La urgencia humanitaria

Por: Luis Eduardo Celis Analista de conflictos armados y de sus perspectivas de superación – Asesor de Pares  

El maestro Francisco Gutiérrez Sanin se ha preguntado si estamos en un nuevo ciclo de nuestro viejo conflicto armado. Y, desafortunadamente, la respuesta que hay que dar es un “sí” contundente. El Acuerdo de Paz firmado por las antiguas FARC-EP, hace 5 años, fue un gran logro. En este largo esfuerzo de integración de los armados a este precario orden de una democracia restringida y con muchos temas por transformar, a pesar de los importantes avances, aún nos queda mucho por hacer en cuanto a superación de violencias organizadas.

Con unas violencias persistentes en, por lo menos, 12 departamentos y alrededor de 200 municipios, los retos humanitarios no son pequeños. Las comunidades que sufren las violencias sistemáticas, por supuesto que no se resignan a vivir estos atropellos y levantan su voz para que irregulares respeten sus derechos y no les sigan atropellando.

Hay que volver a insistir en el respeto al derecho humanitario, persistir en acompañar a las comunidades que siguen sufriendo, exigirle al Gobierno que cumpla con su deber de protección de manera concertada con las comunidades y que la acción de la fuerza pública no vulnere los derechos (como ha sido la tradición en muchos territorios frente a comunidades campesinas, indígenas y afro, al igual que en muchas zonas urbanas, que igualmente han sufrido en medio de la protesta social).

La semana pasada se desarrolló una importante mesa humanitaria en Cúcuta para insistir en la importancia de los temas de derechos humanos no sólo en el Catatumbo, sino en el área metropolitana y la misma ciudad de Cúcuta, donde se ha mantenido una confrontación por el control territorial.

Hay iniciativas humanitarias en muchas regiones: las comunidades indígenas en Antioquia, Cauca y Nariño, las comunidades afro del Pacífico, las comunidades campesinas en Arauca, por mencionar algunas. En estos territorios y en otros hay demandas humanitarias que deben ser atendidas.

Ante unas violencias que persisten, unas perspectivas de superación en suspenso y un debate presidencial en curso, hay que insistir en que muchas comunidades siguen sufriendo por las dinámicas del conflicto. Es necesario acompañarlas, buscar estrategias efectivas de protección y seguir insistiendo en que hay tareas pendientes para avanzar hacia una Colombia en paz.