Los territorios de paz son el corazón de la negociación



Quien primero habló del asunto fue Sergio Jaramillo, alto comisionado para la Paz; dijo que esta sería una paz territorial. Un concepto muy afortunado. Porque fue un grave error desdeñar los territorios, olvidar los territorios, donde se realizaron las desmovilizaciones de las guerrillas y los paramilitares a finales del siglo pasado y principios de este. Florecieron nuevamente las violencias y los pactos entre legales e ilegales para controlar las regiones donde se habían realizado los acuerdos.

No fue solo un error del Estado. También aquellas guerrillas y aquellos paramilitares no quisieron o no pudieron quedarse en los territorios adelantando un proceso de reconciliación con base en el impulso a mercados legales para el desarrollo, compromisos de reparación y labores de organización social y política para fortalecer la democracia.

Ahora, al parecer, las insurgencias tienen otras ideas. Me atrevo a decir que el nuevo plan estratégico de las Farc de cara al posconflicto es impedir que se disuelva el grupo en medio de los avatares de la transición a la vida civil, conservar y ampliar la base social y política y mantenerse en los territorios donde han actuado durante 50 años. Si los lectores se detienen a analizar uno por uno los acuerdos hasta ahora realizados en La Habana encontrarán un hilo conductor, una lógica, territorial y social.

En el acuerdo agrario, brilla la idea de zonas de reserva campesina; en el de participación política, las circunscripciones electorales