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  • Luis Eduardo Celis

Los cuatro motores que requiere la paz con el ELN

Por: Luis Eduardo Celis


Inicia el año 2023 y la paz entre el gobierno del presidente Gustavo Petro y el ELN ha estado en la primera línea del debate nacional sobre las perspectivas de este importante proceso para la política de Paz Total.

Esta semana se reunieron las partes negociadoras en Caracas, con acompañamiento de los países garantes, la Misión de la ONU y la Iglesia Católica; para analizar la situación generada ante el reporte hecho por el presidente Petro sobre la media noche del 31 de diciembre, anunciando un cese bilateral acordado, según él, con cinco organizaciones, entre ellas el ELN. Acuerdo que esta organización negó, generándose un intercambio de valoraciones al respecto que persiste hasta el día de hoy, cuando el presidente Petro nuevamente ha mencionado el asunto desde Suiza, donde participa del Foro de Davos.

Sin duda que unos diálogos y negociaciones de esta complejidad van a tener mil dificultades que superar y esta del cese bilateral y sus interpretaciones es una de ellas, que sin duda el gobierno y el ELN van a remontar. Lo que se evidencia es la importancia de una acción conjunta y concertada entre los que lideran este proceso, no es posible avanzar si no llegan a acuerdos, y allí está el primer motor: la bilateralidad.

Para que este proceso camine se requiere del involucramiento de la sociedad, así lo afirma el ELN, e igualmente es de interés del Gobierno un protagonismo social, en desarrollo del mandato constitucional que ubica la paz como un derecho y un deber.

La definición de unas dinámicas de participación es punto clave a tratar en el ciclo de México, hay que tomar decisiones de manera pronta y hay que retomar lo ya avanzado en las audiencias sobre el punto de participación y lo que el gobierno Santos y el ELN establecieron en la última ronda en julio-agosto de 2018. Así las cosas, sin procesos de participación esta negociación no va a caminar, y allí está el segundo motor.

Hemos recorrido este esfuerzo de paz de las últimas tres décadas sobre dos dinámicas. La primera es paz para el cambio, que fueron los procesos de paz de los años noventa —en los que se encuentra la apuesta liderada por el M-19 y secundada por el EPL, el PRT, el Quintín Lame y la CRS—, un modelo que tiene logros en cambios institucionales importantes plasmados en la Constitución del 91, una paz política que nos deja logros importantes en la maduración de una democracia que debe crecer para asumir los cambios pendientes en la sociedad colombiana.

Y la segunda es la de lograr cambios estructurales para avanzar en paz, y allí está el acuerdo con las FARC que propone que si hay cambios de base podemos avanzar en convivencia pacífica. En esta lógica la centralidad está en las transformaciones, sin acuerdo sobre cambios no es posible avanzar. Este es el tercer motor.

Con el incumplimiento del acuerdo firmado con las FARC en 2016, se refuerza la desconfianza del ELN, el cual quiere ver y ser protagonista de dinámicas de participación acordadas con el Gobierno, transformaciones para avanzar en superar exclusiones e inequidades y lograr un orden de derechos y avanzar en democracia de calidad en el conjunto del país. El ELN quiere ver cambios y tener certeza de cumplimiento, lo cual no es pequeño desafío en tanto lleva de las intenciones a las realidades, y ese es el cuarto motor de este proceso.

Entre bilateralidad, participación, transformaciones y certeza de cumplimiento, podemos avanzar en este necesario e importante proceso de paz.

Con seguridad, de la reunión desarrollada en Caracas saldrá un proceso fortalecido e iremos al segundo ciclo en México, donde hay que avanzar en tres temas: los urgentes asuntos humanitarios, el cese bilateral y el necesario proceso de participación.

Con estos cuatro motores esta negociación va a ir hacia adelante. Gobierno, sociedad civil y ELN tenemos identidades enormes para hacer realidad estos cuatro motores.

 

*Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad de la persona que ha sido autora y no necesariamente representan la posición de la Fundación Paz & Reconciliación al respecto.

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