Las manzanas de Hernández y Petro

Por: Guillermo Linero Montes

Escritor, pintor, escultor y abogado de la Universidad Sergio Arboleda.


No entiendo por qué se tiene o se tenía el imaginario de que a Gustavo Petro le iría mejor en una segunda vuelta con Federico Gutiérrez que con Rodolfo Hernández; porque la verdad es que ambos significan lo mismo electoralmente: una previsible suma de votos contra Petro. Sabíamos que de ganar Hernández su paso a la segunda vuelta, los votos naturales de Gutiérrez –provenientes todos del uribismo acérrimo– no irían para Petro. Y sabíamos que, de ganar Gutiérrez, los votos de Hernández –casi todos provenientes del uribismo vergonzante– tampoco le favorecerían, pues se irían con Gutiérrez.


De modo que, habiendo ganado Rodolfo Hernández su carrera contra Federico Gutiérrez, es natural que la primera certeza surgida en el imaginario de la gente común y corriente es que los votantes arrebañados entorno al querer de empresarios de derechas –en un país donde reina la inequidad social por culpa de las políticas de esos mismos empresarios– no cambiarán su voto por alguien como Petro, cuyo programa de gobierno es contrario a los intereses de los dueños de empresas.


De hecho, Petro privilegiará a los trabajadores y a los pobres, pero también desmontará las exenciones ilegales a los ricos que no pagan debidamente sus impuestos. Valga decir que en ningún caso esta promesa –amenaza para los corruptos– implicaría el detrimento de las fortunas legales de los empresarios y de los ricos lícitos.


De igual manera, a los ojos del ciudadano corriente, parece imposible que Gustavo Petro, habiendo llegado al techo de sus electores –como lo propagan encuestadoras y medios de comunicación desinteresados de su triunfo– pueda sumar en segunda vuelta dos millones de electores más. Una perspectiva analítica que desconoce la realidad histórica del candidato de la Colombia Humana, pues Gustavo Petro, en su carrera política electoral, siempre, cada vez que se ha expuesto a ser elegido, no ha hecho sino sumar y sumar votos; es decir, nadie puede predecir todavía hasta dónde llega el techo de Petro.


Pero, ¿cómo aseverar que en esta ocasión no ha llegado a su techo?


Petro no ha llegado a su techo: porque los votos liberados de Fajardo esta vez no son todos suyos y el profesor bien podría irse a ver ballenas con sus 100 mil votos, porque no le haría mella a Petro ni tampoco engrosaría la bolsa de votos de Hernández, como sí engrosó la de Duque en 2018. Esta vez detrás del fajardismo están también los votos de personalidades novísimas de la política, como Ariel Ávila, que al decir que no votará por Hernández es inimaginable que se vaya a mirar ballenas, como tampoco lo harían Navarro Woolf, Antanas Mockus y, entre otros de igual perfil centro-izquierdista, Angélica Lozano y Claudia López; de modo que estos votos se sumarán espontáneamente a Petro


Petro no ha llegado a su techo: porque los votos liberales que apoyaron a Federico Gutiérrez por orden de su partido y de su jefe político César Gaviria, ya desbancado su candidato, bien podrían votar por Petro, puesto que así lo manifestaron algunos congresistas liberales tras aceptar con camisas de fuerza los acuerdos entre su jefe político y Federico Gutiérrez. Ya este martes 30, por ejemplo, el expresidente Samper invitó a Gaviria a sumarse al Pacto Histórico y un buen número de liberales que hoy están emocionalmente fritos por la derrota de Federico Gutiérrez, no saldrán a votar en junio a falta de candidato o lo harán en blanco (abstenciones y votos, los blancos, que naturalmente se le restarán a Hernández).


Petro no ha llegado a su techo: porque los empleados que fueron forzados a votar por Federico Gutiérrez ahora, si no los obligan a votar por Hernández, lo más seguro es que voten por Petro. De hecho, si Petro no ganó en la primera vuelta fue porque funcionaron las amenazas de los jefes laborales anti-petristas a sus empleados. Hay, por ejemplo, muchas pruebas acerca de cómo los empresarios se pusieron de acuerdo para llenar las plazas públicas en favor de Federico Gutiérrez y llenarlas de gente aburrida, de gente obligada a celebrar con arengas y a aplaudir incoherencias en favor de un candidato ajeno a sus convicciones.


Petro no ha llegado a su techo: porque los llamados portadores del voto de opinión requieren mayores argumentaciones –aquí procuro ayudar en eso– y porque la procastinación de los izquierdistas es real: ¿si ya tenían la segunda vuelta asegurada para qué desgastarse en la primera vuelta? En tal suerte, era previsible que ocurriera lo que hoy está ocurriendo. Y aunque parezca el peor de los mundos para el candidato de la izquierda, la realidad es que la segunda vuelta le quedó muy fácil a Gustavo Petro, porque su rival, Rodolfo Hernández, le hace contraste de modo caricaturesco y no es necesario “meterle cabeza” para discernirlo:


- Mientras que Petro es un hombre bueno, el otro es un hombre cínico e inescrupuloso.

- Mientras que el uno tiene declaraciones acerca de las personas completamente respetuosas y nobles, Hernández las tiene de ruin y patán –como les llamaba Einstein a los hombres de baja estofa–.

- Mientras que Petro hace alarde de su preferencia por las mujeres, incluso concediéndoles la mitad de sus cuotas políticas que podría habérselas endosado a cualquier gamonal o apostante electoral; Hernández las condena a ser amas de casa y –desde el punto de vista de su significación patriarcal– no las imagina por fuera de ese reducido espacio esclavista y malsano.

- Mientras que Gustavo Petro ha mostrado desde siempre su respetuosa manera de ser en el trato a los demás, el otro señor ofrece tiros y da cachetadas.

- Mientras que Petro privilegia a la gente pobre con promesas que buena parte de la sociedad ve irrealizables porque les parece anómalo que un Estado se solidarice con los más necesitados, sin ponerlos a cargar piedras ni a lavar ropa ajena…, mientras que Petro los ennoblece y les ofrece educación para sus hijos e incluso ayudas económicas para las madres solteras con hijos de brazos; el señor Rodolfo Hernández los trata de hombrecitos y de mujercitas como si fueran soldaditos de plomo de su juego de guerra. Y ahí, en su juego perverso que es la realidad de su oficio de empresario, en vez de ponerlos en un papel ennoblecedor, digamos paternalista, lo que hace es burlarse de ellos. Se ríe de los pobres porque les obliga a hipotecar sus casas, y pasar muchos años pagándoles cuotas para liberarse de sus hipotecas. Así lo dice con sus palabras: “los pobres son el mejor negocio del mundo. Financio los edificitos que hago y yo cojo las hipotecas que esa es la vaca de leche. ¡Imagínese, quince años un hombrecito pagándome intereses! ¡Eso es una delicia!”.


El talante de Petro, con respecto a sus acciones anti-corrupción, ha sido el más connotado en los últimos 20 años en el país político, porque aparte de haber llevado a la cárcel a más de 30 congresistas por parapolítica, tiene también en ellas a los corruptos más avezados de la historia, como los son los hermanos Nule y los Moreno Rojas. En contraste su oponente Hernández, lo que ha abanderado en su departamento es la corrupción. Él mismo en este momento se encuentra imputado por irregularidades (corrupción pura) en un contrato de consultoría y el 21 de julio se dará inicio al juicio oral, tras el cual se esclarecerá su culpabilidad; porque los indicios, en materia de contratos estatales o interadministrativos, son muy discernibles, no sólo por los vicios de forma, sino por los vicios típicos de una cultura política dada a robar al Estado.


De manera que las diferencias entre Gustavo Petro y Rodolfo Hernández saltan tanto a la vista que el reto de escoger presidente resultará igual o semejante a si le pusiéramos a un estudiante universitario a escoger entre un pensador –que abriría puertas a la creatividad intelectual– y un tiktokero –que ampliaría los potreros–. O igual a si pusiéramos a un niño a escoger entre dos manzanas: una fresca y luminosa y la otra podrida y oscura. El pueblo colombiano sabrá qué manzana preferirá comerse.


 

* Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad de la persona que ha sido autora y no necesariamente representan la posición de la Fundación Paz & Reconciliación al respecto.