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Los pecados de Luis Camilo Osorio, el fiscal que Álvaro Uribe quería clonar

Por: Redacción Pares


Foto tomada de: elnuevosiglo y nociticasrcn


En una entrevista del 2005 Darío Arismendi le pregunta a Álvaro Uribe si no era hora de cambiar al fiscal, que en ese momento era Luis Camilo Osorio. La respuesta de Uribe pasó a la historia universal de la infamia: “Darío, muchachos, hay que estudiar el tema. Qué bueno clonar al doctor Luis Camilo Osorio. Qué gran fiscal". Los escándalos ya rodeaban a Osorio. En una columna publicada en la Revista Semana, Daniel Coronell le hace un cuestionamiento al círculo de confianza del entonces Fiscal. Justo Pastor Rodríguez, ex director nacional de Fiscalías aceptó de un procesado un reloj de lujo, a cambio de trasladar al implicado hasta que su caso precluyó. La Fiscalía de Osorio decidió engavetar la investigación contra el funcionario sobornado.


Su reemplazo en la dirección nacional de Fiscalías fue Carlos Hernando Arias quien regresó a la entidad después de haber salido por un escándalo de acoso sexual. Incluso la propia revista Semana comprobó que la esposa y el cuñado de Arias habían estado en la nómina del narcotraficante Gonzalo Rodríguez Gacha pero a Osorio esto no le importó. En Cúcuta una de sus consentidas, Ana María Flórez, directora de la Fiscalía en esta ciudad y mejor conocida como La batichica, puso al servicio de la Fiscalía el bloque fronteras de las AUC, los mismos que pusieron hornos crematorios en Villa del Rosario para incinerar personas. Y aún no se sabía lo peor sobre el Fiscal que Uribe quería clonar.


Gracias a una entrevista concedida a la revista Cambio, Mónica Gaitán, ex fiscal de Derechos Humanos que investigó varias de las 60 masacres que hicieron los paramilitares en los Montes de María entre los años 2000 y 2001, recordó la inoperancia de Osorio a la hora de actuar contra monstruosidades de los paramilitares como las masacre de Chengue, el  Salado o Macayepo y la soledad infame que sufrió Yolanda Paternina cuando todos sabían que en cualquier momento la iban a matar. Eran los años de la desesperación, de la impotencia. Los años en que el alcalde del Roble, Eudaldo Díaz,  le dijo en un consejo comunitario al entonces presidente Álvaro Uribe Vélez, que a él lo iba a matar el gobernador de Sucre, Salvador Arana, y dos semanas después el alcalde apareció en una zanja.


Mónica Gaitán documentaba a comienzos del 2001 el material que probaría el apoyo que los paras recibían de la fuerza pública en masacres como la de Chengue. Ella logra probar que algunas armas no estaban en el almacén de infantería. Su contacto en terreno era la aguerrida Yolanda Paternina. Había nacido en Montería en 1956, estudió derecho en la universidad de Cartagena. Se había casado, tuvo dos hijos, Nelson y Kethy que tuvo que criar ella sola porque su esposo la abandonó. El 17 de enero del 2001 Yolanda tuvo que investigar uno de los hechos más atroces que dejó el accionar de las AUC, la masacre de Chengue. La orden la dio Carlos Castaño y el que la ejecutó fue Rodrigo Mercado Pelufo, alias Cadena. Quería que fuera lo más silenciosa posible. En tres camiones llegaron sesenta paramilitares a esta vereda del municipio de Ovejas, en Montes de María y usando cabezas de mortero, cuchillos y machetes y con ellos mataron a 27 personas.


Desde Bogotá Mónica Gaitán dirigía la investigación que se encausaba contra los agentes de estado que la permitieron y la apoyaron. Su enlace era Yolanda Paternina, a quien no le temblaron las piernas a la hora de ir a hacer allanamientos, como el de la finca el Palmar, propiedad de alias Cadena, en donde incluso se encontraron elementos de uso privativo de las Fuerzas Armadas, o buscar testigos claves como Jairo Castillo, alias Pitirri, ex paramilitar arrependito. Todos los caminos conducían no sólo a las AUC sino a los hombres del poder en Sucre. Paternina lo contacta. En ese momento “Pitirri” estaba recuperándose de un atentado. Lo querían matar y sabía que no le quedaba otra opción que colaborar con la Fiscalía. A Paternina le dijo que alias Cadena ya la tenía en la mira. Le habló de una reunión en la finca del paramilitar a donde estuvieron los pesos pesados de la región, Erick Morris, Salvador Arana y el “Gordo” García, hablando presuntamente de cómo la iban a sacar del camino. La guadaña de la muerte ya flotaba sobre su cabeza.


Paternina acosaba a su jefe en Bogotá, Mónica Gaitán, para que actuaran con celeridad. Tenía todo para seguir adelante, pruebas contra altos oficiales que los involucraban en las masacres de Montes de María, hasta que se le atravesó el nombramiento de Luis Camilo Osorio quien ordenó parar la investigación. A Mónica Gaitán la hacen a un lado, Osorio le dice que no van a seguir con ese caso, le quitan la dirección de ese proceso y la ponen como Fiscal auxiliar. Y empieza a tomar medidas que le terminarían abriendo unos 50 procesos que son competencia de la Comisión de investigación y acusación del Congreso de la República. Entre ellas la de ordenar la preclusión de la investigación contra Rito Alejo del Río, a pesar de las pruebas contundentes que lo vinculaban con los paramilitares en Urabá, el auto inhibitorio concedido al hoy condenado exgobernador de Sucre Salvador Arana Sus por el homicidio del alcalde de El Roble, Eudaldo Díaz; el nombramiento de funcionarios que han sido encarcelados o investigados por nexos con grupos paramilitares como Rosalba Negrete entonces directora seccional del CTI, la fiscal Perla Emperatriz Dávila quien ha sido investigada por presuntos nexos con alias "Don Mario", la exdirectora seccional de Norte de Santander Ana María Flórez, hoy condenada a 12 años de prisión y prófuga de la justicia, entre otros. La Comisión de Acusación de la Cámara de Representantes lo sigue investigando por presuntamente haber infiltrado a la Fiscalía de paramilitares.


Cuando Gaitán es removida del caso, Paternina se queda completamente sola. Le escribe, sin respuesta, al propio Fiscal Osorio. Desconfía de su jefe de escoltas, se siente perseguida, las amenazas arrecian. En una carta al despacho de Osorio, Paternina escribe estas líneas desesperadas: “Sufro lo indecible. He pasado noches pegada a una ventana. Me asalta el temor de que se entren a la casa para matarme”. Fueron por lo menos seis cartas enviadas a Osorio, la única respuesta fue el silencio.


El 29 de agosto del 2001, muy temprano, recibió una llamada de su escolta. No iría a trabajar porque se había levantado con fiebre. Sobre el mediodía, al frente de su casa en el barrio Laford en Sincelejo, Sucre, dos sicarios la asesinaron.


Al sacarla del camino los perpetradores de masacre salieron ganando, así lo explicó Verdad Abierta: “La muerte de la fiscal causó el efecto deseado por sus asesinos, que por muchos años nadie se atreviera a preguntar sobre las atrocidades de Chengue y otras cometidas por los entonces todopoderosos paramilitares en esa región; que la justicia colombiana no pudiera capturarlos y condenarlos y de paso, frenar su gesta de terror en Sucre. Después de la muerte de Yolanda Paternina dos técnicos del CTI relacionados con la investigación fueron asesinados”.


La familia de Yolanda Paternina demandó al Estado porque el Fiscal Osorio le quitó el esquema de protección y, además, no escuchó sus súplicas. Uno de los testimonios que podría esclarecer la participación del Estado en la muerte de esta fiscal es Salvatore Mancuso. La entrevista de la ex fiscal Mónica Gaitán, quien acaba de regresar de un largo exilio, vuelve a sacar del olvido la memoria de una mujer valiente como fue Paternina y los pecados del Fiscal que quería clonar el expresidente Álvaro Uribe Vélez.

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