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Mientras los políticos piensan en la celebración de los 500 años, en Santa Marta la gente no tiene agua

Por: Brayan Fernández Galván




En Santa Marta, una ciudad próxima a cumplir 500 años, el derecho al agua potable es más una utopía que una realidad. Los samarios nos vemos obligados a comprar agua para satisfacer nuestras necesidades más básicas de la vida cotidiana: beber, bañarse, lavar los platos. Pero no son simples transacciones económicas; detrás de cada compra hay una historia de lucha y sacrificio. Es el samario de a pie, aquel que reside en la comuna uno o en los cerros, quien se ve afectado en mayor medida por esta crisis. Es el pescador que se levanta antes del amanecer para ganarse el sustento, el obrero de la construcción que trabaja largas jornadas para mantener a su familia. Es aquel que, para que el dinero le alcance opta por ir en bicicleta a su trabajo, el que envía a sus hijos a la escuela sin haber desayunado. Es la mujer que  espera a su esposo para poder cocinar, porque debe salir a buscar lo necesario para el día. Es a ese samario, a ese que sufre día tras día, al que se le niega el derecho al agua para satisfacer las necesidades del turista. Es ese mismo samario, quien en más de una ocasión, ha sentido la tentación de rendirse ante la adversidad. Es a ese al que la política le parece ineficaz, lejana y desinteresada en sus verdaderas necesidades.


Los políticos de Santa Marta han demostrado una falta de empatía y una indiferencia alarmante hacia esta realidad. Mientras los ciudadanos luchan por acceder al agua potable, ellos parecen estar más preocupados por satisfacer las demandas del turismo y celebrar el quinto centenario que por atender las necesidades básicas de su propio pueblo. Esta falta de compromiso es una burla a la dignidad de los ciudadanos y una vergüenza para la historia de la ciudad. Es hora de que los políticos dejen de lado sus agendas personales y partidistas y se enfoquen en resolver los problemas reales que enfrenta la población.

 

Es momento de exigir responsabilidad y rendición de cuentas a aquellos que han fallado miserablemente en su deber de servir al pueblo. Nosotros merecemos líderes que trabajen incansablemente para garantizar un suministro de agua adecuado y seguro para todos, no políticos que se escondan detrás de disculpas y promesas incumplidas de campaña. Es hora de que la política deje de ser una fuente de frustración y desesperanza para los nosotros y se convierta en una herramienta efectiva para el cambio positivo y el progreso real. Los samarios no podemos seguir siendo víctimas de la incompetencia y la indiferencia de aquellos que tienen el poder y la responsabilidad de mejorar la calidad de vida. Es hora de que se escuche su voz y se tomen medidas concretas para resolver esta crisis que nos afecta a todos.

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