Petro, Fico y el perdón social

Por: León Valencia


Se puede hablar de la propuesta de “perdón spocial” de Gustavo Petro de manera oportuna, justa, racional y tranquila o de manera desvergonzada y oportunista.


En la primera manera se puede decir que sería una propuesta generosa para un momento en el cual la sociedad adolorida y enojada por el abuso de criminales y corruptos de cuello blanco se ha levantado para condenarlos y sancionarlos moral y políticamente. Es un perdón después de una dura sanción pblica, con el propósito expreso de sanar heridas y propiciar procesos de reconciliación.


El triste caso de Colombia es que la sanción social ha sido muy escasa, por no decir nula. Pongamos el ejemplo palmario de la parapolitica. Sesenta y un parlamentarios fueron condenados por este delito y sesenta y siete más han sido investigados, así mismo más de mil políticos locales estuvieron involucrados en esta grave trama. Pero la inmensa mayoría de estos dirigentes políticos siguieron en la vida pública haciéndose elegir una y otra vez en cuerpo propio o en cuerpo ajeno a través de sus familiares o lugartenientes. Los mismo ha ocurrido con los protagonistas de los escándalos de corrupción.


Les cuento una anécdota. En 2008, después de varios años de haber presentado la investigación académica sobre la parapolitica que dio origen a las investigaciones judiciales, y cuando se iniciaron las capturas y procesos por este delito, fui a Londres a presentar el caso ante diesciseis parlamentarios del Reino Unido.


Me preguntaron, al final, si los congresistas involucrados eran de la cuerda del presidente de la República y les contesté que el 95% estaban en la coalición de Gobierno. Sorprendidos me dijeron que lo lógico, en cualquier lugar del mundo, es que un gobierno con semejante escándalo se cayera y en cambio ellos sabían de la enorme popularidad de Álvaro Uribe Vélez. Les contesté precisamente que en Colombia había una gran impunidad social y política.


De ahí que la propuesta de perdón social siendo como es generosa y altruista es inoportuna para el momento que vive Colombia. Es necesario avanzar hacia la verdad, al reconocimiento de responsabilidades, a la indignación y en ese camino encontrar el perdón.


La segunda manera tiene dos caras. Se puede enarbolar esta consigna de manera oportunista con el ánimo de conseguir apoyos electorales entre los implicados en la corrupción y la violencia, cosa que le endilgan a Gustavo Petro, improbable dada la historia política de los procesados. O la puede rechazar indignado con el propósito de impactar la campaña del rival, cosa que ha hecho Federico Gutiérrez.


El caso de Gutiérrez es de una desverguenza enorme, porque la verdad es que el llamado “perdón social” de aplicarse terminaría beneficiando a las huestes de este candidato, que tiene el apoyo de 45 de los 54 clanes políticos del país, donde están la inmensa mayoría de los cuestionados por corrupción o parapolitica o sus familiares y lugartenientes, muchos de ellos recién elegidos como parlamentarios.