Paro Nacional #21N, el hecho cultural del año

Por: Guillermo Segovia Mora – Especial para Pares


Si algo deslumbra de las actuales movilizaciones en Colombia, jalonadas por una juventud osada, incansable y jubilosa, es la explosión de arte y creatividad. Las ingeniosas, certeras y sentidas consignas, las comparsas, las marionetas, las pintadas, las tamboradas, los trastos de cocina tañendo en la noche, el “cacerolazo sinfónico” y el monumental Canto de Colombia del 8 de diciembre. Expresiones que de alguna manera le dan la razón a aquel irreverente que profetizó que la revolución sería una fiesta.


“Parar para avanzar”, dice el llamado paradojal a la protesta. “Por ti mamita, que te dieron la cita cuando ya te habías muerto”, resume la tragedia de la salud un cartel. “Nos quitaron tanto que hasta nos quitaron el miedo”, grita otro contra la represión. “Porque todo lo tenemos, marchamos por los que no tienen nada”, expresa solidaria una pancarta”. “Somos el futuro de la nación, por eso exigimos salud y educación” y “Soy estudiante, quiero estudiar para cambiar la sociedad”, corean los muchachos su determinación.


“Que luchar por la vida no nos cueste la vida” clama la gente. “Dilan no murió a Dilan lo mataron”, es la sentencia frente al asesinato y atropellos del Esmad. “Tengo 80 años, pensé que jamás iba a ver esto. Ya puedo morir tranquila”, escribió una abuela en una cartulina. “¡Resistencia!” gritan aquí y allá junto con el histórico “El pueblo unido jamás será vencido”. Hay muchas frases mas que establecen responsabilidades en la violencia, coreadas por miles en grados de secundaria y universitarios, plazas y estadios. En calles, parques y salones la gente se junta para deliberar, para planear. Hay vivencia de comunidad.


Simbólicamente las viejas consignas y banderas de los partidos de la izquierda y los sindicatos, sin dejar de estar presentes en la identidad de muchos de los participantes, han cedido el protagonismo a la Wiphala aimara multicolor, insignia referencial a los pueblos originarios de América, al respetado rojo y verde de la Guardia Indígena Nasa del Cauca, al arcoíris o rosa LGTBIQ, al blanco estandarte de la paz, al rostro de Dilan Cruz mártir de estas jornadas, al violeta de las mujeres maltratadas y violentadas, al tricolor patrio, a cientos de mensajes pegados en la piel en las camisetas o escritos a brochazos o grafiteados en las paredes.


Es una insurrección cultural incomprendida por el poder porque lo interpela a fondo y ante la cual responde de la peor manera, no la asume, la reprime y así la crece. En los días previos al paro la policía realizó atolondrados allanamientos a colectivos culturales, con su cuenta de cobro por fustigar al presidente, como a la revista Cartel Urbano, y conminó al portal 070 a suprimir indicaciones sobre como protestar con seguridad (bautizado “Manual antiEsmad).

Estas semanas de movilización ha sido constante el asedio, maltrato y constreñimiento a periodistas y prensa alternativa. Los artistas comprometidos con el paro viven una andanada de infamias por las redes. Foto: Pares.

Se percibe un ánimo de censura oficial, como quedó manifiesto al ordenarse borrar murales del Salón Nacional de Artistas donde se cuestionaba en la calle la dependencia del país a EE.UU. y el gobierno al servicio de los poderosos y, luego, cuando la Policía cubrió el que denunciaba militares responsables de asesinatos extrajudiciales, con lo que, por el contrario, viralizó la imagen. Varias son las denuncias sobre vetos por parte de embajadas a artistas y escritores.


La imposición de un censor en Radio Televisión de Colombia fue impedida luego que el recién posicionado quedara en evidencia pero en compensación pasó a asesorar las comunicaciones de la presidencia de la república la víspera del paro, dando continuidad a la estigmatización de la protesta diseñada desde allí. No obstante, la creatividad, audacia y verdad de la calle y la plaza han sido superiores.


Artista es el que interpreta el alma popular


Durante años se argumentó que el país no cambiaría si no cambiaban sus artistas. Amontonados todos en la despectiva calificación de “farsándula” para significar su participación en el circo distractivo, su arribismo y su mínimo interés por los asuntos del país. Los pocos que se atrevían eran vapuleados por la intolerancia impuesta por años de hegemonía del discurso anticomunista y el aislamiento, antídoto de estas élites contra el descontento social, como sucedió con Jorge Emilio Salazar.


Pues bien, como en otros tantos aspectos, eso cambió para siempre con el Paro Nacional del 21 de Noviembre y su prolongación en el tiempo debida a la apropiación ciudadana del pliego convocante al que se le han sumado reivindicaciones diversas que expresan un descontento cultivado en años de desigualdades, discriminación, corrupción y abusos. Así lo hicieron saber los colectivos de mujeres de distintos sectores organizativos con la puesta en escena del impactante y sensibilizador guión del colectivo LasTesis de Chile “El violador eres tú”, que recorre el mundo, para repudiar la violencia sexual, el abuso y el sistema patriarcal.


A los tímidos apoyos iniciales al pero de Carlos Vives y Juanes prosiguieron proclamas abiertas y valientes de los chocoanos Goyo (quien tuiteó “No se rinde el que nació donde por todo hay que luchar”) y Tostao de Choquitawn, los rockeros de Doctor Krápula y Aterciopelados y la moderna voz del porro sabanero Adriana Lucia. J. Balvin desconcertó en positivo al animar su concierto en Medellín con un llamado al presidente de la república a escuchar la voz de la protesta y a garantizar la educación para la juventud. En sus presentaciones en Medellín y Bogotá, el insigne salsero Rubén Blades dejó mensajes solidarios y también los hizo llegar el cantante Residente.


El cineasta Ciro Guerra fue categórico en su apoyo al paro como lo había sido con el elenco de El Litigante en el Festival de Cannes al denunciar el asesinato del realizador araucano Mauricio Ledesma. Desde la alfombra roja del Festival de Cine de El Cairo el actor Alejandro Aguilar, protagonista de La Frontera, que narra la tragedia del pueblo Wayuu, denunció el asesinato de Dilan Cruz por el Esmad en las protestas de Bogotá. Carolina Sanín, la reconocida escritora y actriz de la exitosa película Litigante, manifiesta su inconformidad sin retórica.


Actores como Robinson Díaz, Julián Román, Carolina Ramírez, Diana Ángel, Elkín Díaz, Nórida Rodríguez, Fabio Rubiano, Cony Camelo, Carolina Guerra, Jimmy Vásquez, Diego Vélez, Julio Correal, la Asociación de Actores de Colombia (ACA), y muchos mas, son activos promotores de la movilización. Margarita Rosa de Francisco se solidarizó desde París.


Los escritores Santiago Gamboa, Mario Mendoza, Yolanda Reyes, William Ospina han hecho sentidas columnas de respaldo y análisis del acontecimiento. Los trinos de periodistas como Catherine Juvinao, Felix de Bedout, Yamit Palacio, entre tantos, han sido contundentes. Las caricaturas de Matador marcan época junto con Vladdo, Picho y Pucho y varios mas. El humor de Tola y Maruja y la Tele Letal de Martín de Francisco y Santiago Moure, ridiculiza con inteligencia los yerros y afugias del poder

Desde todos los rincones del país se han compuesto canciones en joropo, salsa, vallenato, cumbia y ranchera para puyar al gobierno y celebrar la fiesta y protesta popular.

El versátil compositor e intérprete Edson Velandia con el tema “Su Madre Patria”, cuestionado y censurado por su aguda y directa crítica a los políticos que han manejado el país, había anticipado muchas de las razones que motivan la actual inconformidad. Con el tema “Ivan y su bang bang” le puso música a las razones de la convocatoria y con “El cri, cri” homenajeó a la cacerola como instrumento de la protesta popular. Desde luego, no es el único.


Un canto por Colombia


Una iniciativa por redes de Alejandro Riaño, el exitoso “gomelo” “Juanpis González”, caricatura de los displicentes estratos adinerados, y Santiago Alarcón, quien hiciera una clamorosa personificación del asesinado humorista crítico Jaime Garzón, secundada por la cantante Adriana Lucía, para realizar un concierto de apoyo al paro con el lema “Nos sobran las razones”, recibió respaldo amplio de los artistas, impensable en otras épocas. Mario Muñoz, @subcantante de la banda Doctor Krápula, Aida Bossa, Edson Velandia, Kraken, Mario Duarte, Diamante Eléctrico, Los Petit Fellas, Lucio Feulliet, Santiago Cruz, Monsieur Perinne, Cesar López con su escopetarra de la paz y la cantadora Toto la Mompoxina, entre otros, se sumaron comprometidos.


El 8 de diciembre, en un concierto político histórico, la emblemática carrera séptima de Bogotá vio marchar 250 mil personas tras una tarima rodante y estacionarse frente a 3 plataformas fijas para ver 40 artistas en escena y una atronadora batukada en medio de la lluvia y la alegría. El público entusiasta alternaba coros a sus artistas favoritos, a Edson Velandia (“…que los sostenga su madre patria”) y el “Únanse al baile de los que sobran” de la banda chilena Los Prisioneros, rescatada en ese país de los años de la dictadura para animar el levantamiento ciudadano. Eventos similares se dieron en varias ciudades del país con el lema “Un Canto a Colombia”.


Inolvidable evento digno de ser reconocido en la XIV Reunión del Comité Intergubernamental de la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), que se realiza por estos días en Bogotá, por primera vez en Latinoamérica. Artistas liderados por la laureada actriz Patricia Ariza realizarán al cierre del evento un plantón para comunicarle al mundo las demandas del arte en el paro nacional. Con una soga anaranjada al cuello actores, productores y directores expresarán su posición frente a la promocionada bandera de gobierno de la economía naranja y su inconformidad con la relegación de la cultura: “No somos una naranja, SOMOS UN UNIVERSO”.


Colombia vive un extraño y mágico momento de insubordinación, rebeldía y trastorno comparable a los carnavales, esas antiquísimas celebraciones paganas que permitían al pueblo poner patas arriba el orden para expresar sus rechazos y temores. Rito iniciático, de renovación, de cambio. No es del caso entrar en la discusión si el carnaval subvierte o es válvula de escape. Si precede el cambio o lo canaliza. Lo cierto es que hoy en Colombia, los que sobran se han apropiado del baile. Eso sí, con un largo pliego de pendientes esperando respuesta. Y en esta fiesta, son protagonistas con honores la cultura y el arte.