• Redacción Pares

La peor decisión

Por: Redacción Pares


En la dramática historia de Lear, rey de Bretaña, la agudeza y el genio de Shakespeare advierten sobre cómo la vanidad y la ira del soberano lo conducen a tomar la peor decisión.

Cuenta la historia que el rey Lear reunió a sus hijas y les pidió que, en público, delante de los miembros de su corte, dijeran cuánto lo amaban. Dos de ellas lo abrumaron con sus elogios y adulaciones.


La tercera, que en realidad lo amaba entrañablemente, no aceptó ese juego propuesto por su padre. Les dijo a todos que el viejo rey estaba cometiendo un error porque el amor, un sentimiento tan hondo, no podía expresarse con palabras. Lear enfureció. Nunca esperó que su propia hija lo criticara delante de otros. Y la expulsó del reino.


Siglos después, el director de cine Akira Kurosawa realizó la adaptación de esta obra de Shakespeare bajo el título Ran, que en japonés significa caos.


Este martes, la revista Semana en cabeza de su fundador y gerente, Felipe López Caballero, decidió despedir al periodista llanero Daniel Coronell Castañeda por motivo de la publicación de su última columna La explicación pendiente.


En esta, Coronell pide respuestas a Semana por no haber publicado una investigación sobre la posibilidad de que, al interior del ejército y por orden ministerial, se esté reviviendo la directriz que en el pasado ocasionó la tragedia de las miles de ejecuciones extrajudiciales o llamados ‘falsos positivos’.


#LaExplicacionPendiente La columna en youtube para todos https://t.co/65qTryjVa3 — Daniel Coronell (@DCoronell) May 28, 2019

Pares lamenta la decisión tomada por la directiva de un medio de comunicación que ha sido fundamental en la formación y difusión del buen periodismo como revista Semana, y considera que en este caso sale perdiendo la libertad de prensa, que debe estar por encima de intereses o sentires particulares; y además, los lectores y el medio de comunicación perdemos a un periodista riguroso.


————————

A continuación, Pares reproduce el Prólogo escrito por Daniel Coronell para el libro El Regreso del Uribismo, de León Valencia:

El bombero Pirómano

El presidente Iván Duque no es el protagonista. Es apenas un personaje de reparto en su propia historia. Condenado a ese papel secundario ha pasado siete meses de su gobierno en la total intrascendencia. Actúa como secretario de actas mientras su ministro de Hacienda negocia el alcance de la reforma tributaria con el partido de gobierno. Se ve apocado, reaccionando tímidamente a circunstancias que frecuentemente lo desbordan, balbuceando frases de cajón.


Y no es que a Duque le falte talento. Al contrario, es inteligente y estudioso, pero no ha podido superar el hecho de que está montado en un triunfo ajeno. Aun más, su naturaleza jovial, la misma que lo impulsa a llevarle al rey saludos de su mentor o a cantar donde pueda o a jugar cabecitas como si fuera una proeza, le impide sentirse cómodo en el ambiente de permanente pugnacidad que Álvaro Uribe ha convertido en su escenario político. Duque quisiera un tránsito más sereno, pero no está al mando. Muchos miembros de su gabinete se equivocan frecuentemente cuando se refieren a él como “el presidente Uribe”. La turbación que les causa el lapsus delator y la inmediata corrección ya hacen parte del humor cotidiano.


Esa irrelevancia del Jefe de Estado ha llevado a los medios en Colombia –casi siempre oficialistas– a intentar relanzar a Duque cada dos meses: “Ahora sí”, “El nuevo Duque”. Lo increíble es que en apenas siete meses de gobierno ya se evidencia la fatiga del joven presidente. Los modestos ascensos en las encuestas son más atribuibles a los crímenes del ELN y a los abusos de la tiranía de Nicolás Maduro en Venezuela, que a las decisiones del mandatario.


El mismo día de la posesión presidencial, Ernesto Macías, un insignificante presidente del Senado, solo conocido por sus carencias académicas, se sintió con la autoridad para leerle la cartilla al nuevo presidente. El discurso pendenciero y lleno de imprecisiones, donde le fija el derrotero al gobierno que empieza, fue celebrado ruidosamente por Álvaro Uribe en una reunión de miembros de la bancada de su partido, el de gobierno. El ágape fue documentado por una reportera.


Tragedia y comedia marchan de la mano para demostrar que el gobierno de Uribe ha vuelto. La ministra de Trabajo asegura que Duque es el presidente, pero Uribe es el jefe de todos. El mismo Uribe regaña en público a su débil ahijado diciendo en una reunión grabada en video: “Necesitamos que Duque enderece, porque si Duque no endereza, nos va muy mal”.


Buena parte de la propaganda del Centro Democrático se dedica a desprestigiar el acuerdo de paz firmado entre las Farc y Juan Manuel Santos por dos razones: una de vanidad, Uribe no resiste que se consolide una paz que no sea firmada por él aunque haya pactado lo mismo que él ofrecía en su día. La otra es una razón de supervivencia: si desaparece el conflicto armado (o “la amenaza terrorista” como les gusta decirle) tampoco hay necesidad de Uribe.


Es necesario que exista el incendio para que todos necesiten al bombero.


Dentro de la misma estrategia opera el caballito de batalla del castro-chavismo. Millones de colombianos creen ciegamente que están obligados a escoger entre Uribe y el caos. Para muchos esa es la única alternativa posible. Si tenemos el fuego del castro-chavismo listo para consumirnos en sus llamas, ahí está el “presidente eterno” para salvarnos.


Esa presencia providencial no es susceptible de investigación. Cuando la Corte Suprema de Justicia revisa los posibles delitos del amado líder lo hace para perseguirlo. Los hechos documentados jamás existen. Las únicas instancias judiciales legítimas son las que deciden a su favor.


El regreso del uribismo de León Valencia desmonta con rigor y cifras exactas la falsedad detrás de la propaganda, que busca eternizar el conflicto para que sigamos necesitando nuestro salvador.


Los números reales se encargan de contradecir las trompetas apocalípticas de la extrema derecha.

Es un hecho que han descendido los secuestros, los desplazados, los soldados heridos y muertos en combate, los mutilados por minas y otros indicadores. Sin embargo, no es esa la comunicación que le sirve al uribismo. Sin ese “fuego de la polarización”, como adecuadamente lo llama León Valencia, desaparecería la razón de ser del Centro Democrático.


El trabajo de León pone en perspectiva lo que sucedió en las dos últimas campañas presidenciales y se asoma a los resortes internos que impulsaron a los protagonistas. Analiza también cómo ha ido moviéndose el péndulo de la opinión entre paz y seguridad, como si fueran valores excluyentes.

Este texto es una necesaria constancia para que la historia no se siga fabricando sobre “hechos alternativos”, como han dado en llamarse las noticias falsas. Les recomiendo leer con atención este manual para no tragar entero.

Daniel Coronell Marzo 2 de 2019