Maldad y mezquindad al banquillo

Por: Guillermo Segovia Mora. Columnista Pares.


Deshonroso que contar cadáveres body count haya sido una estrategia de guerra, tratándose de enemigos reales, en la medida en que se ha demostrado su inefectividad, verbigracia Vietnam. Horroroso que se hubiera adoptado de manera tan irresponsable (o macabra) que permitió que los incentivos para propiciarla llegaran a tal laxitud perversa que propiciaron el asesinato de miles de civiles pobres para contarlos como guerrilleros muertos en combate. Criminal que se premiara la muerte. Miserable que se practicara sin pudor.


Y cínico que, en evidencia de la tragedia generada, en lugar del arrepentimiento y el perdón derivado, el máximo responsable político de esa barbarie y sus seguidores, regateen las cifras para defender que fueron menos los “falsos positivos” -al fin y al cabo no eran nadie dirán desde su clasismo y desprecio-, que las fuentes son reconocidos adversarios en trance de desprestigiarlo, que sí eran guerrilleros desaparecidos, que son ardides de la izquierda, que la JEP es enemiga.


Como parte de las negociaciones de Paz de La Habana con las Farc, en el acuerdo sobre justicia, fue concertado incluir el tema de las ejecuciones extrajudiciales (denominación técnica jurídica internacional), hábilmente denominados “falsos positivos” (truco enunciativo), cuya comisión se imputa a miembros de las Fuerza Pública en el marco del conflicto armado. Con anterioridad, la justicia penal ordinaria venía procesando a los presuntos responsables bajo el delito de homicidio en persona protegida.