La juventud es un río en el cual nos mojamos una sola vez: experiencias de la escuela de liderazgo

Por: Miguel Ángel Rubio Ospina

Línea Jóvenes en riesgo y participación juvenil

Ningún hombre pisa dos veces el mismo río,

porque no es el mismo río y él no es el mismo hombre

Heráclito de Éfeso.

La especie humana podría definirse como un río.


Hay un nacimiento, el cual va con nosotros siempre, pues hay momentos de nuestra vida que nos recuerdan el niño interior que somos y que jamás, por muchos esfuerzos que hagamos, se va.

En ese niño pequeño, como los riachuelos que dan origen a un gran río, casi siempre sus aguas son cristalinas y su fondo es muy poco profundo, es posible percibir a simple vista lo que ese riachuelo, ese niño, lleva en su interior.


Pasa el tiempo y unos kilómetros más abajo el río empieza tomar un cauce más ancho y profundo. Si es un río de montaña, empezará a correr por entre las piedras y árboles que encuentra en su camino, ya su fondo empieza a ser más hondo y nadarlo se convierte en todo un reto, aunque aún no ahoga, empieza a tener sus complejidades, si permanece puro, hasta entonces, en ese primer fondo empezarán a aparecer peces pequeños que se alimentan de lo que sus sedimentos llevan cauce abajo o cauce arriba, es un río, joven, fuerte, vital.


Sobre la mitad de la vida, su cauce es profundo, hondo, peligroso, misterioso, a veces ciertos ríos no nos permiten distinguir sus dos lados, hay que mirar con mucha paciencia y calma, quizá más con ojo imaginativo, para encontrar su otra orilla, otros son más pequeños, y a simple vista parados en un puente, puede verse todo, su cauce profundo o no tan profundo, sus dos deltas, las piedras que tiene en su trayecto, la fuerza con la que corre su agua, el sonido que hace al correr, se puede determinar qué tan navegable es o no, ese río.


Así somos los hombres y las mujeres que habitamos el mundo.


Así son, sin excepción, los muchachos que conformaron la escuela de liderazgo juvenil Jóvenes Liderando la reconciliación, proyecto formativo realizado en Pereira, Risaralda, en un convenio entre la Gobernación de Risaralda y la Fundación Paz y Reconciliación, Pares, y que trabaja dos componentes fundamentales, el ser desde todo el acompañamiento psicosocial y el del saber, en el que contenidos de liderazgo juvenil, político, histórico, cultural y social, les dan herramientas formativas que enriquecen sus capacidades de liderazgo e incidencia en sus territorios.


Fue así, como el pasado 7 de diciembre, el grupo base de la escuela de liderazgo ‘Jóvenes liderando la reconciliación’, asistió a un encuentro ritual en el río Barbas Bremen por el sector de la vereda La Palmilla del municipio de Pereira, en el que 26 jóvenes y cinco profesionales formadores, vivieron una experiencia vital y emocional significativa para sus vidas.


El paseo al río fue más que un paseo de olla de los que popularmente se hacen en Colombia; pues allí, aunque hubo espacio para el disfrute en torno al agua pura y el nado libre, la toma del sol tan necesaria y valorada en tiempos pandémicos, donde encierros obligatorios nos enseñaron la importancia de tomar el sol y los espacios abiertos, también se suscitó por parte de la profesional en psicología, Mónica Paéres, un espacio ritualista en el que a través de la figura del río y del agua los jóvenes y profesionales soltaron emocionalmente todas sus cargas y angustias para renovar su corriente interna, limpiar su basura, y seguir su cauce más livianos y limpios, un poco más puros o menos contaminados, y con la madurez y hondura que un río joven golpeado por los accidentes geográficos tiene.


El ritual hecho sobre el medio día, consistió en lo siguiente: Por orientación de la psicóloga, se le pidió a los asistentes jóvenes y profesionales que construyeran algún artilugio que pudiese ser llevado por la corriente del río; este artilugio, debía construirse solamente con lo que el paisaje y la geografía inmediata les proporcionaran; piedras, hojas, guaduas, troncos de madera, arena, etc., obligando también a que esa elaboración tuviera un momento de paciencia y encuentro consigo mismo, ese artilugio, hecho de esa forma artesanal y que viene siendo cada uno de nosotros, mediado por declaraciones como: El día hoy suelto de mi… y me quedo con… pudiera por el ritual del agua, del río y del cauce, llevarse lo que nos es pesado, lo que nos abruma y obnubila el camino de la realización y el crecimiento personal.


Después de este ritual, en el que hombres y mujeres lloraron al soltar sus cargas, en el que las palabras más sencillas, sentidas, limpias y terrenales se escucharon en el círculo y en silencio, en comunión con los árboles, las aguas y la naturaleza, vino entonces el ritual de la comida; compartir alimentos al pie del río, transformados, livianos, alegres, en lluvia de amigos y risas, en tormenta de entusiasmos y de voluntades, porque del mismo modo que la lluvia alimenta los ríos hasta llevarlos al desborde de sus límites, del mismo modo el río interno que somos los seres humanos se alimenta de lluvia, de muchos tipos de lluvias que nos llenan el cauce al punto preciso, o que en algunos se desborda y se sale de sus deltas demarcados.


Algunos solo necesitaban volver a llenarse hasta cierto punto, mantener su cauce y seguir el curso hasta su desembocadura. Otros y otras, sin embargo, necesitaban desbordarse, salirse de sí, encontrarse en su fuerza interior y saber qué tanto poder necesitan, aquellos otros, apenas por primera vez, fueron río y lluvia y se supieron agua que corre y limpia, que lleva peces y troncos en su corriente, que es calma y profunda, que tiene remolinos y piedras en su discurrir.


Al final como todo río, desembocaran en otro más grande y profundo, donde desembocan otros ríos pequeños, muchos arroyuelos, algunas cañadas o quebradas, a su vez ese río con todas sus desembocaduras llegará a través de otros al mar, entre tanto, el mar, ese simulacro del universo inmenso, inconmensurable ante nuestro mirar, ya lo dijo el poeta “Mis ojos, vigías horadantes, fantásticas luciérnagas,… no han visto el mar” pues ningún ojo alcanza a percibirlo en su totalidad y tan sólo le queda imaginar, imaginarse.


Cada río que somos los hombres y mujeres que habitamos el mundo; cada río joven de los muchachos de la escuela de liderazgo, Jóvenes Liderando la reconciliación, como todo río tiene desembocadura. Algunos desembocan en alegría ante los otros, otros en ayuda desinteresada, otros en su intelecto cultivado para enseñar, otros en su fuerza corporal para construir y sostener, otros y otras en su belleza para deleitar, otros en su voluntad para servir, otros en su experticia para acompañar, otros en su silencio para decirnos que allí están, otros en solicitud de ayuda porque nos necesitan, cada quien sabe como río que es, dónde nace, cuál es su punto más profundo y álgido, y habrá de encontrar su desembocadura…


Y como el silogismo de Heráclito de Éfeso, nunca volverán a mojarse en el mismo río, porque no serán el mismo río, ni serán el mismo hombre o mujer. Pues la juventud es un río en el que solo nos mojamos una sola vez.