Reforma política de Duque, un ‘saludo a la bandera’

Por: Isaac Morales Pérez. Investigador Nacional Pares.


El pasado martes 7 de mayo, la ministra del Interior, Nancy Patricia Gutiérrez, decidió hundir la propuesta de reforma política cuando ya se encontraba en el primer debate de segunda vuelta del proceso legislativo, quinto del trámite propio de una reforma constitucional.


En un trino, la ministra afirmó: “El Gobierno no insiste en la reforma política sin dos de sus puntos centrales: lista cerrada y participación del 50% de las mujeres en las listas. No tiene sentido seguir adelante con un proyecto que no ataca los principales focos de corrupción”.


Sin embargo, esto se puede interpretar como un fracaso más del gobierno Duque en la agenda legislativa de este periodo.


Las últimas reformas políticas


Las reformas políticas en Colombia han sido circunstanciales desde 1991. En el gobierno de Samper se hablaba de limitar el número de partidos políticos, el de Pastrana se centró en aspectos como la modificación del sistema electoral y atacar la ‘operación avispa’ de los partidos, sin embargo ambos intentos fallaron.


Las reformas desde el 2003 en adelante, en cabeza de Uribe, quisieron organizar el sistema de partidos, reducir listas, limitar personerías jurídicas, implementar el umbral, crear un régimen de sanciones y la inclusión de la mujer o ‘listas cremallera’, entre otros aspectos.


En los periodos presidenciales de Santos, se dio la reforma al Equilibrio de poderes que con nombre de “reforma política”, y en el fondo era una reforma a la administración de justicia.

Posteriormente, tras el Acuerdo de Paz y en el marco del Fast Track, se presentaron propuestas que garantizaban la participación política de FARC.


Hoy, el gobierno del presidente Duque busca presentar una reforma cuyo centro de gravedad es la lista cerrada, lo que implica unos lineamientos frente a la democracia interna de los partidos, ya que sin mecanismos concretos en ese sentido, los partidos caerán en vicios internos de gamonalismos más marcados que resultarían en irregularidades internas.


Vale la pena aclarar que la democracia interna ha sido un tema que se ha incluido en las reformas políticas desde 1992, pero la verdad es que es un ‘monstruo’ al que los partidos le temen, pues reclaman la no injerencia del Estado en sus asuntos internos.


La reforma de Duque, una colcha de retazos


Lo cierto es que la lista cerrada no es la panacea a los problemas de organización del sistema de partidos, pero sí se tiene como un elemento que orienta a la institucionalización de los partidos y el fortalecimiento general del sistema.


La actual reforma política resultaba ser una colcha de retazos en la que partidos y gobierno quitaban y ponían parches.


Se proponían cambios que iban desde la disminución de la edad de votación a 16 años, segunda vuelta en elecciones a las alcaldías y gobernaciones, vicealcaldías y vicegobernaciones y límite de periodos.


Además, incluía la creación de una Corte Electoral, una iniciativa presupuestal del Congreso, el Senado regional, mecanismos de democracia interna, y hasta la lista cerrada y procesos de verificación automática de candidatos por parte de la Corte Electoral.


Si bien la reforma política debe incluir muchos de estos aspectos que apunten a la resolución de problemas estructurales, los cambios se deben hacer de forma gradual y no necesariamente por medio de actos legislativos que requieren un proceso más cuidadoso.


Existen alternativas tales como las leyes estatutarias que tienen un proceso ordinario, y así lo han manifestado varios expertos y organizaciones de la sociedad civil preocupados por el tema de la reforma política.


Finalmente, la ministra Gutiérrez ha confirmado que el próximo 20 de julio, cuando inicia una nueva legislatura, el gobierno presentará un nuevo proyecto de reforma.


Sin embargo, lo que el gobierno debe hacer es ampliar el diálogo a los sectores, crear un paquete legislativo que comprenda reformas de tipo estructural y otras constitucionales acompañada de organizaciones expertas, y sobre todo, no repetir errores del pasado reciente.