La Seguridad Democrática de Uribe: un saldo en rojo

Por: Daniel Abello, Asistente de investigación línea de Conflicto, Paz y Posconflicto Pares.


A un año de la posesión del presidente Iván Duque Márquez, quien llegó a la Casa de Nariño montado en el lomo del uribismo, y concretamente por haber sido señalado a dedo por el expresidente Álvaro Uribe Vélez, Pares hace un análisis de la política de seguridad democrática, el caballito de batalla que el uribismo tanto añora, y que se ha convertido en una herencia de la que Duque, y su gobierno, no se han podido desmarcar.


Al llegar a la presidencia en 2002, Uribe Vélez trazó con claridad tres líneas de acción: (i) Continuación de la ofensiva contra las FARC -reforzada con la cooperación internacional de EE.UU con el Plan Patriota-, (ii) una “política de paz” con los grupos paramilitares consolidadas en las AUC (Autodefensas Unidas de Colombia), (iii) una serie de políticas específicas, que son apéndices de las dos anteriores, es decir las complementan: los soldados campesinos, los estímulos a la deserción y las redes ciudadanas de informantes.


¿Qué es la Seguridad Democrática?


Según el Plan Nacional de Desarrollo 2002-2006, Seguridad Democrática es “el ejercicio de una autoridad efectiva, que sigue las reglas, contiene y disuade a los violentos y está comprometida con el respeto a los derechos humanos y la protección y promoción de los valores, la pluralidad y las instituciones democráticas.”. Sumado a los pilares de construcción de redes ciudadanas de apoyo, respaldo en materia de cooperación internacional y afianzamiento de un Estado legítimo.