Los tres momentos de Iván Duque

Por: León Valencia, director – Pares


Los medios de comunicación, y buena parte de los líderes de opinión, han tratado con gran benevolencia el año de gobierno del presidente Duque. La revista Semana tituló: “un año de aprendizaje” y de las filas del uribismo se entregó como evaluación que en este año “estuvo ordenando la casa”, una expresión que remacha la idea de que el actual gobierno encontró un desastre y su labor ha consistido en limpiar los escombros que dejó Santos. Ni los unos ni los otros quieren aceptar que la valoración más ajustada a la verdad es que este es: un gobierno en crisis.


Duque ha tenido tres momentos en su mandato. El primero arranca con su triunfo y su posesión y culmina a los cien días; el segundo va de noviembre, cuando se da cuenta de su grave crisis, hasta el mes de marzo. En ese lapso toma medidas y obtiene un respiro en la opinión; y el tercero arranca en abril y sigue hasta ahora.


Primero. Los mejores días de Duque están en el tramo entre su triunfo y la posesión presidencial, cuando todas las fuerzas tradicionales del país, por miedo a Gustavo Petro, se vuelcan a su favor, le agregan la votación en trescientos municipios y le anuncian su apoyo para gobernar. En esos días Duque habla de pasar la página de la polarización; gobernar para todo el país y sin el odioso espejo retrovisor; construir una agenda con énfasis en la equidad, en el desarrollo y la legalidad; enfrentar la corrupción y dejar atrás la mermelada y el clientelismo buscando acuerdos programáticos con todos los partidos.


Pero pasados cien días, al filo del mes de noviembre, no había conseguido una coalición mayoritaria para gobernar y las encuestas le habían quitado más de veinte puntos de favorabilidad. Entonces decide fugarse hacia atrás y se refugia en las ideas con las que Uribe gobernó al país entre 2002 y