La mermelada y la cizaña



Dijo Francisco: “En este enorme campo que es Colombia, todavía hay espacio para la cizaña. Ustedes estén atentos a los frutos, cuiden el trigo y no pierdan la paz por la cizaña”. Debo decir que la alegoría me pareció fabulosa, tal como me pareció fascinante, por astuta y sugerente, la utilización que hizo la oposición uribista de la palabra mermelada.

El entonces ministro de Hacienda, Juan Carlos Echeverry, para explicar el cambio en el régimen de las regalías petroleras, dijo que se trataba de que el dinero no se quedara solo en los municipios productores y lo disfrutaran en todo el país: “Repartir la mermelada en toda la tostada”. Era un signo positivo de equidad. Pero los uribistas echaron mano de la frase y con una increíble habilidad convirtieron la palabra mermelada en el símbolo del clientelismo, la compra de conciencias y la corrupción del gobierno de Santos.

Los puestos, los contratos, las inversiones, los cupos indicativos, las transferencias, a todo lo llamaban mermelada y quienes ejecutaban los proyectos o recibían beneficios llevaban la marca de “enmermelados”. Eran, desde luego, los miembros de la coalición de gobierno. Pero también recibían ese remoquete quienes apoyaban las negociaciones de paz, así no tuvieran ningún acceso a canonjías o empleos en la administración.

En todo debate público, artículo o mensaje en redes sociales, aparecía la palabra mermelada como denuesto y como recurso para deslegitimar a quienes defendieran una iniciativa del gobierno o le plantaran una discusión al uribismo. Era un elemento clave de cohesión de la oposición de derechas y un instrumento eficaz para llegar a los ciudadanos. Me quito el sombrero. Lo lograron.