La gran oportunidad para reducir todas las violencias



Una semana excepcional, quizás milagrosa, se anuncia un cese bilateral al fuego y a las hostilidades con el ELN; alias Otoniel, jefe del llamado Clan del Golfo, hace pública la decisión de iniciar un proceso de sometimiento a la justicia; y el papa Francisco congrega multitudes con un mensaje inequívoco de apoyo a los esfuerzos de paz que están realizando el gobierno y las organizaciones armadas del país.

En un ambiente así se puede soñar con un gran salto en la superación de las violencias, con una reducción sustancial de la ilegalidad y el crimen en el país. Sería un nuevo comienzo para la democracia, un volver a empezar, un punto de inflexión en el cual podríamos controlar fenómenos como el narcotráfico y limitar su poder de contaminación sobre toda la sociedad.

La mesa de Quito se había atascado. Pasaban los días y los meses y no se avanzaba un milímetro en la negociación. Entre tanto se acercaba paso a paso la campaña electoral y el gobierno se estaba quedando sin oxígeno para seguir intentando un acuerdo de paz en medio de los disparos y los atentados de los elenos.

El cese al fuego le da un giro de 180 grados a las negociaciones. Un cumplimiento riguroso de la tregua con todos sus aspectos humanitarios podría acelerar la negociación del resto de la agenda; a la vez, una aceleración de los acuerdos políticos y sociales podría transformar el cese temporal en definitivo y entregarle al próximo gobierno un proceso de paz irreversible.

No será fácil para el ELN comprometer a todos sus frentes guerrilleros en la suspensión del secuestro y los ataques a la infraestructura del país. Pero el gobierno tendrá que hacer también enormes esfuerzos para honrar los compromisos adquiridos; ya hemos visto los grandes obstáculos, las limitaciones y controversias que ha tenido a la hora de cumplir los acuerdos con las Farc.

De ahí que la verificación de este acuerdo será muy compleja y riesgosa. La Iglesia católica, que tiene presencia permanente en los lug