a los que se llegue, para aumentar confianza y efectividad en las negociaciones.

Entre la ventana de oportunidades que abrió está la obligación del ELN de inyectarle a este tema imaginación y novedad. Pues produciría un desconcierto en la sociedad el anuncio de un cese al fuego tradicional: esta guerrilla nos tiene acostumbrados a realizar actos de este tipo de manera sistemática –en épocas de navidad, de Semana Santa, en elecciones, etc.– y resultaría poco estratégico que, en esta ocasión, luego de tanta discusión y alboroto, nos ofrecieran lo mismo. De allí que se puede decir que se avecinan, por lo menos, cuatro cambios en este tema.


El primero es un paso del énfasis de un cese al fuego a uno de reducción de las hostilidades. Las partes están trabajando en México en cambiar el foco de una tregua o cese del uso de los fusiles y tropas, como es habitual, a una reducción de las hostilidades contra la población civil. El objetivo es que se reduzcan las acciones tradicionales contra los civiles, como el minado, los secuestros, las retenciones, el reclutamiento de menores y las extorsiones; pero también sutiles, como el confinamiento obligatorio y el cumplimento de normas sociales que hacen parte del ejercicio del poder territorial. Acciones en las que se involucra a niños, niñas, adolescentes, mujeres y ancianos. La idea principal es afectar lo menos posible a estas poblaciones.

El segundo cambio se encuentra en el enfoque territorial del cese al fuego. Aunque el deseo es que sea una tregua nacional, en un primer momento el ELN está hablando de una parálisis de actividades asociadas a la guerra en varios de los territorios donde tiene presencia. La confluencia de otros actores en los territorios donde el ELN hace presencia ha provocado una complejización del conflicto. Lo más apropiado es que se comience con ceses a las hostilidades donde esta guerrilla tiene mayor dominio y luego se amplíe a otros territorios, en los cerca de 200 municipios –el 20% de los que conforman a Colombia– en donde el ELN tiene presencia armada.

Este énfasis territorial provoca la aparición de una tercera novedad en la que ya se viene trabajando: el imperativo de implementar de forma inmediata lo acordado. Esta es una actuación que se ve en la práctica y en movimiento. En el primer ciclo se acordaron varios alivios humanitarios y es evidente que las partes trabajan en esto, tanto con los presos políticos como mediante de la caravana humanitaria que hace poco recorrió zonas del Bajo Calima y el Medio San Juan en Chocó. La idea nuevamente es que el cese de hostilidades tenga inmediata aplicación.

Finalmente, una cuarta innovación sería en el giro de un cese de hostilidades temporal a uno permanente. El hecho de que el ELN desarrolle el cese al fuego y de las hostilidades en sus territorios, con la población con la que tiene vínculos y afectos, hará que sea muy difícil que un derecho adquirido y en el que se avanza positivamente se retroceda con el pasar del tiempo. Que se quede lo ganado, esta sería la exigencia que la misma comunidad le haría a los armados. Convirtiendo un alivio temporal en uno que sea difícil quitar, al menos, por el ELN que pone siempre a la población en primer lugar.

Todos estos hechos aumentarán los alivios humanitarios en las regiones que sufren el conflicto. Con ello la población y las comunidades se darán cuenta de las bondades de la paz, verán que los pactos de cese a las hostilidades se materializan en transformaciones reales en la vida, pudiendo realizar sus labores normalmente y aumentando la confianza ciudadana en el proceso. Con lo que se avanzaría, incluso, en el primer tema de la agenda, en la participación de las comunidades. Mejorando el clima para las conversaciones y brindando garantías materiales para su participación.


En conclusión, la temprana inclusión en la agenda de cese al fuego y hostilidades está posibilitando al proceso realizar cambios importantes. Las partes están trabajando con imaginación y creatividad, intentando diferenciarse de otros procesos de paz en materia de cese al fuego. Y con ello, al mismo tiempo que se respetan los protocolos, le están dando al ELN protagonismo y diferenciación con otros actores involucrados en la Paz Total.


Esperemos que este giro que está permitiendo dinamizar las discusiones, también haga que se mire con otros ojos la participación de la sociedad civil en los diálogos de paz, para que se dé algo similar: que se retomen los aprendizajes, se capitalicen experiencias y se inyecte novedad, que sea otro acto creativo donde se inventen nuevas rutas para avanzar en las transformaciones que requiere la democracia, como rezan los otros puntos de la agenda de negociaciones.

 

*Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad de la persona que ha sido autora y no necesariamente representan la posición de la Fundación Paz & Reconciliación al respecto.

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