La fuerza de la esperanza

Por: Ariel Ávila, subdirector de la Fundación Paz y Reconciliación -Pares


Desde hace varios meses tomé la decisión de votar por Sergio Fajardo, no fue difícil seleccionarlo, pero cuando lo comento privadamente, muchos se sorprenden, otros me critican y la mayoría me apoya. Para algunos yo debería apoyar a Humberto de la Calle, pues mi conocimiento sobre el proceso de paz, el apoyo que le he dado al mismo y mi deseo de vivir en un país en paz me llevarían directamente a apoyar esta candidatura. Para otros, mi visión crítica de esta sociedad desigual, inequitativa y donde la justicia solo opera para los de ruana, me llevarían a las toldas petristas. Pero me decidí por el centro de Fajardo.

Ya lo he dicho en otros escenarios, Humberto de la Calle, para mí es un estadista, el más importante después de López Michelsen, es un hombre transparente y lo vi en medio de las negociaciones de paz, sé todo lo que sacrificó, la forma como luchó por tener una Colombia sin guerra y con él estaré eternamente agradecido. Sin embargo, por diferentes razones su candidatura no despegó, y mi deseo de una Colombia que mire hacia el futuro es más fuerte que dar mi voto para que se pierda en un momento tan decisivo. Con respecto a Petro, como lo dijo María Jimena Duzán, no le tengo miedo, creo que él encarna un sector de la sociedad que está cansado de la pobreza, de que todo se lo roben, de la miseria y la desigualdad. Ha sido un fenómeno político, sin plata y con todo el mundo en contra, ha hecho una campaña sencillamente increíble. Desafortunadamente, al tener todo en contra, su gobernabilidad será muy difícil y sufrirá el país.

Obviamente, el voto por Duque o Vargas Lleras nunca se me pasó por la mente, ellos representan las viejas élites que nos han gobernado y que han saqueado este país. Por ejemplo, a Duque lo apoya la estructura de Kiko Gómez, un asesino que se hiz