No es hora de callar la misoginia del Estado colombiano

Por: Guillermo Linero Montes. Columnista Pares.


La periodista Jineth Bedoya fue secuestrada y violada el 25 de mayo de 2000, en represalia por sus investigaciones contra una red de tráfico de armas en el centro penitenciario La Modelo de Bogotá. Desde entonces su labor de periodista, que no ha cesado, le ha permitido dar a conocer al mundo su caso y además el de muchas mujeres que por su oficio de periodistas o por su condición de género, les han violentado no solo sus derechos sino también sus cuerpos y emociones.


Ante eso, que es un hecho rotundamente probado, la comunidad internacional ha respondido humana y sabiamente, premiando su valentía en el trabajo por la defensa de los derechos de las mujeres, y le ha reconocido con numerosas distinciones. Jineth Bedoya ha recibido, entre otros, el Premio CJFE, convocado por la asociación de periodistas canadienses para la Expresión Libre, en el año 2000; el Premio Mundial de Libertad De Prensa Unesco-Guillermo Cano 2020; y el Premio Internacional a las Mujeres de Coraje 2012, otorgado por el Departamento de Estado de los Estados Unidos.


No obstante, desde ese oscuro 25 de mayo de 2000, Jineth Bedoya se la ha pasado también sorteando amenazas y atentados, y luego de que la justicia de Colombia poco había resuelto en su caso, decidió demandar al estado ante la corte interamericana de derechos. Según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, entidad encargada de enviar a la Corte IDH, la denuncia de Jineth, el Estado colombiano, sabiendo del riesgo que corría la periodista, no actuó para protegerla.