Más mujeres más democracia

Por: María Victoria Ramírez


¿La división entre hombres y mujeres es un producto de la Imaginación como el sistema de castas en la India y el sistema racial en América o es una división natural con profundas raíces biológicas? Y si realmente es una división natural, ¿existen asimismo explicaciones biológicas para la preferencia que se da a los hombres sobre las mujeres?


Yuval Noah Harari, De animales a dioses



En 2007 se realizaban en Colombia una serie de eventos de la campaña nacional denominada ‘Más mujeres, más política’, como espacio preparatorio a las elecciones que se realizarían ese año.


Asistían a estos eventos mujeres de distintas tendencias, representantes de diversos partidos y movimientos políticos: Liberal, Conservador, Alianza Social Indígena, Polo Democrático Alternativo, Convergencia Ciudadana, Cambio Radical y Partido de la Unidad Nacional.


La campaña ‘Más Mujeres, Más Política’ buscaba cualificar la acción política con enfoque de género a través de diversas estrategias. Entre otras, la campaña presentaba una estrategia política para que los partidos y movimientos políticos incluyesen dentro de sus estatutos un porcentaje mínimo de cupos para las mujeres en las listas que se presentaran a elecciones.


Hay que resaltar la gran preocupación que tenían las mujeres que asistieron al evento por prepararse para ser mejores servidoras públicas y por hacer campañas políticas más transparentes y eficientes, en contraste con la baja presencia femenina en las listas y la poca preocupación que tenían (tienen) los dirigentes de los partidos políticos por hacer que esto mejore. Las mujeres que asistieron al evento manifestaron su deseo de ser mejores servidoras públicas en el entendido de la Constitución Política, de dar respuestas desde el Estado a problemas de la sociedad con los recursos que son de todos.


Muchas de las cosas que se afirmaron en ese evento hace 15 años siguen siendo ciertas: las mujeres estamos subrepresentadas en todos los órganos de poder al interior de los partidos políticos y en las corporaciones públicas. Eventos como el anterior permiten socializar las dificultades que todas las mujeres enfrentan al momento de decidirse a hacer política; la mayoría de las mujeres manifestaron haber tenido dificultades para obtener el aval de sus partidos políticos, se habían enfrentado a las dificultades familiares que trae asumir la responsabilidad de ser candidata, y el reto mayor estaba en conseguir el favor de los electores que parecen desconfiar de la capacidad y preparación de las mujeres para ejercer los cargos públicos. En ese momento el porcentaje de participación femenina en los cargos de elección popular eran: 7% de mujeres en las alcaldías del país, 13% en los concejos municipales, 10% en el Congreso, 6% en las gobernaciones y 16% en las asambleas departamentales. 15 años después, estas son las cifras: 12% en las alcaldías, 18% en los concejos municipales, 28,8% en el Congreso. Los países vecinos tienen mayor participación en sus parlamentos. Por ejemplo, Bolivia (55,6%), México (49,2%) o Argentina (43,1%) (El País, 2022).


Al finalizar las elecciones locales en las que se eligieron gobernaciones, alcaldías, concejos municipales y asambleas departamentales, Ana Güezmes García, representante de ONU Mujeres en Colombia afirmaba: “Aunque Colombia ha avanzado significativamente en medidas afirmativas que brinden garantías a las mujeres para postularse a cargos de elección popular, en estas elecciones locales se observó una disminución de las mujeres que ganaron los cargos a Gobernaciones y Alcaldías para el periodo de 2020-2023, dando un paso atrás en el camino hacia la paridad”. (Registraduría del Estado Civil, 2022)


Aún falta camino por recorrer, pero el liderazgo de las mujeres es indiscutible. La procedencia de las lideresas que han dado el salto a ser candidatas es generalmente social y comunitario, ejemplo claro es el de Francia Márquez, pero el liderazgo en sí mismo no garantiza que se vaya a ser buen gobernante. Por tanto, habilitar procesos de cualificación y fortalecimiento del liderazgo político es una necesidad urgente, especialmente en el caso de las mujeres que han estado por fuera del ejercicio político electoral.


En el tema de agenda política el hecho de que haya mujeres en las listas no garantiza que se posicionen sus agendas, es decir, agendas con enfoque de género que reconozcan sus necesidades particulares y sus aspiraciones. Las agendas con enfoque de género tienen como premisa el reconocimiento de que hombres y mujeres somos distintos y por lo tanto hay que dar un tratamiento diferenciado a lo que es desigual. Hombres y mujeres han tenido una experiencia de vida pública distinta. Por eso a la hora de planear, organizar, decidir, ejecutar y revisar, cuáles son las tareas diarias de los servidores y servidoras públicos, deberán estar atentos a cómo cada acción, proyecto o política pública afecta de manera diferenciada a hombres y mujeres.


La Fundación Pares está comprometida de lleno a promover la democracia en la región, no solo en Colombia. Por ello ha emprendido varios proyectos de Escuela de liderazgo de distinta naturaleza, juvenil, para mujeres, con enfoque de género, liderazgo para la comunicación y la incidencia, pues entiende que para conseguir votos o ejercer otro tipo de liderazgo hay que prepararse, y porque representando esos liderazgos, aunque representen ideologías y proyectos políticos diversos, se puede discutir, convivir y aprender unos de otros.


Queremos como Fundación más voces femeninas en las asambleas, concejos, alcaldías, Congreso y Presidencia de la República, en todos los espacios de poder. Nos satisface tener mujeres de todas las tendencias políticas en la baraja, intercambiando experiencias sobre esa tarea titánica de hacer política, siendo mujeres en partidos políticos pensados y dirigidos mayoritariamente por hombres.


El concepto de democracia lo concibieron los griegos, significaba “poder del pueblo" y definía un sistema de gobierno de la ciudad en el cual las decisiones eran tomadas por la asamblea de ciudadanos. Hay que recordar que en ese contexto los ciudadanos no eran ni mujeres, ni esclavos, ni extranjeros y decidían en lugar que lo hiciese un rey o emperador. Eso permite concluir que la palabra democracia se ha resignificado y debe seguirse resignificando. Cada vez más mujeres en la política significa más democracia.