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Radiografía de un proceso electoral cuestionado: del potencial triunfo de maduro a la crisis final de la democracia venezolana

Por: Oscar A. Chala, investigador de la Línea de Democracia y Gobernabilidad


Foto tomada del:El País



Según la más reciente encuesta publicada por Meganálisis en el vecino país, sin la presencia de María Corina Machado, el triunfo de Nicolás Maduro es inminente en Venezuela. Con acusaciones de traición y colaboracionismo entre candidatos opositores, y sin muestras de que el oficialismo quiera levantar las inhabilitaciones contra Machado, parece que las elecciones serán una pantomima para legitimar un tercer período de Maduro y la profundización del cambio político que, sutilmente, viene trabajando desde finales de 2023.


Fuente: Meganálisis - Twitter/X.


Lo que salta a la luz es que, si su mandato es renovado, Maduro ganaría con un porcentaje muy ínfimo de votos, frente al abstencionismo que ha venido creciendo elección tras elección en el país. Del mismo modo, barrería contra cualquier otro candidato opositor, doblando a Manuel Rosales y dejando sin posibilidad a Benjamín Rausseo y a Antonio Ecarri, que son los otros candidatos que se disputan la tercería de la independencia en Venezuela.


Sólo un 13,2% de electores votaría por Maduro, que se reflejaría en el 56,89% en votos potencialmente escrutables. Aunque es un triunfo arrollador, en realidad parecería no estar legitimado por una amplia mayoría en las urnas.



Fuente: Meganálisis - Twitter/X.


No obstante, los resultados cambian cuando se observa un potencial escenario en el que Corina Yoris se enfrenta a Maduro. Allí, Yoris lograría ganar con un 38% de los votos sobre Maduro, quien quedaría en segundo lugar con 10,4%, y recortaría cualquier posibilidad de Manuel Rosales, quedando tercero con el 2,5%. Este escenario es al que parece que Machado y la oposición (agrupados en la Mesa de Unidad Democrática —MUD— y la Plataforma Unitaria) le están apuntando para poder ganarle al oficialismo en los comicios.


No obstante, los votos de María Corina no son fácilmente endosables, pues Yoris recogería un poco más de la mitad de lo que mueve Machado (38,5%) y Rosales sólo el 6,7%, lo que implica que hay un fuerte reto para la oposición venezolana de asegurar que la figura de María Corina siga siendo visible junto con la candidatura final de la oposición, si se pretende que ésta recoja los votos de la mayoría de la población en Venezuela.



Fuente: Meganálisis - Twitter/X.


Maduro y las últimas pinceladas que borran la mirada de Chávez



Fuente: El Mundo.


Nicolás Maduro aspira a su segunda reelección y a un tercer período en el Palacio de Miraflores, ocultando la célebre mirada de Hugo Chávez Frías, famosa por volverse una marca pública del oficialismo en todos sus eventos, y mirando hacia el Lejano Oriente, donde el gobierno venezolano ha puesto sus esperanzas políticas y económicas, luego de una caída del PIB del país petrolero a más del 80% desde 2013.


Esta transición da un timonazo que, según el diario El País, comenzó en 2019, cuando el gobierno Maduro abandonó cualquier intento de retomar un discurso económico alternativo. Las sanciones internacionales, la incapacidad de generar un nuevo aparato productivo no dependiente de las rentas del petróleo y la destrucción de la industria existente, junto con la creciente corrupción y la dependencia a modelos económicos basados en las rentas que dejan las economías ilegales forzaron al gobierno de Maduro a dar un viraje que comienzan a mirar hacia Oriente como la ruta para poder generar un modelo económico capaz de soportar cualquier bloqueo o sanción, como sucede con el capitalismo estatal ruso o el modelo mixto chino.


No obstante, las dificultades para poder consolidar un modelo productivo de tal envergadura en tan poco tiempo están a la orden del día, y el gobierno de Maduro se ha lanzado a consolidar de todas las formas posibles su poder, antes de profundizar en un nuevo experimento económico de privatizaciones bajo fuerte regulación y participación del Estado.

Según la Poderopedia, Nicolás Maduro es oriundo de Caracas y nació el 23 de noviembre de 1962. Su padre era un sindicalista y su madre era de origen colombiano. Durante su juventud, Maduro estuvo en constante contacto con militancias de izquierda y se formó políticamente en La Habana. A finales de los 80, se convirtió en conductor de Metrobús en Caracas y eventualmente fundó el Sindicato de Trabajadores del Metro de Caracas (SITRAMECA).


En 1997, se unió al MVR, partido que apoyó la exitosa campaña presidencial de Chávez en 1998. Fue elegido diputado del antiguo Congreso de la República por el Distrito Federal en 1998. En 1999, fue elegido diputado en la Asamblea Constituyente, presidiendo la Comisión de Participación Ciudadana. Posteriormente, fue elegido diputado a la Asamblea Nacional de Venezuela en 2000 y presidió la Comisión Permanente de Desarrollo Social Integral hasta 2005, año en el que fue elegido presidente de la Asamblea Nacional. y en 2006 fue nombrado Ministro del Poder Popular para las Relaciones Exteriores.


Tras la muerte de Chávez en 2013, Maduro asumió el cargo de presidente encargado de Venezuela hasta la celebración de nuevas elecciones presidenciales, donde fue electo como presidente posteriormente con el 50,61% de los votos, frente al 49,12% obtenido por Henrique Capriles.


En 2015, la oposición ganó las elecciones parlamentarias y buscó sacar a Maduro del poder, sin mucho éxito. Como consecuencia, el Tribunal Supremo de Venezuela declaró que la Asamblea Nacional estaba incurriendo en acciones ilegales y para 2017 usurpó sus funciones, que luego pasaron a la Asamblea Nacional Constituyente.


En 2018 Maduro ganó las elecciones y fue reelecto por segunda vez, sin enfrentarse a la oposición (que decidió no presentarse debido a la oleada de inhabilitaciones que le impidieron participar) y con el 67,84% de los votos, en medio de un creciente ambiente de abstencionismo electoral, pues para estos comicios sólo participó el 46,07% de electores.

 

Así quedó el tarjetón electoral


Fuente: TalCual.com


Luego del cierre de las inscripciones de candidatos el 25 de marzo, el CNE aceptó 13 postulaciones. De aquellas, la Plataforma Unitaria logró tener una sola, luego de inscribir en prórroga al exdiplomático Edmundo González como candidato comodín y suplente para conservar el espacio en el tarjetón para la oposición.


Por otro lado, Manuel Rosales logró inscribirse como candidato, conservando otro espacio para la oposición, aun cuando desde la campaña de Machado se le considera “traidor” por haber tomado esta acción sin consultarlo con los demás partidos de la Plataforma.

Maduro se presentó bajo el aval de 12 organizaciones políticas que integran el llamado “Gran Polo Patriótico Simón Bolívar”, que ha sido desde 2012 la plataforma de unidad de los partidos oficialistas. Así mismo, se postuló como candidato José Brito, quien ha sido señalado de dirigir y encarnar a la “oposición colaboracionista” de Venezuela.

 

Corina Yonis: la apuesta es por los impolutos



Fuente: El Tiempo.

 

La mayor incertidumbre que pesaba sobre la oposición venezolana giraba alrededor del nombre que reemplazaría a María Corina Machado como candidata, luego de que el Tribunal Supremo de Venezuela ratificara la inhabilidad de 15 años en su contra.


El nombre surgió el 22 de marzo, un día después de haberse abierto el plazo de inscripciones de candidatos, y siguiendo la estrategia de prudencia que María Corina y su comando habían lanzado para evitar, en cualquier caso, algún movimiento del Consejo Nacional Electoral o de los entes de control que terminara impidiendo que otro candidato se inscribiera.


Hasta hace poco, Corina Yoris era una figura desconocida en la política venezolana. Fue miembro principal de la Comisión Nacional de Primaria de la Plataforma Unitaria de la oposición venezolana de cara a los comicios presidenciales de 2024, nombrada desde 2022, habiendo llegado allí a través del comando de César Pérez Rivas, otro político opositor.

Yoris es licenciada en Letras y licenciada en Filosofía de la Universidad Católica Andrés Bello, con maestría en Literatura Latinoamericana en la Universidad Simón Bolívar, maestría en Lógica y Filosofía de la Ciencia en la Universidad de Salamanca, de España, y doctora en Historia de la Universidad Católica Andrés Bello.


Ha desarrollado prácticamente toda su vida en la academia, siendo docente universitaria y ha sido directora del Área de Humanidades y Educación de posgrados de la Universidad Andrés Bello, además de haber presidido la Sociedad Venezolana de Filosofía y la Sociedad Venezolana de Lógica.


Es precisamente su perfil bajo académico y su poca participación en política lo que la hicieron atractiva para ser seleccionada, pues sin un alto perfil político, el Consejo Nacional Electoral de Venezuela no podía excusarse en inhabilidades o sanciones en su contra para poder participar. Parecía que la jugada permitiría tener a la Plataforma Unitaria una candidatura viable, pero a Yoris se le impidió inscribirse como candidata durante la ventana de plazo que el CNE abrió entre el 21 y el 25 de marzo, aduciendo fallas técnicas que no permitieron que Yoris pudiera registrarse a tiempo.

 

Manuel Rosales y las acusaciones de “traición”



Fuente: El Tiempo.


En aquella vorágine de inscripciones de candidatos que sucedieron el último día que quedaba como plazo (25 de marzo), se conoció que Manuel Rosales, actual gobernador del Estado Zulia, había logrado meterse en la contienda con el aval de su partido Un Nuevo Tiempo (UNT), uno de los partidos más grandes de la oposición venezolana. La movida fue vista de inmediato como un acto de “traición” dentro de la oposición venezolana, pues no había sido informada ni concertada con el comando de la Plataforma Unitaria.


Rosales es un viejo lobo de la política venezolana. Fue alcalde de Maracaibo en el año 1995, gobernador del Estado Miranda en el año 2000, reelegido para aquella gobernación en 2004, candidato presidencial contra Hugo Chávez en 2006, y reelecto alcalde de Maracaibo en 2008. En 2009, fue acusado por la Fiscalía Nacional de haber cometido actos de corrupción, por lo que marchó al exilio al Perú, habiendo cedido su cargo en la alcaldía a su esposa, Eveling Trejo de Rosales.


Volvió del exilio en 2015, luego de que un tribunal aceptó la nulidad de su juicio debido a acusaciones fraudulentas en su contra. Al regresar, fue capturado por la inteligencia venezolana (SEBIN) debido a otro proceso abierto por corrupción. No obstante, fue absuelto y liberado en 2016.


Rosales se defendió de las acusaciones de Machado y de la oposición. Indicó que inscribió su candidatura precisamente para ponerla a disposición de la Plataforma Unitaria, en caso de que María Corina o alguno de sus candidatos decidiera presentarse sin trabas por el CNE, al mismo tiempo que defendió la candidatura de Corina Yoris y señaló que siempre ha estado en desacuerdo con las inhabilitaciones en contra de Machado y Capriles. Pero para la oposición venezolana, Rosales “pescó en río revuelto” y se lanzó aprovechando la atomización que se generó con las irregularidades en la inscripción en el proceso electoral.

 

Edmundo González y la inscripción de último minuto


Fuente: Diario ABC.


Mientras el tarjetón de candidatos terminaba de definirse luego del cierre del plazo de inscripción de candidatos, la oposición logró, en medio de negociaciones y diálogos, abrir una prórroga para inscribir un último nombre ante el CNE.


Con el aval de la Mesa de Unidad Democrática (inhabilitada para participar en política desde 2018), Edmundo Gónzález entró en la competencia y aseguró un lugar para la oposición. Luego de su inscripción, varios dirigentes de la Plataforma Unitaria indicaron que su nombre era provisional, mientras lograban inscribir a Yoris en el plazo abierto en el calendario electoral para cambiar nombres y definir candidaturas, que va desde el 1 al 20 de abril.


No obstante, su inscripción ha sido un misterio para un amplio sector de la población venezolana, que no se explica cómo su nombre logró entrar, mientras que Yoris tuvo fuertes limitaciones técnicas que impidieron su candidatura. Según algunos analistas, parte de las estrategias del oficialismo radican en sembrar incertidumbres y desconfianzas entre los nombres que acepta o no para competir en los comicios, para dividir el voto opositor y reducir su capacidad de unidad.



No obstante, el nombramiento de González como candidato provisional ha permitido que la Plataforma Unitaria tenga un respiro y aún no pierda su capacidad de poner un candidato viable que sea capaz de enfrentarse a Maduro.


González, por su parte, es una figura política de larga data de Venezuela, ligada a la diplomacia internacional del vecino país. Fue embajador en Argelia entre 1991 y 1993, así como embajador en Argentina entre 1999 y 2002. Entre 2013 y 2015 fue representante internacional de la Mesa de Unidad Democrática y en 20202 fue nombrado presidente de la coalición de partidos de la misma organización.


Ha sido una figura que, igual que Yoris, ha tenido poca visibilidad política, por lo que su candidatura sigue la misma estrategia de la oposición de optar por figuras sin ningún tipo de cuestionamiento o proceso que pueda ser imputado por los entes de control venezolano.

 

¿La respuesta está en el abstencionismo?


Las encuestas son dicientes. Según Meganálisis, las elecciones podrían estar rozando sobre el 62% de abstención, en caso de no presentarse ni María Corina Machado ni Corina Yoris a las elecciones del 28 de julio. No es una tendencia nueva, pues desde hace ya más de 7 años que la tendencia ha ido creciendo conforme a los procesos electorales de los últimos años, en los que la oposición ha decidido abstenerse de participar o ha sido inhabilitado para hacerlo.



Fuente: Elaboración propia.


Los índices de participación electoral han ido decreciendo conforme las condiciones democráticas en el país vecino han empeorado. Los procesos electorales nacionales (elecciones presidenciales, elecciones legislativas) tenían tendencia a una amplia participación, con bajas cifras de abstencionismo, variando entre el 20% y el 30% entre 2010 y 2015, el período en el que la oposición tuvo sus mejores resultados al lograr ser mayoría en la Asamblea Nacional y haber competido tanto con Hugo Chávez como con Nicolás Maduro y tener sus mejores resultados (Capriles obtuvo 49,12% de votos en 2013 y la MUD obtuvo 112 de los 167 escaños de la Asamblea Nacional en 2015).


No obstante, luego de la intervención del Tribunal Supremo de Justicia, que declaró en desacato a la Asamblea Nacional y le quitó poderes, la participación política ha descendido. Para el momento en el que fueron convocadas las elecciones a la Asamblea Nacional Constituyente de Venezuela, el abstencionismo ya se ubicaba cercano al 58%, y para cuando se realizaron elecciones presidenciales en 2018 (en las que la MUD fue inhabilitada y la oposición se abstuvo de participar) la cifra ya se ubicaba por encima del 54%.


La tendencia ha ido en crecimiento, y parece que la estrategia final de la población venezolana es no asistir a las urnas si ninguno de los candidatos de la oposición se presenta. Con los diferentes escenarios planteados dentro de la encuesta de Meganálisis para abril de 2024, tal parece que el voto abstencionista es cautivo de la oposición, pues se reduce del 62,1% al 17% si Corina Yoris es candidata, y cae al 9,1% si María Corina participa.


Es decir, que el 53% de la población asbtencionista estaría dispuesta a participar en las elecciones si la candidata es María Corina Machado, lo que implica que la mayor parte de la fuerza política hoy en Venezuela ya no se identifica con el oficialismo.


A modo de cierre


Sin ningún candidato fuerte, con irregularidades en el proceso de inscripción y obligando a la oposición a presentar candidatos menos reconocidos, con hojas de vida limpias, pero con el riesgo de no capitalizar los votos de María Corina Machado, junto con una potencial abstención que reduzca la participación a menos de 30%, para Nicolás Maduro es muy posible ganar de manera cómoda estas elecciones presidenciales.


De igual forma, Maduro pone en experimento una nueva lógica electoral en la que su coalición y su partido, el PSUV, se convierten en partidos hegemónicos, con una oposición moderada y altamente funcional al régimen, tal y como funciona en China, donde el Partido Comunista tiene primacía electoral sobre los partidos aliados a los que se les garantiza participación, pero se les contiene a nivel electoral.


No obstante, la urgencia de estas elecciones también está expuesta sobre la urgencia demográfica que generaría el potencial triunfo de Maduro en estas elecciones. Según la encuesta de Meganálisis, 4 de cada 10 venezolanos optaría por migrar si Maduro es reelecto, lo que elevaría a un nuevo pico las cifras migratorias, con un claro impacto para Colombia y otros países reservorios en la región, donde la presencia de población venezolana es alta.



Fuente: Meganálisis - Twitter/X.


De igual modo, las inhabilitaciones y la degradación democrática han llevado a que el sistema de partidos en Venezuela se haya disgregado. Sin identificación clara ideológica, con partidos que han emergido tanto de las injerencias del Tribunal Supremo de Justicia, como de dinámicas personalistas de algunos opositores, la mayoría de la gente no se identifica con ningún partido.


La mayoría de la población militante se identifica con el PSUV, que tiene ahora mismo 2,090,106 militantes en toda Venezuela, siendo el partido con mayor capacidad de movilización de bases en territorio. Mientras que los partidos opositores del 5G (Alianza Democrática, Primero Justicia, Voluntad Popular, Un Nuevo Tiempo y —recientemente— Vente Venezuela) suman una militancia de 1,407,302 personas.


Fuente: Meganálisis - Twitter/X.

 

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